Día del Padre
Domingo 18 de Junio de 2017

Leo Senatore, un puma de muchos padres

Leo Senatore tenía 5 años cuando murió Miguel, su papá, y 10 cuando falleció su mamá. Hoy recuerda a todos los que lo criaron.

Si a esta altura de la vida usted sigue pensando que "el padre" puede ser sólo uno, el varón biológico, dé una vuelta por la vida del rugbier de Los Pumas Leonardo Vicente Senatore y revise sus certezas. Este hombre de 33 años, papá de Vicente y de Pilar, fue criado por varios padres al perder los propios cuando era un pibito. "Mi papá, Miguel, en un día como hoy es un recuerdo siempre latente gracias a quienes lo conocieron y me hablan de él. Pero tuve la suerte de tener varios padres alternativos: mi abuela Elsa cumplió ese rol conmigo y mi hermana, también mi tío y los amigos de mis viejos del club". Por eso, para él, hoy bien podría decirse que es el Día de los Padres.

Miguel Angel, el Gringo Senatore, fue un destacado e inmenso segunda línea de Gimnasia y Esgrima de Rosario (GER), que se enamoró y casó con una jugadoraza de hockey del mismo club: Silvia Aceto. La pareja tuvo a una hija, Miguelina, y dos años después nació Leo, de segundo nombre Vicente como su abuelo paterno.

Todo pintaba para ser una típica familia de deportistas con una vida de club de casi 24 horas. A tal punto que Leo cuenta que su mamá, estando embarazada de él, rompió bolsa en el club.

"Yo nací prácticamente en GER", confesó.

Pero por enfermedades letales fallecieron ambos padres. Primero murió el Gringo (a los 41 años) y luego Silvia (a los 39). La familia se redujo obligadamente a una abuela paterna muy mayor, un tío que vivía en Mar del Plata con su familia y muchos, amigos del club.

"Me acuerdo poco de mi papá, por ejemplo de cuando volvía de los primeros partidos siendo muy chiquito y llorando, no le gustaba mucho", dijo Leo. Ovación le preguntó qué haría si su hijito Vicente reacciona igual o no quiere ser rugbier. "Trataría de convencerlo, pero si quiere jugar a otra cosa o ser bailarín iremos con él al ballet: lo acompañaré en lo que elija hacer con pasión y dedicación", dijo Leo .

Cuando se le pidió nombrar a sus "padres adoptivos" aclaró que eran varios. Pero arriesgó el nombre de su tío Hugo Aceto y el de los amigos Ricardo Pettit y Rubén "Ratón" Serri, dos hombres mens sana.

"Fue difícil para mi abuela, a mí la escuela no me interesaba, sólo quería ir al club. Mi tío tenía una familia y se vino a Rosario, fue a actos y reuniones escolares y Ricardo y el Ratón me acompañaron siempre, crecí en el rugby junto y gracias a ellos", aseguró Leo, quien debutó en primera a los 19 años.

"No le dimos tanto. El rugby a Leo le venía en los genes. Lo entrené alternadamente. No había que explicarle dos veces las cosas, en eso era como su papá: leía rápido el juego", dijo Serri.

Leo estuvo estos últimos días con Los Pumas en Santa Fe aunque no jugó. Hoy pasará por Rosario a celebrar con sus hijos y seguirá camino a Jujuy. "Obvio que pensaré en mi papá, siempre lo hago, quiero que esté orgulloso de mí esté donde esté".

El pibito que rescataba a los amigos y juntaba margaritas

Ricardo Pettit tiene cuatro hijos y Leo es como un hijo más. "Cuando murieron sus padres cargaba en un Gol dos puertas a los míos, a Leo y a su hermana y los llevaba a todos a la escuela. ¿Cómo no iba a hacerlo si sus padres eran mis amigos, Miguel había jugado conmigo y en el club éramos como una familia", dijo Pettit, quien viajó varias veces a verlo jugar al exterior y habla de Leo con la chochera de un padre.

"Recuerdo que Leo tenía apenas 5 años porque hacía poco que había muerto su papá. A mi hijo Joaquín, los amiguitos le hicieron una broma y lo encerraron en un aula impidiendo que salga al recreo. Leo lo oyó gritar, rompió un vidrio y lo rescató sin pensar las consecuencias. Y otra anécdota. Uno lo ve tan grandote y no puede creer que fue un nenito como todos. Creo que tenía 4 años y en una oportunidad en que jugaba en el club Nahuel con sus compañeros de infantiles, estaba por empezar el partido y Leo juntaba margaritas en un rincón de la cancha. Mirá en el jugador que se transformó", dijo el hombre que aceptó llevar a Leo a la cancha de Central cuando él se lo pidió. "Juro que no lo forcé, pero se hizo canalla, a su hermana no le gusta nada, es leprosa como sus padres", concluyó.

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