Ovación
Viernes 15 de Septiembre de 2017

La rebeldía de los humildes en la Copa Argentina

En su disputa el fútbol se hace más imprevisible, ya que los equipos más modestos pueden hacer historia en sólo noventa minutos ante un rival consagrado

En la disputa de la Copa Argentina el fútbol se hace más imprevisible, ya que los equipos más modestos pueden hacer historia en sólo noventa minutos ante un rival consagrado

La Copa Argentina ganó con su transcurrir un atractivo singular a lo largo y ancho del territorio nacional. Logró en forma progresiva convertirse en la competencia donde el fútbol profundo del país adquirió visibilidad. Donde en sus desprolijas e imprevisibles primeras ediciones supo evidenciar que con mejor organización podía adquirir una importancia sin distinción de categorías. Y lo fue edificando. Los conjuntos más humildes cumplieron el sueño de compartir las luces de la trascendencia con aquellos que asomaban como poderosos e inalcanzables. Como les significó entrar al campo de juego con aquellos equipos rutilantes a los que sólo se los podía ver por televisión. Y donde más de un jugador de los modestos clubes soñó alguna vez con ser ese ídolo que forjó en los sentimientos y al que por un ratito ahora tendría enfrente.

Con el devenir del torneo las experiencias de este tipo se fueron replicando, escribiéndose historias de toda índole, las que le permitieron a los habitantes de los grandes centros urbanos descubrir relatos de clubes y personajes dignos de ser conocidos. Y gracias al fútbol también conocer la existencia de una cantidad de pueblos y comunas que mostraron orgullosos sus identidades y costumbres. Una clase magistral de la propia geografía.

No hay nada más gratificante para los habitantes de esos lugares, donde la tranquilidad y la soledad juegan a las escondidas en cada siesta, que hacerse visibles por algo tan auténtico como sus clubes de fútbol. Y verse en la tele o en los diarios, hecho que para ellos se convierte en algo tan inédito como reconfortante.

Como así juntarse en los diferentes pueblos para organizar cada caravana de acompañamiento de sus respectivos equipos, ya que todos pugnan por ser testigos del partido que su club jugó una vez con los poderosos de la primera división. Una odisea que engrosará las historias que merecerán ser contadas en cada reunión familiar.

Estas sanas costumbres criollas se fueron multiplicando con las sucesivas copas Argentina, al tiempo que el torneo ganaba en relevancia como así empezaba a resolver algunos problemas de informalidad organizativa, todo un logro por el contexto en el que se estructura el fútbol argentino.

La reformulación de las asignaciones económicas por cada fase pero fundamentalmente la recategorización de los premios deportivos hicieron que la Copa Argentina para los equipos de primera división deje de ser un compromiso para convertirse en uno de los objetivos.

El pasaporte a la Copa Libertadores y/o Sudamericana motivó que aquellos partidos que se asumían con formaciones alternativas ahora se juegue con mayoría de titulares, para así prevalecer en la contienda.

Es cierto que esto también modificó sustancialmente el nivel de la competencia y convocó mayor interés, haciendo de esta copa un torneo mucho más masivo. Y nacional. Ya que los gobiernos de diferentes provincias pugnaron para ser sedes de diferentes partidos.

Si bien los primeros pronósticos daban cuenta que habría un predominio mayoritario de los equipos de la máxima categoría desde 32avos de final, esto no fue tan así, aunque Huracán en 2014 haya sido la excepción en ganar el trofeo estando aún en la B Nacional.

Por supuesto que los de primera división son los que arriban con asiduidad al partido decisivo, pero no es menos cierto que muchos de los equipos de los diferentes niveles del ascenso han dado batacazos, haciendo de la Copa Argentina un certamen tan atractivo como imprevisible.

Hay suficientes antecedentes para graficar que en 90 minutos cualquier conjunto dotado de jerarquía sucumbe frente a la unidad actitudinal y de amor propio que alcanzan cuadros del país profundo, gratos resultados que no hacen más que ratificar que en el fútbol todo es posible, y donde los más humildes pueden revertir con la resistencia de su dignidad hasta la adversidad más compleja.

Así Brown de Puerto Madryn recientemente en Mendoza hizo transpirar y mucho al Boca de las figuras por la clasificación a octavos de final.

Así San Lorenzo quedó eliminado en 16avos a manos de Deportivo Morón, que ya había bajado a Patronato de Paraná.

Así Gimnasia de Mendoza y Sport Club Pacífico cortaron a Talleres de Córdoba y Estudiantes de La Plata. Como Atlanta a San Martín de San Juan.

Y serían innumerables los casos si se hace una mirada retrospectiva a las ediciones anteriores. Erigiéndose como el más recordado la eliminación de River en 2013 tras perder con Estudiantes de Buenos Aires.

Es verdad que la Copa Argentina aún debe mejorar y mucho en materia organizativa, como el de establecer un programa de partidos con fechas más previsibles y no sujetas a la conveniencia de los denominados grandes.

Pero también es irrefutable que se ha convertido en un torneo que tiene su mayor atractivo en las sorpresas que deparan los partidos, donde el más débil puede en noventa minutos escribir el mejor capítulo de su historia. No sólo como club, o como equipo, sino también como pueblo. Que no es poco.

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