Ovación
Miércoles 19 de Abril de 2017

Montero no vendió humo

Qué saludable que es para el fútbol rosarino que venga un técnico que no tiene ninguna ligazón con la ciudad y no venda humo con su discurso. Porque si algo hay que reconocerle hasta el momento a Paolo Montero es que no le mintió al hincha de Central. Y eso que podría haber caído en el populismo de ocasión y decir lo que a la gente siempre le gusta escuchar. Mucho más él que es un cuerpo extraño en el planeta canalla.

Qué saludable que es para el fútbol rosarino que venga un técnico que no tiene ninguna ligazón con la ciudad y no venda humo con su discurso. Porque si algo hay que reconocerle hasta el momento a Paolo Montero es que no le mintió al hincha de Central. Y eso que podría haber caído en el populismo de ocasión y decir lo que a la gente siempre le gusta escuchar. Mucho más él que es un cuerpo extraño en el planeta canalla.

Pero Montero eligió el camino de la verdad. Le cantó la posta a ese simpatizante que aún lo mira sesgadamente y con cierta reserva. No le tuvo miedo al qué dirán y mucho menos a la odiosa comparación que siempre lo perseguirá por el simple hecho de ser el sucesor del Chacho Coudet. Por ejemplo, antes de debutar oficialmente con el buzo de técnico de Central le dijo a Ovación lo siguiente: "Me gusta que los defensores sepan defender en la mitad de la cancha y que mi equipo asuma el protagonismo siempre". Y por lo que se observó en los seis partidos que lleva al frente del equipo, efectivamente la defensa de Central funciona achicando para adelante y con una inclaudicable intención a progresar en campo contrario. Eso sí, esa dedicación que muestran los defensores aún no está exenta de algunos desperfectos de sincronización.

Cuando Montero declaró eso pocos le creyeron. Incluso, se podía contar con los dedos de una mano los que confiaban en el mensaje de Paolo. No sólo supo sosegar esas almas canallas que latían al ritmo de taquicardia tras la ida de Coudet, sino que con él en el banco Central ganó los partidos que tenía que ganar contra rivales que se sabían inferiores.

En ese sentido, Montero no se colgó ninguna medalla que lo condujera al reconocimiento. Aunque despacito fue corriendo el telón de las dudas y le metió su impronta sanguínea a este Central.

Es que a trazo grueso, el equipo de Montero no entrega demasiados síntomas de comulgar con la misma vivacidad con la que se movía el Central de Coudet. Juega a protagonizar, pero sin activar mecanismos de despotismo futbolístico. Tampoco le gusta dinamitar el terreno contrario a través de la presión. Se inclina más por el golpe por golpe, como quedó brutamente evidenciado en el empate contra Sarmiento en Junín. Hasta en eso fue transparente Paolo. Bienvenidos técnicos como él al fútbol rosarino.

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