Ovación
Miércoles 08 de Febrero de 2017

Míster Pochettino

El DT de Murphy crece cada día más en la competitiva Premier League y mantiene segundo a Tottenham Hotspur por encima de los poderosos Manchester City, Arsenal, Liverpool y Manchester United.

Saldaña, Gamboa, Pochettino y Berizzo integraron una de las mejores defensas de los tiempos modernos. Quizás, una de las dos o tres mejores de Newell's en todos los tiempos. Salvo Larry, todos son entrenadores aunque con distinto suceso. Paradójicamente, el único de los tres que pudo cumplir con el sueño de dirigir al club del Parque, Gamboa, nunca terminó de despegar más allá de que se haya insinuado porque así lo sugirieron siempre su personalidad y estilo ganadores. Pero los otros dos sorprenden al fútbol europeo en mayor y menor medida con su capacidad para trascender en las ligas inglesa y española.

Pochettino mantiene en el segundo lugar de la Premier League a Tottenham Hotspur a unos cuantos puntos del líder Chelsea, pero por encima de los poderosos Manchester City, Arsenal, Liverpool y Manchester United.

Berizzo posicionó a Celta de Vigo como casi nunca antes al punto de eliminar a Real Madrid de la Copa del Rey, ganándole en Madrid y empatando en Galicia. En la liga está décimo, pero disfruta de ser protagonista de una de las semifinales de la Copa del Rey (ver aparte).

Aunque el recorrido de Mauricio es sustancialmente más notorio, ambos fueron mencionados como candidatos a entrenadores de la selección argentina tras la renuncia de Gerardo Martino.

"Me siento orgulloso porque mi nombre se mencione para ser el técnico de Argentina, pero estoy muy feliz aquí. En este momento no tengo chances de irme", dijo Poche desde Londres casi sin inmutarse a mitad de año cuando la AFA hervía.

"No lo contemplo. Soy entrenador de Celta y así seguiré. Los tiempos ahora no coinciden y prefiero ser coherente conmigo mismo antes que dar un salto en el que no creo. Claro que me gustaría. Dirigir a la selección argentina es el anhelo de cualquier entrenador. No lo digo sólo como argentino, sino también como técnico, porque estamos hablando de una de los equipos más prestigiosos", contestó Toto con algo más de sentimiento un par de días después.

En el futuro cercano ninguno de los dos tiene pensado dar semejante paso. Prefieren pisar sobre tierra firme y fortalecerse en sus clubes.

Mauricio cumplirá 45 años el 2 de marzo y Toto, 48 en noviembre. Están consolidados en sus clubes y no los encandilan las luces del centro.

"Me gusta mi trabajo, me apasiona, y sé que conlleva una responsabilidad en la trasmisión de mensajes. Soy una persona pública y la gente demanda cosas de mí, lo sé. Pero me siento cómodo dando lo mínimo, que es lo que naturalmente siento que debo dar. Yo sé que puedo venderme mejor, ir a miles de lugares, abrir un Twitter, subir las fotitos y decir: «Estoy acá o estoy allá». Pero me parece algo muy frívolo y superficial; ahora, respeto que otro lo haga. Si se siente cómodo, muy bien. No necesito que la gente me muestre cariño para sentirme bien. Con el reconocimiento de mis seres queridos, mis amigos y mi familia ya me basta. No busco el reconocimiento popular: hago una cosita, la cuelgo, miro los comentarios y eso después me motiva, me infla. No necesito miles de seguidores en Twitter para ser feliz. No, no necesito ese alimento. Prefiero el reconocimiento profesional antes que el populismo y ser el simpático que vende algo. Yo le tengo muchísimo respeto a esta profesión, que es mi pasión. El fútbol es emoción. Y nosotros también lo tenemos que preservar y cuidar, no vale todo. Yo creo que está un poco distorsionado todo a través del business y demás, pero trato de guardar ese respeto por lo que el balón genuinamente te transmite", le dijo Pochettino a La Nación en la capital inglesa no hace mucho. Es casi, o sin el casi, una declaración de principios. Es cierto que se mezclan algunas cuestiones, pero es su forma y sus preceptos. Profesionalismo y popularidad no son opuestos, pueden convivir perfectamente aunque uno de los hijos pródigos de Murphy prefiera no mezclarlos.

Pochettino es genio y figura en Espanyol de Barcelona, donde comenzó su carrera como entrenador, después pasó al humilde Southampton inglés y ahora triunfa en el nada ostentoso Tottenham, ligado emocionalmente con Argentina por aquellas epopeyas de Ricardo Villa y Osvaldo Ardiles tras el Mundial 78.

Mauricio está en la mira de la FA (The Football Association, la Asociación del Fútbol) desde hace rato y los más osados ya lo postulan como candidato a la selección inglesa. ¿Motivos? Entrenó a diez de los últimos 18 debutantes en el seleccionado inglés y ese dato asombra hasta la perplejidad a los popes del fútbol de aquel país.

"Este es el Espanyol que queremos todos, yo el primero. Los jugadores han vuelto a sentirse jugadores y, más allá del resultado, porque en el fútbol se puede ganar, empatar o perder, me quedo con el espíritu que ha demostrado este equipo". Mauricio ya mostró las uñas de guitarrero el primer día que se sentó en un banco de suplentes, allá por enero de 2009. Fue justamente frente al Barcelona de Pep Guardiola y empató 0 a 0. Tomó a los periquitos en zona de descenso y logró mantenerlos en primera división tras lograr 32 puntos en el sprint final de la liga.

Tal es el presente de Poche que se lo mencionó en enero como candidato a reemplazar a Luis Enrique en el Barsa, como si el asturiano, a un paso de ganar la Copa del Rey, ya se hubiera desentendido de la liga y la Champions. No pasaron muchas horas hasta que el ex zaguero central de Newell's desestimó cualquier chance de que ello suceda por su vinculación sentimental con Espanyol, también de Barcelona. Sí, Pochettino le cerró la puerta al poderoso Barcelona antes de que se la abran.

Lo hizo con la misma serenidad con la que en los tiempos de jugador iba a cerrar como zaguero central.

Y no tiene por qué modificarlo. Aquella destreza en su relación con la pelota, casi impensada en un zaguero central de estos tiempos, fue su plataforma de lanzamiento para sentarse en el banco de suplentes cuando comprobó que ya era tiempo de despojarse del futbolista para transformarse en entrenador. Un Míster que amenaza con superar a aquel jugador que Bielsa fue a conocer a su pueblo un día cualquiera a las 2 de la mañana y cuando tenía apenas 13 años.

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