Ovación
Jueves 29 de Junio de 2017

Hacer antes que comprar

Los clubes rosarinos deben poner en valor a sus inferiores para poder capitalizar el futuro futbolístico, porque en contrataciones Central gastó demasiado y Newell's se endeudó mucho más

La abuela decía que lo que no se hacía había que comprarlo hecho, pero advertía que comprarlo siempre salía más caro. Si este pensamiento se aplica a lo gastronómico, no sería necesario fundamentarlo porque la cocina de la abuela siempre ocupó un lugar de privilegio en la memoria colectiva de la mayoría de los nietos. Pero al tratarse de fútbol amerita una argumentación específica, nada compleja y de fácil comprobación, y que también le da la razón al citado refrán de la abuela.

En el último año y medio, Central y Newell's eligieron el camino de la compra, dejando en el pasado reciente la importancia de la producción propia, esa que cimentó históricamente los mejores logros de ambas instituciones en materia deportiva, además de haber constituido un proceso de capitalización insustituible.

Este análisis no conlleva una aseveración negativa sobre el trabajo en las respectivas divisiones inferiores, pero sí pone de manifiesto ese error recurrente de los dirigentes y de los responsables de las primeras divisiones de postergar el desarrollo futbolístico propio en pos de objetivos inmediatos. Donde gravitan más los supuestos costos políticos y personales que los reales costos deportivos e institucionales.

Es cierto que hay antecedentes de que jugar con los "chicos" implica un riesgo, tantos como aquellos ejemplos que demuestran que comprar jugadores de jerarquía no garantiza el éxito esperado.

¿Entonces? Es justamente el equilibrio entre ambas corrientes de acción lo que permite una construcción duradera, balanceada desde lo deportivo y financiero y con un capital que no se puede mensurar, porque hay un valor agregado que muchos no contemplan por la urgencia de ganar sea como sea.

Ese valor agregado está implícito en la formación cultural de jugadores autóctonos, que tienen incorporado un sentido de pertenencia que en la mayoría de los casos actúa como antídoto de las ingratitudes que produce este fútbol cada vez más mercantilista y que cada día se acentúa más sacando provecho de la impúdica doble moral de la mayoría de los directivos, jugadores y empresarios.

Central, impulsado por esa necesidad y urgencia de obtener un título que rompa con años de sequía, optó por transferir enseguida a los mejores jóvenes exponentes de la cantera canalla para así adquirir otros de mayor rodaje para un proyecto encarnado en Eduardo Coudet como entrenador.

El tránsito hacia el ambicioso objetivo y las considerables cifras ingresadas por las transferencias de Cervi, Lo Celso y Montoya hicieron soslayar el alto costo deportivo que podía significar postergar a determinados jóvenes canallas.

El Chacho desarmó el selectivo juvenil que supo conformar Miguel Russo, quien no sólo evaluaba de cerca las evoluciones de los jugadores de las inferiores sino que además los iba familiarizando con la máxima categoría.

Tal vez de no haberse modificado esto, Alfani hubiese llegado antes a su chance y así evitaba el costo innecesario de contratar a Ghissi, Burgos, Torsiglieri o Menosse. Como así mixturar antes en la primera división a Lovera y Rivas, entre otros. Algo que sí corrigió después Paolo Montero, ya en este nuevo proceso de reconstrucción en el que las arcas no lucen tan abundantes y las conquistas no se plasmaron.

En Newell's, y pese a una situación financiera muy precaria, la nueva dirigencia incurrió en el mismo error que la precedente y despreció a los futbolistas emergentes para también salir a gastar. Y gastó mucho. No sólo por todo lo que pagó en tantos jugadores que lejos estuvieron de amortizar el gasto sino porque demoró, y mucho, la capitalización de los juveniles a los que hoy acude por emergencia.

Es cierto que Diego Osella consiguió 48 valiosos puntos, y es verdad que es contrafáctico suponer cuántos habría acumulado si no hubiese hecho lo que hizo, como también lo es si el entrenador les hubiera dado más minutos de juego a varios de los jóvenes que el martes fueron titulares.

Porque hoy asoman en la superficie las respuestas a las tantas preguntas formuladas sin contar con el conocimiento que Osella, al igual que Bermúdez, sí tenía por convivir con el plantel en el día a día. Ya no hay dudas que Valenzuela pudo haber evitado el gasto en Voboril. Como así la erogación innecesaria que se hizo en Sills y Mansilla si se hubiera confiado en las condiciones de Elías o Rivero. Y ni hablar de evitar el pasivo que se generó con la exagerada contratación de Amoroso si se hubiesen fijado en Fértoli o Tissera.

Por supuesto que mixturar jóvenes en un equipo con la necesaria cuota de experiencia amerita mayor trabajo del entrenador para el ensamblado, más responsabilidad y paciencia en la cotidianidad, como así sapiencia a la hora de instruir y transmitir conocimientos. Pero para eso está el entrenador y para exigirle todo eso está el directivo, que debe tener como prioridad cuidar los intereses del club.

Por todo lo descripto hoy las realidades de Central y Newell's difieren de las vividas hace un año. Ahora ambos clubes están en la reconstrucción de sus equipos. Uno con menos dinero. Otro con más deudas. En ambos casos deben reformular estrategias.

Los canallas ya no están en condiciones de gastar sino que deberán invertir. Y en el mientras tanto revitalizar sus divisiones inferiores, porque hasta ahora lo producido y vendido fue heredado de las gestiones anteriores.

Los leprosos ni siquiera tienen margen para gastar. Cada acción debe ser inversión. Y debe capitalizar a los jóvenes (a los que sólo Bernardi como entrenador se animó a darles rodaje alguna vez) para así forjar sus inferiores.

Newell's y Central deben volver a las fuentes. Donde reside la esencia. Para así comprender que el mejor desarrollo es el que se construye, porque el que se compra siempre es más caro. Y no ofrece garantías.

Los refuerzos pueden ser polifuncionales

vEl fútbol por usos y costumbres contiene ciertas situaciones informales no reveladas cuando se trata de contratar a un determinado entrenador. Y en este cuadro de situación la Argentina no es una excepción. Porque si bien es cierto que existen muchas leyendas urbanas al respecto, también es verdad que otras están emparentadas con la realidad. No hay dudas de que hay muchos directores técnicos que trabajan sin condicionantes de ningún tipo, pero también están aquellos que ante las dificultades económicas de la entidad contratante buscan asegurarse sus honorarios de diversas formas: una de ellas es la contratación de determinados futbolistas. En tanto hay entrenadores que tratan de resolver sus necesidades futbolísticas a través del abanico de posibilidades que le ofrece su propio agente o por su intermedio. Por supuesto que ningún DT va a recomendar la llegada de jugadores que no le ofrezcan alguna solución futbolística, pero también es cierto que en este tipo de resoluciones es donde se explican varias de las incorporaciones que se realizan. Es por ello que el único reaseguro que tienen los clubes al respecto es el conocimiento y la integridad con las que procedan sus dirigentes y el control que ejerzan los socios.

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