Central
Sábado 17 de Junio de 2017

La pronta expulsión de Pinola condicionó a Central, que volvió con las manos vacías de Banfield

La mención al defensor canalla no es porque sí. Hay motivos sumamente confiables en los cuales apoyar todas las palabras que se quieran verter para explicar lo que fue la derrota de Central anoche a manos de Banfield.

En una previa cargada de especulaciones, de los puntos que podían servir, de los resultados que podían darse en otra cancha, Central no dio el piné. De a ratitos entregó la imagen de que podía estar a la altura, pero fue eso, una simple sensación. En esa misma previa retumbaron los rumores, las informaciones y demás yerbas sobre lo que podía ocurrir con el futuro de Javier Pinola. La mención al defensor canalla no es porque sí. Hay motivos sumamente confiables en los cuales apoyar todas las palabras que se quieran verter para explicar lo que fue la derrota de Central anoche a manos de Banfield. Porque el jugador estuvo en el momento y el lugar exactos que desembocaron en el principal desencadenante de lo que después fue un partido de fútbol sin los atisbos de normalidad esperables. Allí nació la derrota canalla.

Podría sonar hasta puñalada trapera aseverar que Pinola fue el responsable de la derrota. Posiblemente sea un error garrafal afirmarlo y analizarlo de esa forma. Pero desconocer la implicancia que tuvo esa jugada vehemente que le valió la expulsión cuando iban apenas 9 minutos de juego podría ser un error más pronunciado aún. Porque jugar con uno menos tanto tiempo, y ante un rival que por algo está peleando el campeonato, no es poca cosa. Es una licencia que se podría tomar ante cualquier otro rival. No frente a este Banfield. Lo primero para destacar es la extrañeza que generó la reacción de un jugador que tiene demasiadas batallas en el lomo y que no por nada es uno de los bastiones del equipo. Es que dio toda la sensación de que aquel golpe que Sarmiento le había propinado un par de minutos antes (en un salto) lo desenfocó. De otra manera no se entiende que en una jugada que no revestía el más mínimo peligro lo haya esperado para tirarle el golpe que, dicho sea de paso, no pareció para expulsión. Pero el posible error del árbitro corre por otro carril. Es más, Herrera dejó seguir y la roja apareció por pedido del asistente Ezequiel Brailovsky.

Le tenía que tocar justo a Pinola, de quien tanto se habló en los días previos, a quien se lo ubicó en más de un club menos en Central a partir de junio. Le tenía que tocar a quien posiblemente todavía cargaba con la bronca que le generó quedarse afuera de la gira con el seleccionado argentino. Extraño para la experiencia de la que puede hacer gala por más que, se insiste, la complicidad del error de Brailovsky y Herrera hayan jugado un rol preponderante.

De ese golpe nació un viaje directo a otro golpe, el que, con un partido ya desnaturalizado, le propinó un Banfield al que tanto se elogió en la semana y del que se pretendía, al menos, sacarle un punto.

Es que al final del camino queda eso: la derrota. Porque el condicionante de la expulsión de Pinola fue un eslabón más en esa cadena de sinsabores con la que el canalla se fue anoche del Florencio Sola.

"Nos tenemos que volver con algo", había dicho Montero un par de días antes del partido. Ese algo no fue lo esperado. Nadie imaginó eso. Porque además de la derrota está la baja del propio Pinola, la de Camacho por la quinta amarilla y hasta podría incluirse en la bolsa la terrible tensión de la que costará despojarse en esos pocos días que restan para el partido ante Talleres, rival directo en la lucha por la clasificación a la Copa Sudamericana. Central está en zona de clasificación, pero si Defensa y Justicia mañana derrota a Atlético Tucumán perderá esta plaza.

Es apenas un aliciente que permanezca aún en esa zona de privilegio. Igual a dos fechas del final no es poca cosa. Pero en tiempos en que el margen de error debe achicarse a su mínima expresión, cuando se erra, se sufre. Y Central sufrió demasiado anoche. Porque no fue un solo machucón. Fueron varios. Porque no fue un solo golpe, sino un par. En una excursión que se sabía brava, Central se las ingenió para complicarse un poco la existencia. Fue un largo viaje que tuvo como punto de partida un golpe (el de Pinola) y que encontró al final del camino el que le propinó Banfield con el telón ya bajo.

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