Ovación
Miércoles 01 de Febrero de 2017

Jugadas contra el Holocausto

El gran ajedrecista polaco Miguel Najdorf batió su primer récord en Rosario, mientras el nazismo le arrebataba a su familia.

"M.Najdorf inicia hoy la exhibición de ajedrez a ciegas, con la que intenta superar el récord mundial. Dirimirá supremacías contra cuarenta jugadores simultáneamente". Con ese título, larguísimo, La Capital del 9 de octubre de 1943 anticipó la visita a Rosario de Najdorf, gran maestro del ajedrez mundial, una de las figuras más importantes del siglo XX en la materia, nacido en Polonia y nacionalizado argentino. El ajedrecista ese día superó un récord mundial en la sede del Círculo de Obreros: jugó sin ver el tablero, reteniendo posiciones en su mente contra 40 tableros y venció tras 17 horas de juego. Pero la falta de un veedor oficial le quitó la posibilidad de que se le reconociera oficialmente semejante hazaña.

De todos modos esa no sería la única ni última desilusión que viviría el jugador de por entonces 33 años. Ese día, en esta ciudad, se le escapaba a Najdorf la posibilidad de saber si su familia, bajo el poder nazi, estaba viva o no. No pudo. Recién se enteraría al final de la guerra que sus padres (Gdalik y Raisa), sus hermanos (Jozek, Salek y Merik), su esposa (Genia) e hijita (Lusha) habían sido arrancados del gueto de Varsovia para ser asesinados en Auschwitz.

Najdorf, de familia judía, movió las primeras piezas a los 14 años cuando un día fue a buscar a un amigo. De adulto recordó en una entrevista que su amigo no estaba y el padre del nene, aburrido, lo invitó a jugar mientras esperaba. Sólo seis años después de esa tarde, Najdorf ya era maestro internacional. De la mano del jugador ruso Savielly Tartakower jugó como parte de la selección polaca sus primeras Olimpíadas de ajedrez en Munich, en 1936. Polonia cosechó la medalla de plata y Najdorf la de oro: un doble premio para él; casi una provocación para Hitler, ya en el poder.

Tres años después disputó sus segundas Olimpíadas, en Buenos Aires. Eran los VIII Mundiales de Ajedrez. Corría el año 1939, los nazis habían invadido Polonia y allá había quedado su familia. Como Najdorf no podía saber qué había sido de ellos comenzó a jugar contra el Holocausto.

Brindaba exhibiciones simultáneas y "sin ojos" con la idea y esperanza de que su familia se enterara de él a través de la prensa. En Rosario la jugada no le salió como esperaba, entonces volvió a intentarlo el 25 de enero de 1947, en San Pablo (Brasil), donde superó su propio récord. Disputó 45 partidas contra 83 participantes que eran releva dos al caer extenuados. La exhibición se extendió por casi 24 horas. Najdorf ganó 39 partidas, en cuatro hizo tablas y perdió sólo dos. Una hazaña: se calcula que retuvo 1.440 posiciones, 2.880 escaques y cerca de 1.800 jugadas. Aseguran las crónicas de la época que tuvieron que hospitalizarlo por "fatiga mental".

El rosarino Martín Lorenzini tiene 40 años, es representante olímpico y como Najdorf también es gran maestro (título que otorga la Federación Internacional de Ajedrez —Fide— a los jugadores de excelencia). Cuando se le pregunta por Najdorf, dice que fue uno de los mejores jugadores de su época.

"Tenía gran carisma y le dio mucho al deporte, al punto que tras su muerte, el ajedrez en Argentina decayó", arriesgó el también entrenador de la Secretaría de Deportes de la Nación y de la Asociación Rosarina de Ajedrez.

Lorenzini habla de las exhibiciones de Najdorf como jornadas extenuantes y de mucha tensión. "En una partida, en general de 4 a 6 horas, un ajedrecista puede perder hasta 3 kilos, se necesita mucho entrenamiento mental y físico, por lo tanto lo que hacía Najdorf era muy arduo", dijo el rosarino antes de contar lo que escuchó y leyó más de una vez.

"El se abocó a los récords para que fueran publicitados y así encontrar a su familia. Pero nunca lo logró porque fueron asesinados por los nazis. Leí que en una oportunidad, mientras viajaba en metro por Nueva York, Najdorf vio a un hombre leyendo un diario polaco. Se acercó a conversar en su idioma de origen. El hombre le preguntó a qué se dedicaba y le contestó que era ajedrecista. Y el hombre le dijo que tenía un pariente que jugaba muy bien llamado Miguel Najdorf. Había encontrado a un primo".

Najdorf realizó una exhibición en Bahía Blanca contra 222 tableros y en 1950 se enfrentó a 250. Participó en varias Olimpíadas representando a la Argentina. Y le jugó a varias personalidades de la política; Kruschev, Churchill, Fidel Castro, el mariscal Tito y el Che Guevara. En 1970, con 60 años, fue parte del encuentro "URSS versus resto del mundo". Empató con el ex campeón mundial Mijaíl Tal.

En Argentina se volvió a casar, tuvo dos hijas y cinco nietos. Liliana retrató a su padre luego de que murió en 1997: "Era un hombre muy difícil. Exagerado, hablaba a los gritos; arengaba, no discutía, no aceptaba que alguien esté en su contra. Pero, pedía perdón y enseñaba siempre, desde su imperfección, su vida dura, su generosidad, su narcisismo. La vida le quedaba chica, le quedaba un talle menos".

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