Newell's
Martes 05 de Septiembre de 2017

Movidos por la fe leprosa, el público rojinegro acompaño a su equipo

El hincha rojinegro dijo presente en Santa Fe con devoción casi religiosa, pero se fue masticando bronca por la dura eliminación.

Si la fe mueve montañas, el hincha se mueve por su equipo. La movilización del simpatizante rojinegro hacia Santa Fe tiene su razón de ser en la particular cultura futbolera y el sentido de pertenencia con una camiseta. Se le agrega desde hace tiempo que es poco común que se les de vía libre para seguir al equipo en otras tribunas que no sean las del propio Coloso. Anoche, cada uno de los que se ubicó en un rincón del estadio 15 de Abril de Unión sentía que tenía que estar en ese lugar. La pasión sigue intacta pese a la dolorosa derrota que se dio en la última jugada contra Godoy Cruz.

Por el día y la hora del partido, la mayoría arribó pocas horas antes de que la pelota comience a rodar. El que dispuso de mayor tiempo aprovechó para ir antes, detenerse junto al costado de la autopista Rosario-Santa Fe y disfrutar del aire libre y el día soleado. Varios se detuvieron próximos al río Salado, antes de cruzar el puente.

Un grupo hizo un asado, sin importar que el reloj marcara las 16.30 y que era un horario más propicio para una mateada, tal cual ocurrió con otros ubicados a pocos metros de distancia.

A una hora del encuentro, fue nutrido el número de hinchas que transitaron por Pellegrini, una de las arterias adyacentes al estadio. Los bares ubicados en ese bulevar, cercanos a la cancha, se llenaron de comensales que se identificaban a la vista. Estaban ataviados con algún atuendo rojinegro y cada tanto agitaban los brazos y entonaban cánticos alusivos a la Lepra, como si ya estuviesen ubicados en la popular. A las 20.25 salió el plantel al campo de juego para los ejercicios precompetitivos y entre el griterío de la hinchada que ya estaba en el estadio hubo uno que se enfocó en un jugador en particular, Brian Sarmiento.

El público rojinegro lo tiene de referente y él le retribuyó el recibimiento saliendo disparado hacia donde estaba la gente con los brazos en alto.

Ajenos a ese afecto mutuo, el puñado de fanáticos de Godoy Cruz miraba en silencio y a la distancia, sobre un codo de la tribuna tatengue que da a uno de los arcos. "Hay que alentar al rojinegro...", comenzó a escucharse con intensidad unos minutos antes de que el juez Luis Alvarez pite el inicio. Fue la primera canción y luego hubo una tras otra. El entusiasmo fue creciendo.

Ni el flojo debut en la Superliga ni lo que ocurre afuera de la cancha, con controversias varias y cartas documento de por medio, se interpusieron a la fe de peregrinar a Santa Fe, para "alentar al rojinegro", como bien entonaban sus hinchas. Ni tampoco una caída sobre el cierre del encuentro. Porque la fe lo puede todo.

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