Ovación
Miércoles 19 de Julio de 2017

La cláusula de discusión

El ítem que les pone los pelos de punta a muchos dirigentes tiene su origen en una decisión de la Fifa tendiente a que los futbolistas no sean rehenes eternos de los clubes. Pero el tiempo la fue desvirtuando

Varios pases amenazaron con ser la novela del mercado de invierno en Argentina que arrancó a una velocidad espeluznante de la mano de River y ahora se tranquilizó. Pero ninguno de ellos puede sacarle el papel protagónico que tuvo, tiene y tendrá la tan mentada cláusula de rescisión.
   El caso paradigmático es el de Javier Pinola, cuya incorporación a River arrancó por la bendita cláusula, que ya a esta altura es motivo de observación y probable cancelación para algunos clubes y se cerró en términos más cordiales pero no necesariamente ideales para la dirigencia de Central. La entidad auriazul ya había sufrido los embates de la reglamentación cuando se fue Marcelo Larrondo. También a River.
   En Europa, la cláusula de rescisión es motivo de fuerte protesta de algunos poderosos. Real Madrid y Barcelona, por ejemplo, se quejan de aquellas instituciones o ligas que no utilizan la cláusula y se consideran en desventaja.
   En España es obligatoria, pero no pasa lo mismo con PSG de Francia, por ejemplo, que sólo les vendería a los dos españoles si su dirigencia quiere. Y encima los franceses tienen pensado ejecutar la cláusula de 222 millones de euros de Neymar, lo que generó un verdadero escándalo (ver aparte).
   Ricardo Schlieper, uno de los agentes de jugadores con mayor recorrido en Argentina, compara la cláusula con un contrato de alquiler en el que el locatario tiene la posibilidad de rescindir a los seis meses, pagando dos de indemnización (preaviso), o al año pagando un mes.
   “Nadie tiene por qué enojarse”, dice Ricardo, que en Argentina representa a Nicolás Tagliafico, Maximiliano Lovera y Milton Valenzuela, entre muchos otros.
   Y ahí parece estar el punto en cuestión. La cláusula está convenida entre las partes, por lo que el futbolista sólo aplica un ítem del contrato que, obviamente, está convenido.
   Schlieper también rompe el mito, o excusa, que muchas veces es el ca

ballito de batalla de muchas dirigencias.
   “La cláusula no necesariamente está vinculada con lo que cobra el futbolista. No es que una cláusula alta representa un salario alto, es algo que se conviene entre las partes, como todos los puntos del contrato”, explica Schlieper.
   En consonancia con Ricardo, Francisco Culasso, representante de Nahuel Guzmán, Cristián Ansaldi y Franco Escobar entre otros, dice que “cuando uno firma un contrato tiene que cumplirlo en su plenitud. No importan, no deberían importar, las presiones de los hinchas o demás”.
   “Es una creación del mercado europeo que no todos utilizan. Hay que entender que el jugador de fútbol es el eje principal de un negocio del cual viven todos. Si no hay jugador no hay fútbol, no hay espectáculo, no hay televisión, no hay periodistas, no hay representantes, no hay dirigentes. El día que se entienda eso, el fútbol va a recuperar su normalidad”, sostiene tajante Pancho, que en el último contrato de Guzmán debió aceptar/negociar con Tigres de Monterrey una cláusula de rescisión de 20 millones de dólares.
   Mucho tienen que ver en el papel estelar que juega la cláusula las decisiones de apuro y los parches que les ponen los dirigentes a las necesidades institucionales. A veces tienen el sí fácil para calmar el entorno y después, a la hora de cumplir los contratos, se agarran la cabeza o, lo que es peor, no los cumplen.
   Es común escuchar de boca de los representantes que la cláusula de rescisión es un marco de referencia sobre el que se apoyan las partes para negociar y es en ese punto en el que se comprende que no debería generar inconvenientes porque las reglas están, o deberían estar, claras.
   Forma didáctica de explicarla: es la indemnización del futbolista al club, del empleado al empleador, al revés de un contrato laboral convencional, que le permite al deportista no ser rehén de ninguna institución y a los clubes no perder parte de su patrimonio. Ni el jugador es esclavo del club ni este último pierde la inversión que realizó en su momento. Es un poco más beneficiosa para el deportista, pero de todas maneras las instituciones tienen atajos para emparejar las condiciones. Por ejemplo con una cláusula alta. En River, los contratos de la mayoría de los juveniles tienen cláusulas altísimas, que no responden a una cotización, pero sí les permite a sus dirigentes sentirse protegidos ante la libertad del futbolista de poder jugar dónde y cuándo quiere.
   Es una indemnización laboral del empleado. Por eso tiene que ser pagada por el jugador. Algunos se plantan ahí y piensan que una buena forma de desterrarla sería pedirle explicaciones impositivas al futbolista. La cláusula es la forma que encontró la Fifa para que el futbolista no dependa de la voluntad unilateral del empleador, en este caso los clubes. Continuará.


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