Rosario Central
Lunes 02 de Octubre de 2017

La estabilidad futbolística está en pañales

Central no supo aprovechar el envión anímico del triunfo con Boca y ante San Martín de San Juan dejó pasar una gran chance de ganar el primer partido y reposicionarse en la Superliga.

San Juan / Enviado especial.- Central vive un mundo de sensaciones. Su propio mundo. Y desfiló por todos los escenarios. Resulta difícil señalar cuál de esas sensaciones es la que más cuenta en este periplo por la zona cuyana, si el de la alegría desmesurada del miércoles contra Boca o el de la desazón por la derrota de ayer a manos de San Martín de San Juan en una Superliga que ya lo tiene como uno de los equipos más flojos. Queda a gusto del consumidor inclinar la balanza para donde quiera. De lo que no hay dudas es que aquel bálsamo que abrazó en Mendoza tuvo fuertes olores desagradables en San Juan por el cachetazo y la imposibilidad de apuntalar la remontada que se pensaba posible.

   Para el semejante envión anímico que tuvo el equipo en el pase a cuartos de final de la Copa Argentina, la sensación de desperdicio es inevitable. Porque si bien es cierto que partidos de un enorme desgaste emocional, como lo fue el de hace unos días contra el xeneize, pueden provocar cierto grado de estrés y/o relajación (Montero fue quien habló de eso tras la caída), la falta de aprovechamiento para que una instancia potencie la otra no tiene razón de ser. Y ahí no hay paliativos valederos que mengüen ciertas consideraciones.

   Quizá resulte injusto caerle con demasiado peso al equipo por haber perdido contra San Martín de San Juan después de haber metido un batacazo de aquellos contra el hoy mejor equipo del fútbol argentino como lo es Boca. Pero el error en el que no se puede incurrir es el de no entender que habiendo estado en ventaja (jugando un flaco partido) el equipo haya soltado las riendas ante un oponente claramente limitado.

   El planteo que debiera hacerse en Central es el de la consistencia como equipo, capaz de reponerse en la adversidad, algo que hasta aquí no puede plasmar. E incurrir en ciertas conjeturas simplistas que involucren a terceros (ayer en el Hilario Sánchez muchas voces, la mayoría en off, hicieron más hincapié en la labor del árbitro Juan Pablo Pompei que en las falencias propias) no parece ser el camino adecuado para encontrar los atajos que conduzcan a la consolidación.

   Nadie puede saber si el parate que se viene por las eliminatorias sudamericanas va a ser productivo para Central o si esta colisión de una enorme alegría con una gran decepción ameritan algunos días de descanso físico y mental que conlleven un reordenamiento de ideas. A prima facie no está mal disponer de unos cuantos días para afianzar ideas. Es que cuando se pisa fuerte con una pierna, pero con la otra aparecen síntomas de debilidad, el razonamiento no necesita un análisis demasiado sesudo. Quiere decir que hay curaciones que realizar.

   Indudablemente hay un terreno que merece ser apisonado para afirmar el proceso. Ahí pueden entrar a tallar dos aspectos puntuales: el futbolístico y el anímico. El orden de prioridades es lo de menos porque se supone que la retroalimentación debiera ser condición sine qua non.

   Cuando Central se convenza de que tiene que dar un paso en firme para consolidarse como equipo ingresará en un terreno mucho más fértil, en el que impedirá que los vaivenes futbolísticos y emocionales hagan de las suyas, que no le resulte un comportamiento habitual vivir la intimidad de un vestuario donde las sonrisas se multiplican e inmediatamente resignarse a la obligación de agachar la cabeza. Esto fue victoria sólida ante Boca y posterior derrota (habiendo estado en ventaja) contra San Martín de San Juan.

   Fueron días largos para Central, en los que las tensiones y las obligaciones jugaron a las escondidas y se chicanearon de lo lindo. Pero el periplo por tierras cuyanas llegó a su fin habiendo convivido con la dulzura de la victoria y la amargura de la derrota. El peso de cada una parece una minucia al lado de una estabilidad futbolística que aún usa pañales.


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