Ovación
Martes 30 de Mayo de 2017

Montero, el equilibrista

El DT edifica en Central una realidad futbolística a partir del equilibrio que le faltó a Coudet

Las frases hechas en el fútbol maquillan situaciones, sirven de excusa, son atajos para salir de cierta encrucijada y muchas veces para exhibir falsa o auténtica modestia. Y en ese devenir de la retórica se ha escuchado hasta el hartazgo hablar de los porcentuales que tiene un entrenador en los méritos y negligencias de un equipo a la hora del resultado final. Pero ya no hay dudas de que en el plano futbolístico de alta competencia los técnicos gravitan. Desde la logística táctica para capitalizar las virtudes técnicas individuales en función colectiva, como así para disimular las carencias en una articulación más conveniente. Y en simultáneo la planificación estratégica acorde al adversario de turno, la que una vez en marcha demandará de la capacidad y el criterio para corregir con variantes los habituales contratiempos que la confrontación genere.

Por todo ello el director técnico juega un rol clave. A sabiendas de que definen los jugadores, pero siempre en función de una partitura elaborada, ensayada y ejecutada, con el lógico margen de error.

En este contexto descriptivo, emerge con singular preponderancia el trabajo que está desarrollando Paolo Montero y sus colaboradores en Rosario Central. Porque el conductor canalla configura, sustentado en su pragmatismo, un equipo confiable, con la impronta ofensiva que le había dado Eduardo Coudet, pero con el equilibrio indispensable que el Chacho no pudo otorgarle.

Y aquí sí cabe sustentar el análisis en que se juega como se vive y, transfiriendo la frase, bien puede afirmarse que los entrenadores dirigen como viven.

Sin dudas que esto no persigue quitarle méritos al trabajo desarrollado por Coudet en Central, sino trata de poner en valor también el que está desarrollando Montero desde su llegada.

En ese equilibrio que exhibe es en el que el uruguayo ancló los cimientos de este equipo auriazul, compensado en todas las líneas pese a los vaivenes que las ausencias impusieron en las formaciones.

El esquema de contención y defensivo que hilvana desde el origen de cada encuentro muestra un conjunto compensado, con volantes y defensores sincronizados en la cobertura de los espacios, como así con la circulación del balón para romper la presión rival en cada salida. Y ante una emergencia no dudar en despejar sin prejuicios estéticos.

Esta coordinación defensiva, que por no disponerla el año pasado Central pagó un alto costo en la búsqueda del logro final, le permite a Montero cimentar la edificación hacia arriba, donde se las ingenia para suplir aquella usina futbolística que supo tener el equipo con Cervi primero y Lo Celso después y potenciada con la intensidad de Montoya.

Y para ello revitaliza a Camacho y Colman, los junta con Carrizo y trata de darles un salto de calidad con las pinceladas de un Teo Gutiérrez inconstante.

Sí. Montero lo armó. Y tan bien que hasta fue al rincón de los olvidados y puso en funciones a su coterráneo Hernán Menosse, quien cumplió con solvencia en los dos últimos partidos de complicada resolución.

Y algo similar hace también con Esteban Burgos, al que ante River lo ubicó como lateral por derecha y, salvo un intento fallido de cambio de frente, respondió con certeza.

En paralelo el cuerpo técnico centralista no descuida lo producido por la cantera y en consecuencia les fue dando minutos a varios juveniles, facilitando la continuidad del proceso de capitalización necesario en todo club.

Central avanza de la mano de Montero. Desde lo numérico, que es lo que más asoma en la superficie, su cosecha alcanza el 73 por ciento de productividad, ya que desde su asunción ganó 8, empató 2 y perdió 2. Pero desde el rendimiento futbolístico el rédito es mayor, ya que ensambló a las distintas partes en pos de una clasificación copera que a inicio del año era una quimera.

Pero más allá de las cuatro fechas pendientes, lo trascendente es que Paolo Montero supo elaborar el equilibrio que Central no tenía y tanto necesitaba. Por lo que a partir de esta base de sustentación el futuro bien puede proyectarse hacia esa estación tantas veces postergada y soñada por su gente. Para eso al técnico ahora sólo le falta completar la obra que tan bien comenzó.

Un DT que enseña cuando habla

La experiencia de Montero es un valor agregado para el plantel canalla. Y actúa en función de lo que dice. "En la Juve aprendí que el suplente es sagrado. Vos jugás y estás motivado, estás contento, bueno, entonces no podés fallar en nada y debés motivar al que viene atrás: «Dale, boludo, dale, que me tenés que sacar el puesto». Y ahí se ve el grupo", reflexiona.

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