Selección argentina
Jueves 05 de Octubre de 2017

La cuarta "final" de la selección argentina

No es el último partido de una competencia, pero el choque con Perú tiene la característica de un partido decisivo. Y lo es. Argentina viene de caer en tres definiciones consecutivas, pero esta noche es diferente: no puede perder ni empatar.

Viernes 13 de diciembre de 2013, Costa do Sauípe. Juan Carlos Crespi, vicepresidente de Boca, golpea su hombro izquierdo con los dedos índice y mayor de la mano derecha. Alude al jefe. La imagen recorre el mundo y algunos medios utilizan la palabra fraude para calificar el sorteo de la Copa del Mundo de 2014. Nadie lo sabe, pero son los últimos meses de Julio Grondona en este mundo. Fallecerá el 30 de julio de 2014, apenas un par de semanas después de la final del Mundial.

Argentina, que es candidata para ganar aquel torneo por la jerarquía de sus futbolistas, parece tener el camino muy allanado después de las bolillas a pesar del territorio hostil en el que se jugará el torneo. Grondona maneja los hilos de la Fifa y el sorteo ubica a la selección en una zona más fácil que la tabla del uno. Está descripción intenta responderle a una crítica fácil que intenta despegar a los futbolistas del pobre presente en el que está inmersa la selección. Se sabe, no hace falta contarlo, que ni siquiera así la selección pudo, a pesar de que estuvo muy cerca.

"No estoy muy de acuerdo con que para llegar a la final hay que ganarles a todos. Hay zonas más accesibles que otras, que te permiten tener más posibilidades de pasar. O pasar con otro costo. Siempre hay uno o dos grupos que son de la muerte. Va a ser un sorteo atípico con los cabezas de serie. Nos puede tocar una zona complicada. Esperemos que no, que nos toque el grupo menos difícil..."

A Alejandro Sabella se le cumplió el deseo. Y con creces. Argentina integró el grupo F junto a Bosnia Herzegovina, Irán y Nigeria. Pero eso no es nada. En el camino a la final, si todo iba como debía ser, Argentina enfrentaría a Suiza en octavos de final, a Bélgica en cuartos y a España, que después quedaría eliminada en fase de grupos, en semifinales. Pasado al idioma fútbol: sólo dos partidos bravos para ser campeón del mundo. Apenas 180 minutos para levantar la Copa del Mundo después de 28 años y en el Maracaná.

Los trámites administrativos cumplieron su parte, pero falló el equipo. Argentina jugó un Mundial flojo, pero aquel sorteo maquilló todo: disimuló las deficiencias de un plantel que ya empezaba a mostrar sus primeros síntomas de crisis de carácter con compromisos claramente beneficiosos hasta la semifinal, casi ridículos podría escribirse si se comparan con otros torneos ecuménicos.

Tras la fase de grupos, Argentina, que ganará sus tres partidos por diferencia mínima, convertirá sólo dos goles, uno de ellos en tiempo suplementario, para llegar al domingo 13 de julio en el impresionante escenario de Río. Ninguna de esas dos conquistas en los únicos dos partidos complicados.

La historia es bien conocida y muy cercana en el tiempo también. Argentina perderá la final con Alemania quizás en el mejor partido de todos los que jugó y allí comenzará una debacle impensada por la enorme jerarquía de un plantel que todavía es protagonista en el fútbol europeo pero flaquea increíblemente cuando se pone la camiseta de la selección.

Se irá Sabella, llegará Martino. En el medio morirá Grondona que ya había ungido al Tata y la AFA, a través de sus nuevos conductores, mostrará que todo es posible. Inclusive hasta empatar una elección en 38 cuando los electores eran 75. Debe aclararse que cuando se menciona a la AFA no sólo se incluye a Segura, Angelici o Tapia. También a Tinelli y D'Onofrio.

"Buscaremos mantener la línea de trabajo dejada por Alejandro (Sabella)", dijo el Tata cuando asumió tras un año complicado a cargo de Barcelona, por entonces el mejor equipo del mundo.

La selección de Gerardo no se pareció mucho a la de Sabella aunque lamentablemente repitió frustraciones en instancias decisivas: disputó y perdió las finales de la Copa América 2015 y la Copa Centenario 2016.

Sendas derrotas contra Chile fueron el golpe de gracia para un plantel muy poco afecto a recursos heroicos a pesar del enorme esfuerzo de un sector de la prensa por situarlos en ese lugar. Además, y aunque por penales, las finales fueron perdidas con Chile, un rival siempre inferior más allá de cualquier generación de futbolistas brillantes que pueda ofrecer. Porque si esta es la mejor selección de la historia de Chile, que seguramente lo es, Argentina transita la era Messi. ¿Y entonces? Entonces depende de la seriedad con la que se decida afrontar el análisis. La personalidad de las selecciones de Sampaoli y Pizzi fueron demasiado para un plantel de escaso carácter para afrontar adversidades. Increíble, pero real. El mundo al revés.

Cuando se fue Martino, llegó Bauza. El agua y el aceite. ¿Cuál es el proyecto?

Antes, Argentina fue a los Juegos Olímpicos con un plantel medio pelo y sin entrenamientos y con el Vasco Olarticoechea poniéndole el pecho a la desorganización que incluyó varias negativas de los presidentes de los clubes locales para ceder a sus futbolistas.

Mientras, del otro lado del Paraná, el gigante dormido empezaba a despertarse justamente en sus Juegos de Río de Janeiro, en los que por primera vez se quedaría con la medalla de oro, el único título que le faltaba.

Hoy Brasil volvió a ser Brasil y Argentina está frente a un partido límite frente a la selección de Perú.

La llegada de Sampaoli para reemplazar a Bauza terminó de demostrar, por si hacía falta, que no existe una línea de juego elegida. En realidad nunca la hubo: Menotti, Bilardo, Basile, Passarella, Bielsa, Pekerman, Maradona y los ya mencionados.

De aquel sorteo de 2013 a este momento pasaron casi cuatro años de finales perdidas, depreciación de la credibilidad y desgaste de los futbolistas.

Hoy Argentina no tiene el mejor plantel del mundo y quizás tampoco al mejor del mundo. Los jugadores del medio local empiezan a ganar espacio en desmedro de los desabridos futbolistas, hiperprofesionales, que llegan desde el Viejo Continente con el chip del fútbol europeo y sin capacidad para cambiarlo por el sudamericano.

El partido de hoy es una "final". La selección viene de caer en tres consecutivas. Pero la de esta noche es distinta: no se puede perder ni empatar.

A veces tocar fondo es la mejor solución para renacer, refundar. A Brasil le costó perder 7 a 1 frente a Alemania en su propia casa en las semifinales del Mundial.

Es de esperar que para la refundación de la selección argentina no sea necesario quedar afuera de Rusia 2018. Siempre es mejor recuperarse de un susto grande que de un estruendoso fracaso.

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