Selección argentina
Martes 12 de Septiembre de 2017

Los náufragos de la selección nacional

A Gallardo le preguntaron si Ponzio tiene que ser convocado por Sampaoli. Respondió pensando en el estigma que acorrala al plantel de la selección.

"Quiero ser respetuoso. A mis jugadores les tengo un respeto y un aprecio enorme. Sé lo que puede rendir (Leonardo) Ponzio, al igual que Maidana, que han sido fundamentales en mi proceso. Pero no voy a decir si tienen que estar en la selección o no. Ponzio está rejuvenecido, me acuerdo cuando llegamos acá hace tres años, era Tom Hanks en «El Náufrago»: barbudo, demacrado, estaba mal. Y eso es el fútbol. Cuando un jugador toma confianza, se pueden cambiar las cosas".

La descripción de Marcelo Gallardo es perfecta. Tan sencilla como exacta. Es una cuestión de confianza y también de temperamento para esperar el momento indicado. Su reflexión corresponde a la conferencia de prensa del viernes último, cuando un periodista le consultó si convocaría a Ponzio a la selección para los partidos determinantes frente a Perú y Ecuador.

Cuando el Muñeco llegó a River, Leo estaba en un rincón del vestuario sin chances siquiera de ir al banco de suplentes salvo ocasionalmente. Matías Kranevitter, el titular, se lesionó y Ponzio, algo resistido por la hinchada millonaria fundamentalmente por la casi nula participación que le había dado Ramón Díaz en el River campeón de 2014, volvió en toda su dimensión. Incluso más. Es muy probable que este epílogo de su carrera haya superado su propia media de rendimiento.

Sin embargo, con el Pelado, su suerte parecía echada. Entre Kranevitter y Cristian Ledesma, jugador fetiche del riojano, lo habían postergado. "Me van a tener que echar", dijo a fines de 2013 cuando su salida del club parecía inminente.

Confianza y personalidad, un combo imprescindible para afrontar los choques decisivos frente a Perú y Ecuador por las eliminatorias entre el jueves 5 y el martes 10 de octubre.

No importa nada la cancha, es una estupidez soberana. Sí proyecta, claramente, la desesperación por modificar una actitud que no se fabrica ni se gestiona; se tiene o no.

"No corresponde en este momento que un entrenador que está bastante ocupado, como es mi caso, opine puntualmente de esos temas. No corresponde. Tengo algunas cuestiones o pensamientos como argentino y como hincha de la selección que tienen que ver simplemente con una opinión. Lo que veo es que estamos enfocándonos en un debate insignificante que es el tema del estadio. Es un tema menor, de mínima importancia. El foco de atención debe estar en el juego y en ganar porque claramente deseamos que la selección vaya al Mundial... La cancha es una cosa mínima, si eso garantizara algún resultado o que la selección jugara mejor y vaya a ganar, lo firmaría. Pero no es así. El debate debería disolverse ya para enfocar en las cosas más importantes".

Más claro imposible Gallardo. El Muñeco les fue con los tapones de punta a las movidas de la AFA para cambiar al Monumental por la Bombonera, lo que se confirmará hoy. Es el primer sinsentido de la gestión de Claudio Tapia envuelto en una polémica inexplicable que ya fue descrita minuciosamente en la edición de ayer de Ovación con agregados patéticos de dirigentes que, supuestamente, son el futuro del fútbol argentino: Daniel Angelici y Rodolfo D'Onofrio. Tan ridículo todo como las objeciones de la Federación Peruana a La Bombonera por aquel episodio desgraciado del gas pimienta en el superclásico.

Angelici dijo que "Argentina debe jugar en un estadio en el que se sienta el aliento de la gente". Y D'Onofrio recordó cuando Argentina fue eliminada por Perú en 1969 en La Bombonera. "Por cábala no elegiría esa cancha para jugar justo contra Perú. Por ahí la elegiría para cualquier otro partido, pero ese partido no", sentenció el casi siempre serio titular millonario.

"Cuando yo llegué, Leo estaba muy parecido a Chuck Noland", el personaje que Tom Hanks interpretó en "El Náufrago", bromeó Gallardo el viernes pasado.

El cambio de semblante llegó con la chance de jugar, con la confianza que le tributó el entrenador y fundamentalmente con la fortaleza anímica del ex Newell's que lo llevó a estar intacto y siempre listo a pesar de la coyuntura.

Qué importa si se juega en River, Boca, Central o Córdoba. No tiene ninguna importancia. O la tiene, pero para mal.

A un plantel carente de temperamento no le sería sencillo transitar los primeros minutos en las canchas de Boca o de Central si el resultado no aparece, más bien todo lo contrario. Son búmeran poco recomendables para futbolistas flojos de carácter que necesitan que la presión les sea extirpada mucho tiempo antes de entrar a la cancha.

Cualquier duda consultar al plantel de Boca que condujo Arruabarrena en las copas Sudamericana y Libertadores.

Para quienes duden aún de esa característica de la selección argentina de fútbol, está la prueba incontrastable del último fin de semana. Jugaron como si nada, hicieron goles, disfrutaron, fueron protagonistas.

Y no es porque tienen compañeros de otro nivel ni por las desventuras de la AFA y mucho menos porque no les importe la camiseta de la selección. El problema pasa claramente por otro lado. Porque en tren de ser justos, nadie podría haberlos ayudado más que la AFA en el sorteo de Brasil 2014 y sin embargo...

Cómo será el escaso margen que se permiten que ni siquiera se permiten reconocer públicamente que existe un pedido concreto para cambiar de escenario. ¿Por qué Tapia decidiría eso? La AFA perderá muchísimo dinero que necesita como el pan si no se juega en River. Pero el flamante presidente prefiere absorber todas las críticas de esta movida para no complicar más el panorama.

Sólo en el corazón de los futbolistas está la respuesta. Después, en segundo plano, está la estrategia y las capacidades individuales. Una vez superado el escollo temperamental, el resto llega por decantación. Argentina, en buen estado de conservación anímica, sólo tiene un rival en el continente: Brasil. Así como están ahora los jugadores de Sampaoli, incapaces de tolerar el peso de la camiseta de la selección, cualquiera se les anima y todo puede pasar.

"Eso es el fútbol. Cuando un jugador toma confianza, se pueden cambiar las cosas", asegura Gallardo, responsable del cambio de paradigma de uno de los clásicos más importantes del fútbol mundial.

Comentarios