Ovación
Lunes 27 de Marzo de 2017

"Lo que no se debe hacer al jugar en la altura de La Paz es subestimarla"

El médico fisiólogo Juan Carlos Mazza investigó la adaptación del futbolista a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar. Habló de la manera en que se pueden mitigar los efectos de jugar en La Paz, a un día del partido entre Bolivia y Argentina

La altura de La Paz y su incidencia en el rendimiento del seleccionado argentino cada vez que juega allá por eliminatorias mundialistas es un tema recurrente. Juan Carlos Mazza es el médico fisiólogo que realizó una investigación sobre la adaptación a la altura. Llevó adelante tal experiencia durante 25 días en La Quiaca, ubicada a 3.600 metros sobre el nivel del mar, en 1997 con la selección que conducía Daniel Passarella, con la que trabajó en el período 1995-1998. A dos días de un nuevo enfrentamiento entre Bolivia y Argentina, el especialista en medicina del deporte se refirió a los efectos de jugar a 3.650 metros sobre el nivel del mar y los distintos recaudos a tener en cuenta, ya sean referidos al viaje como a la manera y forma de jugar. "Lo que no se debe hacer al jugar en la altura es ignorarla y subestimarla", dijo el rosarino Mazza.

¿Cuáles son los síntomas comunes del futbolista argentino en la altura?

En alturas mayores a 2.300 metros, y por supuesto agravado el cuadro a 3.650 metros, los efectos son universales para todo deportista que vive a nivel del mar. La presión barométrica a nivel del mar es de 760 milímetros de mercurio, con 20,9 por ciento de oxígeno en el aire. En La Paz, la presión barométrica es de aproximadamente 490 milímetros de mercurio. Esto determina que los futbolistas que suben bruscamente a la altura, cuando comienza el partido tienen una pérdida variable del 30 al 34 por ciento de su capacidad aeróbica, también llamado consumo máximo de oxígeno. Esta situación adversa reduce la capacidad aeróbica, a un nivel comparable a la de un sujeto que hace ejercicio aeróbico en un plaza o en un parque, corriendo a intensidades como cuando se hace jogging, es decir a ritmo suave o moderado. Aunque el mundo globalizado del fútbol no lo reconozca, esta situación es una desventaja deportiva, pero no ética ni legal.

¿Cómo responde el organismo de un jugador argentino en el llano?

Cuando un futbolista hace carreras intensas, piques, saltos, remates, frenos y cambios bruscos de dirección, consume dos combustibles de sus músculos. Uno es la fosfocreatina. Y el otro es el glucógeno (azúcar depositada en el músculo) y la glucosa (azúcar en la sangre). Ante la intensidad, este último genera una sustancia llamada lactato, que acidifica los músculos y crea trastornos en la contracción muscular. Esta acumulación de lactato tiene importantes consecuencias negativas. Jugando a nivel del mar, en todos los momentos de recuperación activa durante el juego, en situación de jugador parado, caminando, carrera baja o carrera moderada, el sistema aeróbico recupera la fosfocreatina y remueve el lactato, o como se dice, lo lava. Lo convierte en otra sustancia y lo usa de combustible aeróbico, lo que se llama convertir "basura" en "comida". Eso sucede durante los 90' de juego y permite poder hacer nuevas acciones explosivas.

¿Y en la altura qué es lo que le pasa?

Al tener disminuida la capacidad del sistema aeróbico en casi un tercio de su nivel, sucede que este no recupera correctamente la fosfocreatina, por lo cual se reduce la capacidad explosiva, la capacidad de remate, saltos, la velocidad y la fuerza. Además el sistema aeróbico no remueve rápidamente el lactato, por lo cual el jugador se siente agitado, siente pesadez muscular, sobre todo en las piernas, y tiene incoordinación motriz, pérdida de la coordinación fina, precisión, fuerza, potencia, velocidad y capacidad de recuperarse de los esfuerzos intensos. Y lo que es peor, pierde la relación distancia-balón-espacio con los compañeros y los rivales y también sentido táctico de la carrera dentro del campo de juego. Puede tener obnubilación leve a moderada y pérdida de la visión periférica, con alteración en las decisiones correctas y elección de pases. Otra consecuencia es que genera impotencia y así es común que se cometan infracciones reiteradas, con el riesgo de que haya más tarjetas amarillas y rojas de las habituales. El problema más grave es que estos síntomas y signos aparecen a los 5' de comenzado el juego, no hace falta jugar 40'. Ahora imagínense que pasa a los 70' u 80'.

¿Existen recomendaciones básicas para que el jugador sufra lo menos posible alguno de esos síntomas durante el partido?

Son parte del esquema táctico que debe sugerir el técnico. No se debe salir a hacer pressing lejos del área propia, hay que bajar el ritmo de juego lo máximo posible, demorar y jugar en cámara lenta, meter dos líneas de cuatro que reduzca espacios, un media punta y un delantero. Los pases deben ser al pie para evitar piques explosivos largos, aunque hay que ver si Bolivia lo permite porque sabe cuáles son las dificultades y la limitación fisiológica del rival.

¿La adaptación a la altura puede variar según el futbolista?

Dentro del déficit general hay jugadores que sufren menos el deterioro, pero no hay una regla o razón que lo explique. Jugadores como Di María o Gago respondieron en su momento mucho mejor en la altura de La Paz. Y otros jugadores, como Zanetti, con mucha más capacidad aeróbica, decayeron marcadamente en su rendimiento.

¿Qué es lo que conviene, aclimatarse y viajar con varios días de anticipación o

hacerlo el mismo día,

como planificó Bauza?

Para enfrentar el problema de la altura habría que ir a adaptarse al menos 35 o 40 días. Es imposible para el escenario del futbol profesional actual. Llegar 3 o 4 días antes no resuelve el problema. Es lamentable escuchar algunos médicos especialistas decir que si se llega unos días antes es suficiente. La ciencia dice que entre el segundo y el tercer día es el peor período para competir, ya que se instala el famoso “mal de altura”, que provoca cefaleas, vómitos, malestar gastrointestinal, debilidad muscular o deshidratación. Además, no es posible llegar 3 o 4 días porque a la Argentina, los partidos en la altura de Bolivia siempre le caen en el segundo partido de la doble fecha de eliminatorias. Inexplicablemente, la AFA nunca se ha quejado de esto. El mal menor es llegar horas antes del partido, porque se reduce el efecto del “mal de altura”, que a veces aparece entre las 6 y las 10 horas de que se está en el lugar. Pero esto tampoco evita los efectos agudos de fatiga y las consecuencias de la pérdida de rendimiento deportivo que describí anteriormente.

Siempre se habla del perjuicio de la altura, ¿esto puede

influir en la cabeza del jugador, en su predisposición?

La parte psicológica es fundamental, pero es muy grave ocultarles o minimizarles el problema. Todos los comportamientos psicológicos y emocionales ante la altura están determinados por un alto nivel de fatiga biológica. Si educáramos a los futbolistas de los verdaderos efectos limitantes de la altura, creo que estarían en mejores condiciones de llevar adelante una mejor propuesta táctico-estratégica. Decirles a los jugadores que la altura es un mito, que a la “altura se la gambetea y se la golea”, como hizo Maradona, y proponer que el equipo ejecute una táctica de jugar de igual a igual, nos condujo a una de las dos más contundentes derrotas de la historia (6 a 1, en las eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010), sumado al 6-1 contra Checoslovaquia en el Mundial de 1958.

¿Cuánto hay de cierto en que la pelota flota distinta?, y si es así, ¿ lo aconsejable es intentar jugar al ras del piso para que el juego sea más predecible?

Como dije, en la altura de La Paz hay 35 por ciento menos de presión barométrica, lo que genera que el balón tenga menos peso y además disminuya la resistencia de fricción del aire. Ello hace que la pelota esté más liviana y más rápida, lo que perjudica todas las fases del contacto con el balón, el dominio del mismo y la precisión en el pase. Ante el mismo impacto que en el llano, la pelota se va más rápido y más lejos. La velocidad de desplazamiento de la pelota también es diferente. A partir de la menor resistencia del aire, la pelota sigue trayectorias lineales, más veloces y directas, y no responde a los efectos, como impactar buscando la comba. Y es cierto que la pelota no dobla. Es la expresión popular de un hecho establecido científicamente por la ley de la gravedad. Los jugadores bolivianos saben usar esa ventaja, en remates, pases y desplazamiento del balón.

La utilización de la cámara hiperbárica, como lo hizo alguna vez la selección

(en las eliminatorias para el Mundial 2014), ¿sirve para atenuar el malestar?

Es una gran falacia. Suministrar más cantidad de oxígeno, que es lo que hace la cámara hiperbárica, antes de ir a la altura no hace que el cuerpo humano pueda captarlo. Esto se debe a que la hemoglobina tiene un límite preestablecido de captación de oxígeno. En la altura, lo que hay es hipobaria (descenso en el aporte de oxígeno a los tejidos). Lo único que permitiría una ayuda es entrenar en la cámara hipobárica, como lo hizo la selección chilena de Bielsa en las instalaciones de la Fuerza Aérea Chilena. Pero para ello hay que tener los jugadores corriendo en una cinta ergómétrica, al menos 45' por días durante 3 semanas, dentro de la cámara hipobárica. Hoy es totalmente imposible de realizar.

Pese a todas las dificultades y desventajas, ¿se puede ganar en la altura?

Las estadísticas dicen que sí. Hay varios casos de derrotas de los bolivianos, tanto a nivel de selecciones como de clubes. Pero en general se deben dar varias condiciones asociadas, conjuntos bolivianos de bajo nivel futbolístico, jugarles abroquelados esperando 4 o 5 contraataques, eficiencia en la definición, no correr pelotas perdidas o con pocas probabilidades de ganar en el campo contrario. Y a veces hasta las circunstancias azarosas nos pueden favorecer. Lo único que no se debe hacer al jugar en la altura es ignorarla y subestimarla.

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