Ovación
Lunes 05 de Junio de 2017

Locos del fútbol

Un libro reúne artículos de una revista deportiva de 22 de los personajes más fascinantes de la redonda en todo el planeta

—El libro es una excelente oportunidad para conocer o revisitar la biografía de jugadores de fútbol que devinieron personajes por razones no necesariamente emparentadas con la pelota.

—Sí, pero en una reseña sobre "pirados" del fútbol no pueden faltar ni el Loco Gatti ni el Loco Houseman, me parece.

—Tal vez vengan en una futura edición, porque viste que los responsables del libro son cronistas de una revista de deportes planteada desde un punto de vista cultural, contracultural les gusta decir a ellos mismos.

—Igual está bueno el libro, es ágil, tal vez por eso de que cada capítulo corresponde a un personaje y la extensión es propia de un artículo de revista.

—Se lee rápido y a veces uno se queda con ganas de más, porque la historia contada lo amerita o porque uno en el fondo quisiera que las andanzas de estos locos del fútbol no terminaran jamás.

—La de Garrafa Sánchez impacta, tal vez por la cercanía, quizá por la muerte prematura, pero hay detalles revelados ante los cuales hay que sacarse el sombrero. Por ejemplo el tema de los penales, dice que aprendió a patearlos de determinada manera jugando torneos de penales por plata en el conurbano bonaerense.

—Lo mismo que Ortigoza, el de San Lorenzo, que no está en el libro pero los patea muy parecido a Garrafa, es decir carrera recta y freno esperando que se mueva primero el arquero. Orti dijo que también aprendió en torneos de penales por plata, de noche, también en el conurbano, cuando ganar era comer al otro día.

—El capítulo dedicado a Garrincha también es brillante. Dice que antes de una gira por Europa del Botafogo, su equipo en 1955, el petisito, chueco y medio deforme delantero brasileño apareció en el aeropuerto con un loro en una jaula. Y cuando le preguntaron para qué lo llevaba contestó suelto de cuerpo: "Para poder hablar con alguien, porque me dijeron que donde vamos no hablan portugués".

—Y la pregunta al entrenador de la selección en medio de la charla técnica antes de la semifinal con Francia en el Mundial de Suecia del 58 es memorable. Dicen que mientras el técnico Feola se deshacía en detalles sobre cómo contener el juego rival, Mané levantó la mano y tímidamente preguntó: "Disculpe maestro, ¿pero usted ya arregló con los rivales para que nos dejen hacer todo eso?".

—Otro loco hermoso es el Turco Claudio García, ex Racing y la selección, que tenía a una lechuza como mascota, a la que mató en una gira por Europa por ponerle un perfume caro.

—Y Doval, enamorado de la redonda tanto como de las playas cariocas, que construyó su fama de jugador ductil a la par de la de seductor serial y que estuvo procesado por un escándalo en un avión. Parece que le tocó el culo a una azafata. Narciso Doval brilló en los Carasucias azulgranas y fue ídolo de Flamengo y Fluminense en Río de Janeiro, caso raro en dos archirrivales de una misma ciudad.

—Otro personaje entrañable es el Mágico Jorge González Barrillas, un salvadoreño que hizo las delicias del público futbolero de su país pero mayormente del Cádiz de España, adonde fue ídolo tanto en el estadio como en los bares y las fondas gaditanas, que lo vieron hacer malabares con la redonda en los pies y con la copa en la mano.

—El libro recorre vida y obra de varios jugadores sudamericanos, cuyas hazañas seguramente alguna vez ya fueron registradas por los cronistas de la época, mezclados con futbolistas europeos, con currículum un tanto más desconocido pero igual de entrañables en su esencia de locos lindos.

—Y así con casi todos los que desfilan por estas páginas, con una especie de hilo conductor: la locura de la mayoría de estos personajes tiene en el alcohol un mojón insoslayable. Casi todos están atravesados por una relación enferma con la bebida en primer lugar y las drogas y el sexo como partenaires de lujo.

—Como si la disciplina del fútbol moderno y marketinero les cortara las alas al desenfreno del talento y la inventiva. La memoria colectiva los guarda como genios indiscutibles dentro de un campo de juego y rebeldes incorregibles fuera de él.

—Igual está muy bueno el libro.

—La historia del entrenador inglés Brian Clough también está muy interesante: después de una goleada de su equipo se cagó a trompadas con los hinchas propios, que habían saltado al campo de juego para festejar, porque lo habían hostigado en partidos anteriores.

—Como el búlgaro Hristo Stoichkov, que salió disparado vociferando maldiciones hacia su propia tribuna después de hacer un gol. Y cuando le preguntaron por qué festejó insultando a los hinchas respondió: "Porque cuando los erro, ellos me putean a mí".

—Pero ese no está en el libro.

—No, ese también falta...


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