Ovación
Miércoles 06 de Septiembre de 2017

La igualdad final fue un punto de castigo para la selección argentina

Argentina fue superior pero apenas igualó ante Venezuela, que comenzó ganando con gol de Murillo. El equipo del Zurdo empató gracias a un gol en contra de Feltscher.

La frialdad numérica que refleja la tabla de posiciones importa mucho a esta altura de las eliminatorias. Argentina siguió anoche sin llevarse bien con el resultado. Debía ganar para instalarse en la confortable zona directa de los que aspiran ir a Rusia sin escalas. Pero apenas rasguñó un empate contra una Venezuela que hizo poco, pero que casi terminó haciendo saltar la térmica emocional a las almas albicelestes. El equipo nacional dejó el desilusionado estadio Monumental masticando bronca. Y quedó empantanado en la franja del repechaje, fruto del 1 a 1. Sin dudas, ante Perú deberá mostrar la rebeldía y enjundia que no tuvo en estas dos fechas si es que desea participar en el cada vez más cercano Mundial.
Como primera medida hay que destacar que Venezuela ofreció todo tipo de resistencia durante el primer tiempo ante el poderío criollo. Por más que intentó ponerle freno a la importación de camisetas albicelestes en su territorio no pudo lograr las permanentes filtraciones de Messi y su pandilla.
La selección que comanda el Zurdo Sampaoli salió decidida a plantar la bandera del protagonismo desde que la pelota empezó a latir. Sobre todo luego del porrazo que se pegó Chile en Bolivia (ver página 7). Era cuestión de descifrar los códigos del triunfo para meterse en la zona cálida de la tabla.
Pintaba para una noche perfecta. Di María, Dybala y Messi mostraban estar en fina sintonía. Pizzaro y Banega eran como una especie de pac-man moderno. Ambos eran la aduana del mediocampo. Argentina era una usina de juego en pleno funcionamiento. Tal es así que antes del ir al descanso ofreció nueve chances clarísimas de gol.
Pero no hubo caso. Ninguna terminó como todos los argentinos deseaban. Mauro Icardi dejó a la masa con ganas de exteriorizar el grito sagrado en varias oportunidades. Como a los 3, cuando le ahogó el festejo Faríñez. O como a los 9, que se lo comió solo. Ni hablar a los 12, que fue cuando no pudo capitalizar un centro de Di María. Claro que a los 21 el arquero venezolano otra vez lo dejó con las ganas. Mientras a los 39 fue Feltschner quien le desactivó el cabezazo envenenado al punta rosarino.
En tanto, Messi también tuvo sus momentos de protagonismo. A los 37 y 46. Sí. Fue casi cuando estaban todos más pensando en repasar los conceptos que buscar abrir la cuenta ante una aguerrida vinotinto. A eso hay que sumarle que Banega y Dybala también probaron y exigieron al jovencito arquero visitante. No había caso. La pelota no quería entrar, pese al dominio claro y contundente del elenco nacional.
¿Y Venezuela? Recién pateó al arco a los 4 minutos del complemento. Y menos mal que lo hizo en ese lapso porque en la primera situación que tuvo dejó a todos helados en el Monumental. Y no porque la noche estaba fresca. Es que Murillo facturó tras una contra y aprovechó que la defensa quedó torcida en el retroceso. Parecía increíble. Pero era real. Ganaba Venezuela con nada. O con todo porque hizo lo que pudo Argentina, el gol.
No obstante, al toque llegó el empate. Casi de casualidad porque no fue obra de ningún futbolista nacional. Lo hizo Rolf Feltscher en contra tras una guapeada bárbara de Acuña, quien había ingresado por el lesionado Angel Di María.
Los minutos se consumían con impotencia, interrogantes y ansiedad en cada una de las almas argentinas. Sea en el estadio como el resto del país o exterior. Había que ganarle a este muy limitado pero tan batallador equipo venezonalo, que sólo ofrecía resistencia, para reacomodarse en el lote de la zona directa de los que irán al Mundial. Al menos por ahora. Ya no alcanzaba con tener la pelota.
Messi y el resto ya no coordinaban como antes. Nada que ver un equipo con el otro. Hizo un primer tiempo intenso y abrumador. Pero un segundo período flojo. Estaba como aturdido ante esta colista Venezuela, que se plantó con orgullo y se terminó llevando un punto casi impensado de Núñez.
Es cierto que matemáticamente no está nada definido. Al contrario, el final de las eliminatorias está más que abierto. Pero Argentina no salió de la zona de repechaje como debía hacerlo para encarar las dos últimas citas con otro semblante y perspectiva. Se complicó solo en realidad. Y sin necesidad.

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