Ovación
Martes 11 de Abril de 2017

Messi y los astros mundiales se destacan en campañas para humanizar el fútbol

Cuando los jugadores por distintas situaciones salen de su rol específico, cumplen una función social más importante.

Es habitual observar que técnicos y jugadores se señalan con el dedo índice una sien para pedir que piensen. Reclamando esa pausa para que la inteligencia optimice el juego. Conscientes de que el fútbol tiende a transitar habitualmente por la autopista del vértigo. Y en el marco de un contexto que a menudo se desmadra porque se contagia de confusión, cuando el fervor se camufla en bronca y el fanatismo en violencia, desplazando al sentimiento genuino que identifica a este deporte en el plano del sentido común.

Por eso esa pausa para la meditación que muchas veces se solicita dentro de la cancha para jugar mejor tiene un saludable correlato afuera cuando los jugadores salen de esa cápsula de aislamiento que les impuso la fama y el dinero para convertirse en seres terrestres. Aquello que alguna vez fueron pero que por diferentes circunstancias muchos de ellos dejaron de ser. Y ese proceso de volver a ser se produce cuando desarrollan acciones que humanizan al fútbol.

Acciones que a los integrantes de un círculo privilegiado de élite los devuelve a la realidad social y los muestra en un rol sin dudas más trascendente que el que cumplen en un campo de juego. Porque conciben que sus funciones en esta vida, y gracias a la ductilidad para patear una pelota o eludir a un rival, pueden ser de una ayuda invalorable que no se mensura con dinero ni placer. Sino con amor y gratitud. Y que cotiza en vida.

Y esta función social que los jugadores pueden cumplir no sólo remite a una ayuda económica institucionalizada mediante una fundación, sino a espontáneas acciones de las más disímiles, como una visita colectiva, la narración de una historia de vida o una acción individual vinculada a un problema familiar. Todo sirve para humanizar al fútbol.

El gesto de Lionel Messi en la celebración de un gol ante Sevilla al deslizar dos dedos debajo de un ojo como pintándose rayas en la cara disparó un sinnúmero de conjeturas, la mayoría buscando decodificar un mensaje para el ambiente del fútbol, pero no, tuvo que ver con una campaña para construir en Barcelona el centro de tratamiento e investigación del cáncer infantil más grande de Europa.

Cristiano Ronaldo persevera siempre en ayudar a aquellas personas que lo necesitan. Su último gesto solidario ha sido con los niños de la organización Terra dos Sonhos, que pugnan por cumplir los sueños de los niños y jóvenes diagnosticados con enfermedades crónicas o en un estado avanzado de la misma. La estrella de Real Madrid acudió al centro portugués para conocer personalmente a todos los niños con enfermedades graves.

Algo similar desarrollaron los jugadores de América de México, entre ellos el argentino Silvio Romero, al fortalecer con su visita y muchos regalos el espíritu de lucha de los niños enfermos de cáncer en el Centro Médico Siglo XXI de la ciudad de México.

Como también el accionar de Didier Drogba en pos de desarrollar un trabajo de concientización para terminar con las luchas tribales en su Costa de Marfil natal, erigiéndose en uno de los máximos referentes sociales de ese país africano.

También la constante preocupación y compromiso de varios jugadores argentinos por colaborar para paliar el sufrimiento de sectores sociales afectados por distintas problemáticas, realizando una tarea constante en silencio, sin la difusión ni el marketing que proveen otras estructuras institucionalizadas.

Pero también hay episodios en la vida de los futbolistas que colaboran para humanizar este fútbol atravesado por la injusta antinomia de exitosos y fracasados que impone la perversión de una competencia sin límites, azuzadas por una parte de la sociedad contaminada por el extremismo de la negación del otro.

Por eso bien vale comprobar cómo se conmovió toda Inglaterra cuando pudo observar el documental de la BBC "Rio Ferdinand: Being Mum and Dad (Rio Ferdinand: ser mamá y papá)", que narra la historia del legendario defensor de Manchester United, quien enviudó en 2015 porque su pareja Rebecca Ellison falleció en 2015 por un cáncer de pecho. Tras una profunda depresión y un duelo en el que coqueteó con el alcoholismo y el suicidio, el jugador salió adelante gracias a sus tres hijos y al apoyo de muchas personas también vinculadas al deporte.

Este documental de reciente exhibición atravesó a toda una sociedad y fue un llamado de atención para aquellos que ven en cada futbolista consagrado a un insensible millonario alienado del resto. Pero no todos están contaminados por la indiferencia del dolor ajeno.

En idéntica situación está el defensor Pablo Alvarez, quien vivió un suplicio cuando jugaba en Central por la enfermedad terminal de su esposa Anabel, y el lateral hoy en Racing fue rodeado por la comprensión y el afecto de muchos de los hinchas de los equipos en los cuales militó que mitigaron en algo el dolor.

Recientemente Marco Ruben constituyó un ejemplo al priorizar la salud de su abuelo, quien debió ser hospitalizado por la crueldad de los delincuentes que lo asaltaron, y regresó al campo de juego el viernes pasado atravesado por la emoción y la angustia, la que reflejó con sus declaraciones luego del partido en el Gigante. La decisión del delantero de elegir cuidar a su abuelo tras el lamentable trance se erigió en una elección de vida y constituyó un hecho ejemplar que ayuda a humanizar el fútbol.

Porque la victoria o la derrota en un partido, por más trascendente que sea, jamás será sinónimo de vida o muerte, aunque una minoría de fundamentalistas convertidos en mutantes del fútbol por su fanatismo lo sientan de esa manera. Pero sienten mal. Y viven mal.

La multiplicación de cada uno de los diferentes ejemplos convergen en la necesidad de comprender como sociedad que hay cosas más importantes que el sentimiento por un equipo y que el fútbol constituye una herramienta fundamental para mejorar la calidad de vida. Y en la medida que se prioricen los valores humanos, el fútbol será como la gente que siente bien y vive mejor. De todos y de cada uno depende la tarea de humanizar al fútbol.

Un baby saludable

Los cambios culturales son fundamentales para corregir los malos hábitos y en función de esto es que en 2012 se puso en marcha un programa municipal junto a la Asociación Rosarina de Fútbol destinado a los chicos de baby, en el que se prioriza la práctica deportiva en forma lúdica, despojada de todo tipo de presiones y privilegiando la recreación del chico, reemplazando así la competitividad tradicional. Esta modalidad logró la transformación del formato de los torneos y permitió un crecimiento colectivo e inclusivo en el que ahora pueden jugar todos, independientemente de sus cualidades. La iniciativa se sustentó en el desarrollo cronológico y los estímulos actitudinales y aptitudinales trabajados sistemáticamente y la influencia de tales estímulos en su desarrollo bio-psico-físico-social, por eso fue fundamental ajustar dichos estímulos de las capacidades en el deporte federado infantil en niños de 6 a 12 años. El programa surgió en el año 2012 y contó con 800 chicos de 6 clubes, sumando 13 instituciones más en 2013. En el año 2014 el proyecto agrupó a 30 clubes y participaron alrededor de 3.000 niños. Para 2015, 15.000 fueron los pequeños deportistas incluidos y en 2016 el proyecto alcanzó a más de 20.000 chicos en 68 clubes y varias ligas.

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