Ovación
Miércoles 27 de Septiembre de 2017

Paolo Montero, mejor con la herencia recibida que con lo propio

Hasta aquí, el uruguayo sacó más provecho del equipo que tomó a principios de año que el que formó para este semestre. Y quedó urgido.

Hasta aquí, el uruguayo sacó más provecho del equipo que tomó a principios de año que el que formó para este semestre. Y quedó urgido

Las valoraciones y posibles decisiones sobre su futuro las expuso el propio Paolo Montero y contra eso hay poco que objetar o comentar. Sí hay un minucioso recorrido que se puede hacer para determinar algunas cosas que pasaron en el medio para llegar a este estado. Hay una conclusión inequívoca: al uruguayo le resultó mucho más difícil darle forma a un equipo que él mismo armó que a otro del que tomó las riendas en medio de la competencia.

Este escenario es cuanto menos paradójico, más allá de que suele ser común que un equipo termine muy bien una temporada y en el arranque siguiente le cueste dar pie con bola. Y como el fútbol suele ser presente, esta pata flaca del equipo se impone en la pulseada contra la remontada en la primera mitad del año.

Si se observara todo desde el pedestal de los números no habría críticas despiadadas. Porque desde el inicio del semestre, Central disputó cinco partidos (cuatro por la Superliga y uno por Copa Argentina), de los cuales perdió sólo uno, contra Banfield. El gran inconveniente de este presente es otro y tiene que ver con la forma en la que se dieron esos tres empates, esa victoria y esa derrota. En todos esos partidos el juego fue la vedete. En realidad lo que hubo fue flaqueza futbolística, sin la chance de que el equipo pudiera sacar a relucir todos aquellos conceptos que venían de arrastre desde principio de año y que intentaron ser fortalecidos durante la pretemporada. A las pruebas hay que remitirse: después de la igualdad contra San Lorenzo, Montero sintió la obligación de realizar un retoque desde lo táctico que, a la vista de los resultados, también fue infructuoso.

Pero como en cada valoración, los atenuantes y agravantes juegan. Lo que fortalece la sensación de que el equipo involucionó es que Montero fue quien analizó los nombres y quien apuntó a los jugadores que la dirigencia tuvo que salir a buscar como refuerzos.

Esto es, el DT uruguayo ideó un plan del que hoy el equipo da muy pocas señales de poder cumplir. Porque este es el equipo que cuenta con la hechura del propio Montero. Aquí no hay una situación de acomodamiento y necesidad de amoldarse a "lo que había".

Por las dudas se aclara que esta pendiente que Central empezó a transitar no es de ahora, sino que es una prolongación del último tramo del torneo pasado, cuando después de aquella resonante victoria contra Racing (posclásico) llegaron esa catarata de empates (siete) y un par de derrotas (las dos ante Banfield). El partido que rompe con este esquema es el de Copa Argentina ante Deportivo Riestra, un rival claramente inferior, más allá de que eso no implique una quita de méritos.

Cuánto más sencillo le resultó a Montero apenas llegó. Es cierto, hace nueve meses Central contaba con algunos jugadores importantes que hoy ya no están (léase Pinola, Musto y Teo Gutiérrez), pero ese equipo también venía de capa caída en el torneo, quizá porque las fichas estuvieron siempre puestas en la Copa Argentina, en la que se llegó a la final contra River.

Lo cierto es que en ese tiempo, Paolo tuvo que trabajar demasiado para que el equipo despegara de ese 23º puesto en el que lo había dejado el Chacho Coudet. Y lo logró con creces después de aquella derrota en su debut contra Godoy Cruz, ya que la recuperación fue inmediata (19 de 21 puntos).

Pero, otra vez, los números no eran todo. Lo más importante en ese momento era la forma en la que Central manejaba, dominaba y cerraba los partidos. Y el fuerte de Montero fue amoldarse al plantel que había y al que rápidamente pudo meterle el chip de lo que pretendía.

Hoy eso no ocurre y las complicaciones son mayores. Cabe la posibilidad de mencionar que los refuerzos que llegaron no tienen la jerarquía de algunos futbolistas que se fueron, pero todos aquellos que vinieron lo hicieron con el aval de un Montero que hasta aquí no logró que las partes formen un todo convincente.

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