Central
Domingo 05 de Febrero de 2017

Partidas que resienten estructuras y ambiciones en el armado del equipo canalla

En un año y medio, Central se desprendió de tres jugadores de inferiores destacados como Cervi, Lo Celso y Montoya.

Los grandes equipos no se generan de la noche a la mañana. En cuestión de meses es imposible conformar un plantel competitivo cuando de manera permanente hay que remendar huecos que dejan las partidas de buenos futbolistas. Tantas veces se habló y se seguirá hablando, de que el ideal está en aguantar a quienes marcan la diferencia, pero de la misma forma aparece sobre la mesa, cuando se produce una venta, la necesidad económica de la que son víctimas los clubes y que los obliga a desprenderse de determinados talentos. Rosario Central está inmerso también en esa encrucijada. No escapa a las generales de la ley, más allá de ciertos postulados teóricos que llegado el caso no se cumplen, o se cumplen a medias cuando se choca de frente con la realidad. El recuerdo más fresco está en la partida de Walter Montoya, un jugador que se transformó en el actor principal de este mercado de pases por el requerimiento de muchos clubes, tanto de Argentina como del exterior. Y se suma a lo que hace muy poco tiempo había ocurrido ya con otros dos talentos que partieron con una cierta escasa participación en el primer equipo canalla, como fueron los casos de Franco Cervi y Giovani Lo Celso. Por eso el interrogante sobre cuánto tiempo pasará para que vuelvan a aparecer una tanda de futbolistas de esa estirpe para volver a gozar de un potencial que hasta hace meses existió y que hoy no es tal.

   Lo primero que hay que destacar, en este sentido, es que no sólo hay que luchar con requerimientos de otros clubes, que muchas veces suelen tornarse irresistibles, sino con la decisión de los propios jugadores, a quienes cuando se les pone en la cabeza que quieren un cambio de aire resulta complejo cualquier tratativa que implique retenerlos.

   Y aquí la cuestión no pasa por encontrar una sentencia sobre si las ventas fueron fructíferas o no desde lo económico, si le dieron a la institución un terrible empellón a la tesorería o si lo recaudado estuvo por debajo de lo que verdaderamente debía ser. Lo que se pone sobre el tapete es una situación tan real como palpable: aquel mediocampo que seguramente integrarían Montoya, Cervi y Lo Celso hoy es inviable porque ya no están. Por eso el remiendo, que debió ser paulatino y al que debió hacerle frente en su momento Eduardo Coudet, y el que debe afrontar en este caso Paolo Montero.

   Se podría hablar de las partidas de otros jugadores también, como los casos de Nery Domínguez, Alejandro Donatti y Marcelo Larrondo (ver aparte), pero los casos de Cervi, Lo Celso y Montoya son los más emblemáticos.

   Hay que bucear demasiado en la historia canalla para encontrar un cuadro de situación similar a éste, con la aparición de varios jugadores de jerarquía al mismo tiempo. Es que suelen ser procesos que no abundan. Se recuerdan, por ejemplo, las partidas de César Delgado y Luciano Figueroa (a Cruz Azul y de México y Birmingham de Inglaterra, respectivamente) después de una destacadísima actuación en el equipo del por entonces técnico canalla Miguel Angel Russo. Se trató también de un accionar que ofició de desarme. Muchos más acá en el tiempo sucedió lo de Marco Ruben, Cristian Villagra y Juan Marcelo Ojeda (los tres a River), aunque esas partidas tuvieron ribetes no tan rutilantes.

   Cuando Cervi apareció cautivó a propios y extraños. Irrumpió con todo en el fútbol grande de la Argentina de la mano de Coudet (Russo lo había hecho debutar apenas unos meses antes) y en cuestión de días todos comenzaron a mirarlo con otros ojos. Y a los pocos meses ya aparecían los rumores del interés de otros clubes, hasta que llegó el ofrecimiento de Benfica. Y la cosa no dio para más. Con apenas un puñado de partidos el hábil volante zurdo ya tenía destino europeo, sin que los hinchas canallas pudieran disfrutarlo un tiempo más, amén de esos seis meses que el club lusitano decidió dejarlo en Arroyito. Fueron tan sólo 56 partidos (48 como titular y 8 ingresando desde el banco) luciendo la casaca auriazul.

   Qué decir de Lo Celso, quien desde chico fue apuntado por todos los entrenadores por los que pasó. Galloni lo había llevado al banco en el último partido de 2014, pero al igual que Cervi explotó de la mano del Chacho. Pero su mejor versión seguramente la mostrará en el Viejo Continente.

   Este fue uno de los típicos casos en lo que se presenta el escenario de sentir que es imposible negarse a desprenderse del jugador, sin siquiera tener en cuenta la palabra del propio futbolista. Es que Paris Saint-Germain hizo una oferta más que tentadora (no es la intención hablar de cifras) y de allí a la partida hubo un abrir y cerrar de ojos. Para fortuna de Central, Gio también se quedó seis meses más en Rosario. En caso contrario, la cantidad de partidos en el club de sus amores hubiese estado muy por debajo de los escasos 54 (33 como titular y 21 ingresando) partidos en su historial con los que partió. Con apenas 20 años fue otro de los que dejó Arroyito.

   Y ahora lo de Montoya, que tiene algunas particularidades que lo separan un poco de los dos casos anteriormente mencionados. Es que aquí fue el propio jugador quien dijo públicamente que sentía necesidad de "cambiar de aire". Lo hizo seguramente sabiendo que había una especie de acuerdo tácito sobre una venta después de la decisión de quedarse hace seis meses, cuando también varios clubes, especialmente River, habían venido a buscarlo. Contractualmente, tenía dos años por delante para marchar junto a Central. También fue el caso del debut con Russo (en la Copa Sudamericana de 2014) y la explosión con Coudet.

   No es determinante y mucho menos parte del eje del análisis quién es el técnico que los puso en primera o el que logró sacar lo mejor de cada uno de ellos. No obstante, vale la mención que Coudet fue quien estuvo a cargo del equipo en el momento en que se transformaron en futbolistas de un cierto nivel. Quizá porque estaban en el momento justo para darles pista y hacerlos explotar, pero es uno de los ítems que potencian los méritos del Chacho en su paso como técnico por Central.

   Lo que sí, los tres tienen un punto en común: se fueron jóvenes y en medio de requerimientos de varios clubes. Y así, cuando Chucky partió a Portugal hubo que conseguirle un reemplazante, algo que no fue sencillo. Y ahora sucederá lo mismo. Lo Celso y Montoya dejarán dos huecos enormes, que no cualquier futbolista podrá llenar de manera sencilla, aún con mucho empeño.

   Y todo esto atentó con la consolidación de un equipo de mayor jerarquía al que hubo durante estos últimos dos años, que atentarán indefectiblemente con el anhelo de la actual conducción del club, que es lograr un título, algo que no se logró pese a pelear todos los torneos jugados y de haber llegado a tres finales de la Copa Argentina.

   Por eso el rearmado permanente y el tener que apelar al ingenio (léase potenciar nuevos juveniles o ir en la búsqueda de refuerzos de jerarquía) para que el potencial no decaiga. Es difícil pensar en que hubiera sido posible retenerlos hasta lograr el cometido de dar una vuelta olímpica, sabiendo además que para lograr eso son necesarios otros futbolistas de elite a los que es necesario mantenerlos con contratos importantes, pero en poco más de un año y medio Central se desprendió de un mediocampo que podría ser de lujo. Hoy sería más sencillo pelear por cosas importantes con los tres, o con dos de ellos, o al menos con uno. Más complejo es con ninguno de ellos.

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