Central
Lunes 12 de Junio de 2017

La apuesta de Montero para los más chicos de Central es el tema en cuestión

Lovera fue el que más rédito sacó de esas chances, Rivas arrancó bien pero hace mucho que no juega y Alfani sólo fue titular en la Copa Argentina.

Lo que parecía finalmente no fue. Al menos hasta aquí. Y no quiere decir que el pensamiento o la forma de actuar de Paolo Montero se extienda en el tiempo. La participación de los juveniles de las divisiones inferiores en el primer equipo es el tema en cuestión. Tampoco es algo que por estos días represente una situación de vida o muerte en Central. Simplemente se expone la diferencia de aquellas palabras de principio de año en relación con la importancia que se tenía pensado darle al aporte de los más chicos y la escasa participación de los mismos, a excepción del caso de Maximiliano Lovera.

   La primera lectura que debe hacerse, de manera casi obligada si se quiere, es que el entrenador es quien está en el día a día con los jugadores, tanto con los más jóvenes como con los de mayor experiencia, y es él, además de tener la última palabra, el más capaz a la hora de tomar una decisión. Muchas veces una cara, un gesto o una actitud pueden significar más que una práctica.

   Hecha esa aclaración sí se puede hablar de lo que fue el aporte de los más chicos en estos tres meses que Montero lleva al frente del plantel. Con 13 partidos por el torneo local en el lomo, más uno de Copa Argentina, no es equivocado mencionar que Lovera fue el futbolista que más provecho sacó en este corto tiempo. Al menos el que mejor parece haber aprovechado las chances que se le presentaron. En todos esos encuentros, el DT echó mano (aunque sea para ocupar un lugar en el banco) a 9 futbolistas, con claras diferencias entre un caso y otro (ver infografía).

   Desde el primer día que puso un pie en Arroyito, Montero llevó bajo su mando a muchos juveniles a trabajar en el día. Hasta ahí una diferencia sustancial de lo que ocurría con el Chacho. Después, el correr de los partidos, las oportunidades entregadas y el aprovechamiento de las mismas por parte de los jugadores debía hacer el resto.

   "¿Hay juveniles a los que les ves capacidad para ser alternativa en el corto plazo?", fue la consulta al entrenador a mediados de febrero, en medio de la pretemporada y con varios días por delante para el reinicio del torneo. "Por supuesto. En algunos partidos amistosos se vio, como el caso de Alfani, Rivas y Lovera. Cualquiera de ellos están a la par de los que hoy pueden entrar a jugar. Nosotros los consideramos como al resto, la única diferencia es que Lovera y Rivas tienen 17 años y Alfani un poco más. Pero están considerados y el que esté bien va a jugar", fue la respuesta del uruguayo.

   Los primeros partidos del año marcaron un rumbo en esa dirección. Rivas y Lovera eran por ese entonces los principales protagonistas que ganaban terreno en ese escenario. Incluso, en el partido por Copa Argentina el propio Alfani fue el receptor de la cinta de capitán habiendo otros jugadores de más peso en el equipo (entre ellos Teo Gutiérrez). Ese día también tuvieron su chance Facundo Rizzi, Lovera, Rivas y Matías Mansilla.

   Pero algo cambió. Quizá haya sido el buen momento del equipo, en el que, posiblemente, Montero entendió que la experiencia debía estar por encima de cualquier apuesta. La muestra más cabal fue lo ocurrido en la previa del clásico, cuando las ausencias de Víctor Salazar y Cristián Villagra obligaron al entrenador a abrir el abanico de posibilidades. Y lo que parecía un crecimiento en las chances de Alfani terminó en una elección por Hernán Menosse, hasta ahí sin minutos en cancha en el año y ni siquiera una estadía en el banco de suplentes. Al partido siguiente, cuando también se cayó José Leguizamón (expulsado ante Newell's) apareció en escena Esteban Burgos, otro de los que había sido sometido a una especie de ostracismo (tampoco había estado nunca ni siquiera en el banco de relevos).

   Y con Rivas pasó algo similar. Una asistencia perfecta en el banco, un ingreso en un partido (Sarmiento) y con otras dos participaciones desde el primer minuto (Gimnasia y Aldosivi) habían marcado el termómetro del juvenil proveniente de Tiro Federal (llegó junto a Lovera a través del convenio realizado por la anterior gestión y roto por la actual dirigencia) pero ya no tuvo más apariciones. El pasado fin de semana ni siquiera estuvo en el banco y su participación se redujo al partido de reserva, al igual que ayer, en el postergado frente a Sarmiento. Mansilla ingresó en un partido (Temperley), Joaquín Pereyra en otro (Aldosivi), mientras que Rizzi y Diego Becker fueron alternativa en el banco pero sin minutos en cancha en otro par de encuentros. El único que siguió siendo una rueda de auxilio permanente fue Lovera.

   La cuestión no pasa por bajar el martillo y decir si lo que hizo Montero está bien o mal. El más que nadie sabe cuándo es el momento para los más chicos y por qué algunos están y otros no. Es más, hay ya algunos nombres a los que el DT ya les habría confirmado que no serán tenidos en cuenta, por lo que tendrán que buscarse club. No obstante, aquel presagio respecto a que los más jóvenes podían encontrar una mayor cabida que con Coudet tuvo un cumplimiento a medias. En algunos casos parece haber material, aunque son los propios jugadores los que deben buscarse su lugar primero y defenderlo después. Por lo pronto, para ello parece que habrá que esperar un tiempo más.

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