Rafael Nadal
Viernes 27 de Enero de 2017

Nadal triunfó tras una batalla de cinco horas y se viene la final más esperada con Federer

El gran clásico del tenis se repetirá el próximo domingo en el Abierto de Australia.

Rafael Nadal y Roger Federer revivirán el domingo en la final del Abierto de Australia el gran clásico del tenis después de que el español ganara hoy al búlgaro Grigor Dimitrov una auténtica batalla por 6-3, 5-7, 7-6 (7-5), 6-7 (4-7) y 6-4 después de cuatro horas y 56 minutos.
Con el enésimo triunfo con sabor a épica de su carrera, Nadal regresó a sus 30 años a una final de Grand Slam desde Roland Garros 2014, cuando ganó sobre la arcilla parisina el último de sus 14 grandes.
El español tumbó a Dimitrov y a su excelso revés a una mano en una semifinal agónica que fue una demostración de fe y de confianza. Ya no hay dudas, el Nadal de la ansiedad ya está enterrado. Hoy volvió a rugir como en esas grandes victorias que le convirtieron en leyenda.
Campeón en Australia en 2009, el español quedó a una victoria de convertirse en el primer tenista de la historia de la Era Abierta en ganar dos veces cada Grand Slam. En su palmarés lucen nueve Roland Garros, dos Wimbledon, dos US Open y un Abierto de Australia.
El domingo, en su final de Grand Slam número 21, tendrá la oportunidad de conquistar su décimo quinta corona, desempatar con Pete Sampras y acortar la distancia con las 17 de Federer. El suizo ya esperaba en la final tras su victoria del jueves sobre Stan Wawrinka.
Protagonistas de una de las mayores rivalidades de la historia del tenis y del deporte, Federer y Nadal ya jugaron ocho partidos por la copa de un Grand Slam. El balance es de 6-2 para el español, que únicamente perdió con Federer en dos finales sobre la hierba de Wimbledon.
La última vez que los ex números uno se enfrentaron en un duelo por el título de un grande fue en Roland Garros 2011, hace ya casi seis años. El último cara a cara data sin embargo de noviembre de 2015 en la final de Basilea.
Melbourne Park llevaba ya varios días suspirando por un reencuentro de Nadal y Federer en la gran final. Sin embargo, hace apenas unas semanas parecía una utopía su enfrentamiento número 35 después de que tuvieran que poner a fin a la temporada 2016 de forma anticipada por sendas lesiones.
El español y el suizo, que durante su ausencia cayeron en el ranking hasta los puestos nueve y 17, respectivamente, ya jugaron por el título en Australia una vez, en 2009, cuando Nadal se impuso en cinco sets y su rival acabó llorando en la ceremonia de premiación.
En aquella ocasión, Nadal había ganado en semifinales una batalla ante Fernando Verdasco de más de cinco horas. Hoy tuvo un desafío similar ante Dimitrov.
Al búlgaro, que a sus 25 años podría regresar el lunes al "top ten", le gusta el tenis de ataque, sin concesiones. Apodado "Baby Federer" desde que irrumpió en el circuito, Dimitrov llegó al duelo con Nadal en plena racha. Diez victorias en los últimos partidos y título en Brisbane hace dos semanas hablaban de un tenista con la confianza por las nubes. Mucha culpa de ello tiene su entrenador desde agosto, el venezolano Daniel Vallverdú.
Sin embargo, el Nadal que tenía enfrente también desborda seguridad y fe en sí mismo. Hoy lo demostró cuando la derecha, su mejor golpe, no le hacía ganar puntos. El "drive" no funcionada, pero la cabeza le iba a las mil maravillas.
Nadal, que ascenderá al número cuatro del ranking si gana el domingo, salvó dos pelotas de break en el primer juego y después aceleró para romper a su rival en el cuarto game y apuntarse el primer set en apenas 35 minutos. Parecía que tenía prisa el número nueve del mundo.
Fue también en el cuarto juego -pero del segundo set- cuando llegó el primer quiebre de Dimitrov. Fue el comienzo de una sucesión de breaks que acabó con el búlgaro gritando un "¡Come on!" ensordecedor para celebrar el segundo parcial. Le había costado lo suyo, y es que Nadal, con 5-4 en contra, había salvado cuatro pelotas de set con su saque.
Pocos minutos antes, el español había dejado escapar un juego que tenía prácticamente en el bolsillo. Sacaba con 4-3 abajo en el marcador y ganaba 40-15. Cometió tres errores no forzados con la derecha y una doble falta.
El "drive", su mejor golpe, no le estaba funcionando. Y cuando eso ocurre, el tenis de Nadal se resiente mucho. Al final del segundo set la estadística es demoledora: apenas había conectado cinco winners con la derecha y acumulaba ya ocho errores no forzados.
Tras intercambiarse dos breaks en los primeros juegos, el tercer set se decidió en el desempate. Se lo llevó Nadal, aunque con apuros: con 5-4 y dos saques dejó una derecha fácil en la red. Dimitrov le devolvió el favor de inmediato.
Parecía ya muy difícil que se le escapase el partido a Nadal, que a lo largo de su carrera sólo había perdido tres de las 23 semifinales de Grand Slam que había jugado.
Pero Dimitrov, alentado por un puñado de incansables y ruidosos hinchas, insistía una y otra vez con sus pelotas a la línea. Quería más batalla, quería llegar a su primera final de Grand Slam.
Y tras un cuarto set en el que ninguno cedía ni un milímetro con el saque, Dimitrov forzó el decisivo quinto al llevarse el tie break.
El búlgaro parecía llegar más entero tras encontrar su mejor tenis en el cuarto parcial, pero no tener nervios en el quinto set de una semifinal de Grand Slam ante Nadal quizás sea imposible. Así, Nadal tuvo tres oportunidades de break en el primer game. No aprovechó ninguna, como tampoco otro con 2-2.
Dimitrov tuvo su oportunidad en el octavo juego. Con 4-3 arriba dispuso de dos pelotas de rotura, prácticamente dos match points. Ahí rugió Nadal para salvar la situación. "Rafa, eres dios", gritaban desde la grada.
No era dios, pero estaba iluminado en ese momento y rompió en el noveno game. Le quedaba ganar su saque para volver a la final de un grande. Lo hizo y convirtió en realidad el sueño de muchos, ver a Federer y a Nadal de nuevo en la final de un Grand Slam.

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