Ovación
Lunes 17 de Julio de 2017

Federer: de pie, señores, de pie

Lo hizo de nuevo. A 23 días de cumplir 36 años, Roger Federer levantó ayer el trofeo de Wimbledon por octava vez, más que ningún otro tenista en la historia

Lo hizo de nuevo. A 23 días de cumplir 36 años, Roger Federer levantó ayer el trofeo de Wimbledon por octava vez, más que ningún otro tenista en la historia. El genial suizo se adueñó del título más importante de todos tras borrar la resistencia del croata Marin Cilic, con contundentes números: 6/3, 6/1 y 6/4. Se llevó el torneo sin ceder un solo set.

La estadística entrega otra cifra asombrosa: es el Grand Slam Nº 19 que RF suma en su palmarés. En cantidad de títulos ganados, con sus 93 se ubica tercero en la lista, a sólo uno de los 94 que acumuló el checo Ivan Lendl y aún lejos de los 109 de Jimmy Connors, pero no debe olvidarse que el legendario Jimbo llegó a esa cifra sumando torneos de mucha menor competitividad que los que ha ganado Federer.

Quienes aman el tenis deben ser conscientes de que están asistiendo a un fenómeno irrepetible, no únicamente por la brillantez sin parangón de Federer sino por la simultaneidad entre su carrera y las del español Rafael Nadal (15 títulos de Grand Slam) y el serbio Novak Djokovic (12). Entre los tres suman 46 GS, y Federer y Nadal son el 1º y el 2º de esa tabla privilegiada. Más atrás quedaron leyendas como Pete Sampras, Rod Laver o Bjorn Borg.

Pero más allá de la certeza incuestionable que aportan los números, lo que debe rescatarse de la hazaña de Federer es el modo en que

la ha concretado: jugando un tenis excepcional. Tras la lesión en la rodilla que lo mantuvo fuera de las canchas por medio año, el suizo ha plasmado un regreso que su propio archirrival Nadal calificó como uno de los mejores de la historia. ¿Cómo lo hizo? Imprimiéndole a su juego una velocidad de vértigo, no sólo subiendo cada vez que puede a la red sino pegándole a la pelota de sobrepique. Verlo jugar es un placer estético supremo.

A quienes creen que la belleza y la caballerosidad son parte esencial del deporte, los alegra que Federer prolongue su leyenda. Y celebran ser contemporáneos del dios de la raqueta.

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