Newell's
Miércoles 26 de Julio de 2017

Granero, un hombre de contactos con el fútbol y la política

Con un lejano y efímero antecedente de delantero vistiendo la camiseta de Independiente de Puerto San Julián, Carlos Alberto Granero llegó al fútbol grande de la mano de Carlos Quieto.

Con un lejano y efímero antecedente de delantero vistiendo la camiseta de Independiente de Puerto San Julián, Carlos Alberto Granero llegó al fútbol grande de la mano de Carlos Quieto, empresario que tuvo su cuarto de hora exportando jugadores al América de Colombia en los 80, los años de esplendor deportivo del equipo de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, los "capos" del Cartel de Cali. Santacruceño, abogado, peronista y con estrechos contactos en el mundo de la política, Granero fue testigo privilegiado y anfitrión en "Moliere", su coqueto restaurante de San Telmo, de la proclamación de la primera fórmula presidencial K, Néstor Kirchner-Daniel Scioli, la que ganó antes del ballottage en mayo de 2003.

En Talleres desembarcó en 1996, como representante del entrenador Ricardo Gareca, cuando ya tenía su propia empresa de representaciones futbolísticas (Balón SA) y había acumulado experiencia como asesor de la presidencia de Boca Juniors durante la conducción de Antonio Alegre y Carlos Heller, antes del desembarco de Mauricio Macri. Después acercaría sponsors, negociaría con los que reclamaban el pago de "los intereses" de los aportes que solventaron la aventura de la Copa Conmebol 99 y saldaría deudas del club a cambio de pases de jugadores. Si lo hizo de su propio bolsillo, nadie lo sabe. Su cercanía con el kirchnerismo siempre lo puso en la sospecha de estar moviendo dinero ajeno. Después de la quiebra de la entidad albiazul, el 28 de diciembre de 2004, creó la empresa Ateliers SA, formó una alianza estratégica con el club Saint Ettiene de Francia y se presentó como candidato para gerenciar a la T. Le alcanzó con muy poco: un capital social de 12 mil pesos y su condición de único oferente que se amoldó sin reparos al marco legal impuesto por el juez Carlos Tale.

Las malas decisiones deportivas, los desmanejos en el semillero y el recelo de los hinchas por su cercanía con el ex presidente Carlos Dossetti (él fue quien regateaba por el pase del enganche Darío González el 22 de octubre de 2004, cuando de repente "planchó" la negociación, impidió que el plantel levantara un paro en vísperas de un clásico con Belgrano y provocó el infarto que alejó para siempre de Talleres al ex directivo y precipitó el quebranto institucional) le fueron minando el camino. "Este es el sueño del pibe", declaró en julio de 2005, cuando asumió como máxima autoridad de la T y prometió el campeonato para el equipo y la estatua para Emilio Nicolás Commisso, su primer DT. La gestión del Nene duraría apenas ocho partidos. En enero de 2008, Granero vendió Ateliers en 2 millones de pesos. El comprador fue el empresario cordobés-mexicano Carlos Ahumada Kurtz, que ya acumulaba pasos en falso en los clubes Santos Laguna y León, y una vez concluido su gestión en la T, con descenso al Argentino A incluido, continuó su derrotero por San Luis, primero como concesionario de Juventud Unida Universitario y luego como mandamás de Estudiantes.

Aunque se alejó de los lugares que solía frecuentar, Granero tuvo que volver un par de veces a Córdoba para responder a una denuncia por los supuestos delitos de "falsedad ideológica" y "defraudación por administración fraudulenta" en el marco del proceso licitatorio que lo llevó al más alto pedestal de la entidad de barrio Jardín. Con Andrés Fassi, el preparador físico devenido en empresario del poderoso Grupo Pachuca del fútbol azteca y que fue elegido presidente cuando la Justicia les devolvió la administración del club albiazul a los socios a fines de 2014, Granero hizo buenas migas a partir de las negociaciones con Boca Juniors por la transferencia del delantero tucumano Sebastián Palacios, jugador que él mismo representa, a comienzos de la temporada 2017/2018.

Hugo Caric / Diario Perfil / Córdoba




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