Ovación
Sábado 25 de Marzo de 2017

Newell's se fue con bronca porque terminó mejor y no logró ganar el partido

Casi lo gana Amoroso, pero el empate 1 a 1 no estuvo mal

Minuto 38 del segundo tiempo. Scocco la recibe por izquierda, gira, engancha hacia adentro sin que Masuero pueda resolver ese movimiento. El pase milimétrico cae en los pies de Víctor Figueroa, que ingresa decidido al área. Podía definirlo él y lo intenta. Amaga y descoloca a defensores y al arquero que se apresta al fusilamiento. La toca para Amoroso y solo resta conocer para donde correrá a festejar el gol de Newell's, el de un triunfo de oro en Paraná. Pero no. Define sin convicción. A Bertoli no le pesan los 40 años, estira sus piernas y la saca. El lamento leproso no tiene fin. Era la victoria que obraba entonces como decantación. Era dejar definitivamente atrás esa pobre imagen de la mitad del primer tiempo. Era la punta. Fue 1 a 1 con Patronato. No se puede hablar de injusticia, al cabo.

Quizás esa definición fue injusta con Amoroso, que había sido incisivo en los primeros 15' de partido y vital luego del empate. Y también en él, cuando recogió el quite de Elías, habilitó bárbaro a Scocco y Andrade hizo el resto. Pero sobre todo luego del 1 a 1. Ahí hizo lo que quiso con la marca, penetró el área varias veces, fue un dolor de cabeza para la defensa a esa altura estática del Patrón que no era tal, pero le faltó lo que es condición sine qua non para todo delantero (porque jugó de eso) que se precie de tal: definición. Como la que tuvo Telechea al final del primer tiempo, para poner la testa al centro de Arce y establecer el 1 a 0 que entonces estaba bien para Patronato.

Y es que en esa falta de definición en la jugada del partido de Amoroso, está una razón principal de una victoria que no fue. Pero no la única. Cuando Newell's perdió el timón, sobre todo desde la lesión de Quignon, apareció como un equipo común, desbordado por momentos cuando al grandote Quiroga le tiraban el pelotazo, pero también cuando lo encaraban por derecha, o cuando el 9 pivoteaba a sus costados con criterio. También cuando el equipo de Osella se paró decididamente con un doble 5 defensivo, cuando puso a Sills, y se quedó sin punch ni recorrido adelante, donde más luce este escolta de campeonato.

Cuando San Román debió empezar a cuidar más su territorio que a trepar con decisión. Cuando Maxi Rodríguez no la controlaba y encima la entregaba mal, cuando el esfuerzo de Scocco se quedó sin interlocutores porque a esa altura Mansilla ya se había borrado, Newell's expuso su lado vulnerable y Sebastián Domínguez, por ejemplo, quedó más que a la intemperie mientras Moiraghi hacía lo que podía para disimular esa prepotencia con que el rival lo empujaba a un, esta vez, inseguro Pocrnjic.

Pero así como lo empezó perdiendo, bastó que volviera a creer en sí mismo para que ese pasaje se archivara como por arte de magia y reapareciera, con más claridad e ímpetu que al principio, ese Newell's que por momentos da gusto ver. Primero empató, después empujó, copó e impresionó como que el segundo estaba al caer como fruta madura. No fue. Por Amoroso, pero también en cabezazos sin precisión de Paz y jugadas de muy buen vuelo futbolístico pero de aterrizaje forzoso.

Le quedó un gusto amargo, seguro. Cuando pase la zaranda, rescatará sobre todo los muchos minutos en que se hizo cargo de la situación que supo conseguir en la tabla. Los empates también cosechan si sabe quedarse con lo mejor de lo que sembró en Paraná para aplicarlo en la próxima. Es el desafío que vendrá.

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