Ovación
Lunes 09 de Octubre de 2017

Guayaquil le da cobijo al Zurdo en la previa de su partido más difícil

La ciudad ecuatoriana tiene un gran recuerdo de los tiempos en los que Sampaoli dirigía a Emelec. Espera el partido más difícil de su carrera en un lugar en el que fue muy feliz

La sensación es que todo lo que rodea a Guayaquil lo hace sentir como si estuviera en su casa a Jorge Sampaoli. Sólo la dictadura del destino pudo ponerlo justo en este momento de extrema preocupación en la ciudad que respira tanta historia para él. El Zurdo esperará el partido que le hará un tajo a su ciclo como DT de la selección argentina paradójicamente en un lugar que forma parte de sus recuerdos imborrables. Es que para Sampa volver a respirar el aroma de La Perla del Pacífico, como se la conoce en la jerga turística a Guayaquil, aún lo oxigena. Y como hombre que se deja atrapar por los tentáculos de las remembranzas, aún guarda postales inolvidables de su paso como técnico de Emelec.
   Los hinchas del conjunto eléctrico también tienen presente todo el tiempo al casildense. Ya en el primer contacto en la calle se pudo comprobar que la impronta del Zurdo dejó sus huellas cuando dirigió en este país. Por eso cuando escucharon que la consulta era para un diario de Rosario enseguida se pegaron un viaje al pasado y repasaron las imágenes de aquella noche en el estadio George Capwell, cuando el equipo por entonces dirigido por Sampaoli sacó de la Libertadores 2010 al Newell's de Sensini.
   "Cómo nos vamos a olvidar de esa noche en la que eliminamos a Newell's de la Copa. Ganamos gracias a un gran planteo de Sampaoli. Acá se lo recuerda con mucho cariño. Nos sacó campeones varias veces y daba gusto ir a ver en ese tiempo los partidos de Emelec. Ahora estamos en una situación incómoda con relación al partido que se jugará el martes en Quito. Por un lado nos gustaría que Sampaoli pueda ir al Mundial dirigiendo a Argentina. Pero también tenemos nuestro corazón en el país y queremos que Ecuador gane", le contó a Ovación uno de los agentes de seguridad que ayer a la tarde esperaba apostado en la puerta del hotel Hilton que llegara la delegación argentina.
   Mientras en Guayaquil todos lo recuerdan, el Zurdo sabe que en su estadía ecuatoriana no tendrá tiempo para echarle un vistazo al espejo retrovisor. A lo sumo recibirá por respeto la visita de viejos conocidos o actuales dirigentes de Emelec, pero su cabeza carburará al pulso de la parada que se jugará mañana contra Ecuador en los 2.850 metros de altura de Quito. Desde el empate sin goles contra Perú que se la pasa explorando los recovecos para intentar salir de esa nube de escepticismo y descrédito que se posó sobre su conducción al frente del seleccionado. Está convencido de que desde ese instante una atmósfera mediática puso en funcionamiento la maquinaria para despedazarlo. Porque ya comprobó que cada vez son más los que lo señalaron como responsable de todo, y de lo que no también. Entendió que ya son pocos los que piensan que es el Pelado revolucionario que aceptó calzarse el buzo de entrenador de la selección para desafiar tendencias, empujar los límites y devolverle al equipo un rostro reconocible por las cosas bien hechas.
   Sampaoli se reencontró con Guayaquil, una ciudad que siempre lo protegió y lo quiso como a un hijo, sabiendo que lo único que importa es que la selección argentina vaya al Mundial 2018. O, al menos, dispute el repechaje contra Nueva Zelanda. Por más que al DT no le guste, el reduccionismo conceptual sólo contabiliza ese resultado. Cualquier otro atajo que le haga tomar al equipo y que no llegue a Rusia 2018, le harán saber que su contacto con los grandes escenarios habrá sido tan fugaz como su ascenso meteórico.
   "El Zurdo vio al grupo con muchas ansias de rebelarse. La vida que le dio el triunfo de Paraguay en Barranquilla lo terminó de convencer de que van a ir al Mundial", hizo saber alguien cercano al grupo del casildense que prefirió el anonimato.
   Quizás por eso en la conferencia que dio tras la igualdad contra los peruanos entregó una fuerte energía motivadora. Derrochó optimismo cuando en el aire se respiraba pesimismo químicamente puro. Dejó pasar las horas, que todo decantara por su propio peso y optó por enjaular a ese alguien hiperquinético que lleva adentro. La arenga puertas adentro se apoyó en los pilares emotivos. Apretó esa vena de Lionel Messi y Javier Mascherano, los señalados para evitar el naufragio.
   Así son las cosas para el técnico de la selección argentina. Podría decirse que los caprichos de la geografía o el calendario de las eliminatorias sudamericanas trasladaron a Sampaoli hasta una de las ciudades que más feliz lo hizo cuando se subió a esa aventura de dejar su Casilda natal para trascender en el mundo del fútbol. Y hoy Guayaquil vuelve a cruzársele en el camino para darle cobijo en la previa del partido más trascendente de su carrera.

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