AFA
Miércoles 22 de Febrero de 2017

Los clubes deben cambiar pero sin perder la esencia

Las entidades deportivas necesitan modificar sus estructuras para adecuarse al fútbol moderno pero son los socios quienes tienen la potestad de decidir para garantizar el futuro de su sentimiento.

Es paradójico que los directivos del fútbol argentino debatan sobre la conveniencia o no de que los clubes puedan convertirse en sociedades deportivas cuando aún no pudieron garantizar la organización de la AFA ni algo tan elemental como la reanudación de los torneos. Es como discutir qué tipo de vajillas utilizarán cuando ni siquiera tienen el dinero para los alimentos. No obstante esto, la constitución societaria de los clubes para adecuarla a los tiempos del fútbol es una discusión que empieza a ser prioritaria. Pero no así como pretenden darla. Porque será imprescindible implementar un mecanismo que garantice la participación de todos los socios, ya que sería de alto riesgo para los sentimientos de los hinchas dejar esa decisión en estos mismos dirigentes que llevaron a varias instituciones a un endeudamiento casi terminal. Por eso es fundamental dejar bien definida a futuro las responsabilidades civiles y penales de aquellos que toman decisiones, y es ineludible proyectar un horizonte alejado de este presente calamitoso donde el endeudamiento de los clubes y de la AFA mantiene impune a quienes lo generaron por acción u omisión.

Antes de establecer posturas como ya asomaron sustentadas más en posiciones dogmáticas y no en análisis realistas, bien podrían observar lo que sucede en el fútbol alemán, no para copiar, sino para considerar su adaptación a la realidad del fútbol argentino y su contexto. Porque en aquel país, desde lo fáctico conviven modelos institucionales antagónicos y competitivos, pero con reglas claras y en los que el simpatizante en su carácter de socio dispone de los recursos para preservar y mantener los controles.

Tal es así que la organización del fútbol germano arrojó resultados tan satisfactorios que la propia Uefa la tiene en la más alta consideración, no sólo por lo financiero sino también por el desarrollo futbolístico que alcanzaron desde las divisiones inferiores con la formación de jugadores y capacitación de profesionales.

La reformulación en Alemania también derivó de una crisis provocada por el colapso de la empresa que tenía los derechos de la televisación. La Bundesliga estableció que los clubes económicamente pueden sumar empresas privadas como socios pero bajo la regla del 50 + 1. Es decir que el 51 por ciento de las acciones pertenezcan al club, evitando así que el grupo controlador o empresa se quede con la propiedad de la entidad. Claro que también establecieron excepciones con aquellas empresas que demostraron un compromiso de años con ciertos clubes, como los casos de Bayer con Leverkusen o Volkswagen con Wolfsburgo. Este esquema también evitó el desembarco de jeques árabes, empresarios chinos, rusos, y de otros lares para quedarse con los clubes, como sucedió en Inglaterra, Francia, entre otros.

En lo económico la Bundesliga no permite deudas con el Estado, y en el reparto del dinero entre los clubes de elite es más equitativo en lo que respecta a los derechos televisivos.

Así conviven con todo su poderío Bayern Munich y Borussia Dortmund, una de las caras de la moneda organizativa del fútbol alemán, mientras que recientemente la otra cara es el RB Leipzig, con todo el potencial empresarial de Red Bull, y utilizando un mecanismo que es legal, pero que ya generó anticuerpos en los hinchas restantes.

RB Leipzig hoy pelea la punta de la tabla con Bayern Munich, y no es esto lo que molesta al resto, sino el cómo lo hizo, porque es considerado por los alemanes como un ejemplo de la indebida mercantilización del fútbol moderno.

La empresa de bebidas energizantes pretendía comprar un equipo histórico en apuros y cambiar sus colores sociales por los corporativos de la firma. Algo así como que llegue a la Argentina y adquiera a Independiente. Como no lo pudieron hacer por la férrea reglamentación, constituyeron una entidad de cero, realizaron una fuerte inversión para lograr los ascensos regionales, y al llegar a la Bundesliga 2 (Nacional B argentino) fue obligado por la organización a incorporar nuevos socios y cambiar la composición para que Red Bull no sumase la mayoría. Pero en su derrotero ya había generado antipatías por comprar a los mejores futbolistas de la región y destacados juveniles de otros clubes de la Bundesliga.

Hoy el RB Leipzig es el equipo más odiado por los hinchas de otros equipos, quienes hacen notar su descontento porque en Alemania este club representa el ideal del fútbol como negocio, a lo que los hinchas alemanes se oponen. Y de lo cual aquí en Argentina deben tomar nota para evitar este tipo de situaciones.

Y también deben considerar la organización del Bayern Munich, un modelo a replicar acorde al contexto propio, porque es un club donde el 75 por ciento de las acciones les pertenece, pero empresas como Adidas, Audi y Allianz son socias en el resto del paquete accionario, lo que no la privatiza y le otorga a la entidad mayor solvencia y desarrollo.

Por todo esto el fútbol alemán tiene un sistema que podría adaptarse en la Argentina, para lo cual habría que superar primero las falsas antinomias que sostienen aquellos que buscan un beneficio sectorial y que poco le importa la prosperidad de los clubes, los que deben lograr desarrollarse sin dejar de ser dueños de su propio destino como entidad.

Claro que el cambio más difícil no es el de los clubes, sino de aquellos que hoy son la clase dirigente.

Que el árbol no tape las malas gestiones

En el país se generó un debate entre clubes como sociedades civiles sin fines de lucro o sociedades anónimas, sin prever que hay otras formas y que además todo depende de cómo se gestione. Chiqui Tapia, eventual presidente de AFA, se preguntó: "¿Qué sociedad anónima hubiera podido subsistir al desastre económico que vivieron nuestros clubes el último año?". Lo que no dice es que si no fuera por amparos judiciales muchos clubes ya serían historia.

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