Ovación
Viernes 28 de Abril de 2017

Para la violencia, sólo el control

Messi va hacia la pelota. La pelota va hacia Messi. La empalma, la envuelve, la llena con el pie zurdo y la hace viajar hasta la red. Se está por cumplir el segundo minuto de adicional, se transformará en el grito que desequilibre el superclásico de España a favor de su equipo y en el estadio del otro. Es sin dudas uno de esos goles que conmociona, que exacerbará la pasión, por la positiva y por la negativa, caldeará los ánimos, por el pico de euforia o el depresivo que generará. En algunos lados, este último efecto quizás se pueda traducir en violencia. Incomprobable en Argentina, porque la decisión de que no haya público visitante lavó las manos de muchos responsables, pero fácil de imaginar si las tribunas fueran otras que las del Santiago Bernabeu y si las hinchadas estuvieran mezcladas como allí sí ocurre.

Tampoco Europa es una panacea. Hechos de violencia y racismo en sus canchas o fuera de ellas no son excepcionales, los ultras sinónimos de barras existen, pero sí parece haber más espacio para la convivencia y la tolerancia del otro. En Argentina parece que ya hay una decisión tomada de no ir por ese camino, de no incentivar esos comportamientos y la determinación de no hacer regresar a los hinchas visitantes, salvo contadas excepciones, marcan claramente ese rumbo.

Pero además, como la violencia no es sólo entre hinchas de clubes distintos sino en la disputa interna por el poder de la barra, la medida no bastó y ahora se retomó la iniciativa del gobierno anterior de ejercer controles sobre todo aquel que vaya a la cancha, como era AFA Plus, sólo que esta vez a través de un escaneo de DNI face to face de policía a hincha, que a todas luces parece insuficiente, pero quizás se piense que puede llegar a amedrentar a aquel que tenga cuentas pendientes.

Pero en esta sociedad lo que ocurre en el fútbol metió tanto miedo a encarar proyectos donde se respete al otro, que por efecto contagio otros deportes y en otras divisionales han preferido cerrar las puertas, excluir y evitar todo tipo de contactos. Se parte de la premisa de que el embrión del mal está tan poderosamente instalado en cada individuo que cualquier roce puede hacerlo nacer. Y pasa, en esta ciudad sin ir más lejos, que clásicos de básquet, fútbol de salón o hasta de chicas de 12 años de hockey se jueguen a puertas cerradas, inclusive sin los padres.

En todo caso, todo mecanismo de control que se ejerza, toda decisión extrema que se tome como las descriptas, deben entenderse como temporarias, pero llevan demasiado tiempo y se han profundizado tanto que es difícil creer que dejen espacio a recrear nuevamente espacios comunes y de inclusión, que impongan hábitos culturales que sean los verdaderos garantes de soluciones reales a corto o mediano plazo. Sólo de esa forma algún día pueda recrearse aquí también el marco que rodeó al gol de Messi.

Comentarios