Ovación
Miércoles 12 de Julio de 2017

La historia de un gran crack

Un niño inglés de seis años antes de morir cumplió sus sueños gracias al fútbol y puso en valor el aspecto humano de un deporte muchas veces envilecido por el dinero y la corrupción

Hay innumerables anécdotas que pueden reflejar la insensatez con la que se vive el fútbol profesional fuera del campo de juego. También hay infinitos ejemplos para demostrar la insensibilidad con la que muchos se desenvuelven dentro de la cancha. Sería redundante y hasta estéril adentrarse en cualquiera de los dos modelos descriptos en este prólogo de una nota que intenta una vez más rescatar la esencia humanitaria de este deporte. Aunque la historia elegida tenga el final no deseado.

Muchas veces las noticias parecen no ser relevantes porque se producen lejos del hábitat de quien las lee. Pero de las situaciones más tristes se obtienen las demostraciones más saludables. E imitables.

Bradley Lowery era un niño hincha de Sunderland, quien logró hacerse amigo de su ídolo Jermaine Defoe luego de que trascendiera su historia debido a una enfermedad.

Bradley es uno de los tantos héroes que el fútbol descubre aunque no jueguen. Con su vida conmovió a Inglaterra y a medida que su historia trascendía las fronteras también emocionaba a otras poblaciones.

En la última temporada Bradley ingresó con el equipo de sus amores en varias ocasiones al césped del Stadium of Light, de la mano de Defoe, con quien entabló una férrea amistad, al igual que se ganó el afecto incondicional de todo el plantel de Sunderland, como así de los jugadores adversarios.

El pequeño gigante hizo realidad otro gran sueño cuando en marzo apareció con el seleccionado de Inglaterra en el estadio de Wembley, antes del partido contra Lituania, donde su amigo Defoe anotó un gol.

El vínculo entre Bradley y Defoe se hizo tan fuerte que el futbolista lo visitaba asiduamente, y ante el avance de la enfermedad el pasado 1º de julio los padres de Lowery lo fotografiaron dormido y abrazado al atacante, visiblemente conmovido por el inevitable desenlace.

El jueves pasado, Defoe fue presentado como nuevo jugador del Bournemouth, y allí fue consultado por la salud de su amigo Bradley, y el moreno delantero rompió en llanto al revelar que la situación era límite.

Bradley Lowery falleció al día siguiente, el viernes al mediodía tras seis años de lucha contra un neuroblastoma, tipo de cáncer que afecta a bebés y a niños menores de cinco años, y que mantiene en vilo a la ciencia que busca denodadamente una cura a esta enfermedad.

Bradley se despidió abrazado a sus padres y protagonizando una historia corta pero intensa, en la que el fútbol pudo hacerle realidad muchos de sus sueños, a tal punto que lo convirtió en uno de esos pequeños cracks que no juegan pero sí dejan una enseñanza a lo largo y ancho del mundo.

Porque Bradley fue feliz gracias al fútbol. Grabó su nombre en la vida de Defoe, pero también enriqueció la historia de Sunderlad, del fútbol inglés y también del de otros lares.

Sin dudas que en todo el mundo hay muchos Bradley y Defoe. Como hinchas y futbolistas. También en la Argentina. Y estos pequeños grandes héroes ayudan a comprender que el fútbol tiene en su génesis algo mucho más importante que la gambeta de un jugador, la cantidad de hinchas, el dinero de una transferencia, el gol de una victoria épica, o el logro deportivo más importante.

Esta historia real demuestra que el fútbol tiene un valor humano que habita en cada hincha y en cada futbolista, y que debe prevalecer siempre para mejorar la calidad de vida de cada sociedad, incluso en las circunstancias más adversas.

La despedida de Defoe

"Adiós, amigo mío. Te echaré mucho de menos. Me siento tan afortunado de que Dios te llevara a mi vida y por los maravillosos momentos que he vivido contigo. Por eso me siento agradecido. Nunca jamás olvidaré la forma en la que me miraste cuando te conocí por primera vez, el genuino amor que había en esos preciosos ojos. Es difícil encontrar palabras para expresar lo que significas para mí. La manera en la que decías mi nombre, tus pequeñas sonrisas cuando las cámaras aparecían como si fueras una pequeña superestrella y el amor que sentía cuando estaba contigo. Tu coraje y valentía seguirán inspirándome para el resto de mi vida. Nunca sabrás cómo de diferente me has hecho como persona. Dios te tiene en sus brazos y yo siempre te llevaré en mi corazón. Duerme en paz, pequeño. Mi mejor amigo", escribió Defoe en la red social.

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