Ovación
Miércoles 04 de Octubre de 2017

La paradoja de Gareca tiene de escenario a la Bombonera

El DT de Perú es el mismo que clasificó a Argentina para México 86 ante la selección que actualmente dirige y hoy está cerca de llevarla a un Mundial luego de 36 años. Y puede hacerlo justo ante el equipo de la gran camada que lidera Messi. El Tigre vuelve además a la Bombonera, la misma que lo insultó cuando pasó de Boca a River en el 84

El DT de Perú es el mismo que clasificó a Argentina para México 86 ante la selección que actualmente dirige y hoy está cerca de llevarla a un Mundial luego de 36 años. Y puede hacerlo justo ante el equipo de la gran camada que lidera Messi. El Tigre vuelve además a la Bombonera, la misma que lo insultó cuando pasó de Boca a River en el 84

Ricardo Gareca vivió como jugador eso de quedar tan cerca del título durante tantas veces seguidas y que las grandes campañas que lo llevaron a esas definiciones se transformaran en enormes frustraciones. Tuvo una a favor. No lo vivió en Argentina, donde hubiera sido un pecado mortal, sino en América de Cali, donde siempre fue reconocido por haber formado parte de aquel enorme equipo que jugó tres finales de Copa Libertadores consecutivas, todas perdidas, ante Argentinos Juniors, River Plate y Peñarol, esta última en el último instante de un partido desempate. El Flaco entiende perfectamente qué puede sentir hoy el jugador de la selección argentina que hace rato no gana nada, que rozó la gloria tres años al hilo y que ahora pende de un hilo para llegar a Rusia. Y justo él puede ser verdugo. Justo él, el que le quitó a la selección que ahora dirige la última chance en serio de estar en un Mundial, con el gol del 2 a 2 con el que Argentina pudo ir a México y encima después ganarlo.

Gareca fue ese enorme centrodelantero que, junto con Oscar Ruggeri, fue protagonista de un pase que hoy sonaría imposible: de Boca a River. Ese 9 surgido en la cantera xeneize, que explotó en Sarmiento de Junín porque ahí no tenía cabida y se privó de ser parte del equipo campeón con Diego Armando Maradona del 81, volverá mañana a la Bombonera como la bandera de una nación que espera romper con 36 años de ausencias mundialistas. El Flaco, que por aquella transferencia fue insultado desde entonces por los hinchas xeneizes, vestirá encima los colores millonarios con banda y todo, como bien luce la camiseta de Perú. Y él, que lo dejó afuera en esa tarde de lluvia y barro del Monumental, empujando sobre la línea la pelota que dio en el palo tras el derechazo de la guapeada de Daniel Passarella, ahora tiene la posibilidad de devolver lo mucho que le quitó.
Así de paradojal será la visita de Gareca y "su" Perú mañana a La Boca. Antes de las últimas dos fechas de eliminatorias nadie podía pensar siquiera que pudiera tener una chance, pero su equipo fue el único que se quedó con los 6 puntos y los otros resultados lo llevaron a dos fechas del final a estar en zona de clasificación. Y es más, hasta un empate le serviría mañana para mantenerse dentro de ella.
El Flaco prometió no dar entrevistas con medios argentinos y hablar solo en la conferencia de prensa. No quiere tocar puntos sensibles. Ojo que todo el mundo habla de Argentina, pero él sabe que puede tocar el cielo con las manos en Perú y que el partido de mañana será vital para eso. Que no se hará cargo de las presiones ajenas, sino de las propias. Que las tiene en grande ahora que tiene la zanahoria delante de los ojos y puede alcanzarla.
Sabe además que tiene la desventaja de la diferencia de jerarquía de los planteles, pero conoce al dedillo la presión de la palabra "fracaso" que agobia a los jugadores argentinos. El, por mamar de chico esa cultura exitista del fútbol argento, la sintió en aquel América de Cali que jugó contra el mejor Argentinos Juniors de la historia, contra el River ávido de Copa Libertadores y contra la historia de Peñarol, perdiendo todo. Pero en Colombia, a diferencia de Argentina, lo siguen recordando como héroe por aquellos años maravillosos en que visitó la camiseta de los diablos rojos.
Gareca en cambio sí sintió la olla a presión del Monumental ese 30 de junio del 85. Entró por Julián Camino faltando media hora y con el partido 1-2 desde los 39' del primer tiempo. Y recién cuando la empujó casi en la línea pudo desahogarse como todo el plantel, que venía castigado duramente prácticamente desde que Carlos Salvador Bilardo se hizo cargo después del Mundial de España. En la memoria colectiva quedó la guapeada de Passarella como el gran pasaporte al Mundial pero fue el Flaco el que le dio la clasificación a Argentina. El mismo que eligió irse a Cali antes de la cita de México y que fue excluido de la lista definitiva del Narigón, acaso la frustración más grande de su carrera como futbolista.
Vélez e Independiente vieron ir cerrando su ciclo con los cortos y empezó el ciclo de entrenador, por el que fue amado en Talleres de Córdoba (ganó la B Nacional ante Belgrano, ascendió a primera y luego obtuvo la Conmebol) y sobre todo en Vélez, donde logró cinco estrellas en la última etapa exitosa del club del cual es hincha. En el medio fue campeón con Universitario de Lima y ese recuerdo seguramente le sirvió para ponerlo en el banco de la selección en marzo de 2015, dirigiendo dos Copa América donde se destacó (3º en Chile y eliminó a Brasil en su grupo y terminó 5º en EEUU) y todas las eliminatorias.
Gareca dirigirá a Perú en la Bombonera. La decisión de Chiqui Tapia de mudar la localía desde el Monumental le agrega otro plus a esta carga de significados, ya que fue en 1969 en otro 2 a 2 en que Argentina quedó eliminado por última vez de una Copa del Mundo. El Tigre, cabulero como muchos, debe pensar que la historia le hace un guiño para llevar a la selección incaica a un Mundial y amargar a la que lo dejó de lado cuando México era la chance de su vida. Así es el fútbol y las vueltas de la vida para el Flaco, el Tigre, Richard o como quieran llamarlo. Hoy es nada menos que el entrenador contrario de una selección que tiene la gran chance de hacer historia y amargar en serio, para la posteridad, a una camada de futbolistas lideradas, como en aquel 85, por el mejor del mundo.


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