Ovación
Miércoles 11 de Octubre de 2017

Humildad, la mayor de las grandezas

Argentina es mundialista. Con los números sellados a fuego no hay con qué darle. Y si lo logró, bien merecido lo tiene.

Argentina es mundialista. Con los números sellados a fuego no hay con qué darle. Y si lo logró, bien merecido lo tiene. Un punto de quiebre a partir del cual comenzar a tejer un sinnúmero de análisis, pero sin dejar de repasar todos y cada uno de los pasos que hicieron de estas eliminatorias un camino con muchas más espinas que rosas. Ahora, Jorge Sampaoli, los jugadores y unos cuantos millones más de argentinos deberán buscar anclaje en la humildad para, a partir de allí, permitir que el crecimiento encuentre los atajos necesarios.

Fuera de discusión los merecimientos como la soberbia actuación de un fuera de serie como Messi, la humildad conlleva una ecuación sencillísima: Argentina no es, ni por asomo, esa potencia mundial a la que en la previa de cada partido se la pone como candidata excluyente. Haber llegado a la última fecha fuera de la zona de clasificación, con el ánimo destrozado y el fútbol hecho añicos, exime de comentarios.

Para Argentina siempre será mucho más sencillo con Messi en cancha, pero con el Messi de anoche en Quito. Con otras versiones más opacas no alcanza. Pero Leo, a quien siempre se le exige un poco más que al resto, no es quien deba acarrear para todos lados en su valija el traje de salvador.

La estructura es la que hasta anoche crujió y la que no tendrá una reparación mágica por lo que pudo considerarse una hazaña.

Ahora, tildar a lo de anoche como hazaña podría ser el primer baño de una humildad que hasta aquí perdió la pulseada ante la creencia de que hay un equipo capaz de llevarse todo y a todos por delante. Aunque sufriendo, objetivo cumplido. De aquí en más, copete más bajo y realismo para que la humildad sea la mayor de las grandezas.

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