Ovación
Sábado 01 de Julio de 2017

La pelea ganada de Saúl Peralta, quien colgó los guantes y será entrenador

El boxeador de Reconquista Saúl Peralta estuvo en coma tras perder por nocaut hace casi 15 días en Arroyo Seco. Le dieron el alta y ahora decidió colgar los guantes y ser entrenador.

Es deportista y ayer descansaba en un hotel de Rosario junto a su mujer. A no confundirse: este hotel está ubicado frente a la Terminal de Omnibus y no es cinco estrellas, la mujer tiene 42 años y se llama Claudia Salinas y el que reposaba no era el mejor jugador de fútbol del mundo sino el boxeador superliviano de 27 años, que reside en Reconquista, Saúl "Indio" Peralta.

Este hombre, nacido en Avellaneda, al norte de la provincia de Santa Fe, es la contracara de una estrella deportiva. Perdió su última pelea por nocaut contra el mendocino Elías "Macho" Araujo, en Arroyo Seco, hace dos domingos, y fue internado en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca) en estado de coma, con un traumatismo craneal y un hematoma subdural.

A mediados de esta semana le dieron el alta pero como está lejos de su hogar se quedó unos días con su familia, en un hotel, que le ayudaron a pagar varias personas del mundo del box.

"¿Cómo sigue la historia de Peralta ahora que sobrevivió a semejante paliza?", le preguntó Ovación a la mujer, también deportista que es madre del hijo que tienen juntos (Nicolás, de 8 años), también oficia de ayudante segunda de rincón y es quien estuvo al pie del cañón haciendo guardia prácticamente sola durante toda la convalecencia de su pareja en el hospital.

"Sigue de la mejor manera: le pedí que deje de boxear. Cuando lo conocí, la que boxeaba era yo, le vi grandes condiciones y lo convencí de que empezara a entrenar. Le banqué la profesión y ojo que a mí no me sobra el dinero: vendo ropa. Pero ahora le pedí que deje", reconoció esta mujer de andar y lenguajes firmes y que se enternece al recordar ese fatítico domingo. "Era el Día del Padre y la pasó en estado de coma profundo totalmente inconsciente. Fue tristísimo", agregó.

Salinas se muestra como es: sin maquillaje, con la ropa deportiva habitual y un crucifijo en el pecho, que se replicará en el de su pareja y su hijito. Agradece a quienes la ayudaron económicamente a estar estos días en la ciudad y también a los profesionales del Heca.

"Son serios y rigurosos con el horario. No dejan que entren los chicos a la terapia pero creo está bien", aseguró. "

Cuando cuenta su relación con Peralta habla como retando, como frasean las que no se doblegan ante cualquier peso pesado.

"Nos conocimos jugando al fútbol: yo jugaba de 2, como (Rolando) Schiavi y después entrené y saqué a mi equipo Las Leonas de Reconquista varios años campeonas. El era más chico y me mentía la edad, se hacía el grande e insistía en seducirme. Era vago, andaba con malas juntas y lo salvó el deporte. Cuando se vino a vivir conmigo le dije: acá ni alcohol ni nada raro. A entrenar. Y lo hacía hasta el día de hoy varias veces al día: a la mañana físico, más trote de 5 kilómetros diarios, manopleo dos veces y a la tarde el segmento técnico. Y le iba bien. Tenía 60 peleas amateur y como profesional libró 15 combates, de los cuales 9 ganó por nocaut y perdió 6, sólo dos por nocaut. El ahora empezaba a destacarse, tenía un promotor y ofertas para viajar a Estados Unidos, todo parecía marchar bien. Pero lo que viví cuando lo vi convulsionar arriba y abajo del ring no lo quiero pasar más. Le pedí que lo haga por nuestro hijo y me dijo que sí llorando"

La idea, según anticipó, no es que su pareja se aleje del box, sino que siga entrenando recreativamente a los pibes del Luján, el barrio donde vive la familia en Reconquista.

"Es un lugar vulnerable y arrasado por las drogas, mucho se puede hacer allí. Pero volver al boxeo profesional, no, y espero que mi hijito tampoco incursione por allí: es bueno, salta la soga y guantea, pero ojalá que siga jugando al fútbol", expresa la mujer, mientras el nene se levanta la remera y muestra una panza con abdominales trabajados como un profesional. Una pequeña muestra de que en casa de los Peralta, hasta el domingo 18 de junio, se respiraba actividad deportiva.

Peralta está en una habitación sencilla, con dos camas simples y un baño. Está en cueros, por lo que a simple vista se le ve un tatuaje a color del Gauchito Gil bajo la tetilla izquierda. Saluda, posa. No le sobran palabras y la mirada no se posa en las personas a las que les habla. "Me siento mejor pero aún veo algo nublado", murmura.

"Recuerda algunas cosas hasta antes de subir al ring y nada más. Ayer me preguntó qué le había pasado, contra quién había peleado y cómo había terminado la pelea. «¿Perdí?», me dijo, «pero si ese no pega nada», me dijo" Y yo me reí y le dije: parece que esta vez sí pegó", se rió la mujer.

Peralta perdió la pelea contra un rival de 30 años, mendocino, que según los entendidos fue "un amplio dominador del combate". Se cayó en el 6° round por nocaut técnico. Y tras el episodio surgió el interrogante de por qué el cuerpo técnico no había tirado la toalla.

"Porque no lo pidió. Siempre me decía que no le tire la toalla aunque esté muerto, hoy lamento no haberlo hecho, pero fue así, lo miré en el rincón y no parecía que estaba tan mal", dijo.

Ayer, en una ciudad donde transcurría el "casamiento del año" (el de Lionel Messi y Antonella Rocuzzo), se pergeñaba también la boda de Peralta con su mujer.

"Habíamos dicho que nos casaríamos cuando yo cumpliera 40 años y no pudimos. Ahora que Saúl volvió a nacer, nos vamos a casar. No como Messi, claro, pero nos casaremos", sonrió la mujer después de varios días.

Comentarios