Ovación
Sábado 25 de Marzo de 2017

Es pan para hoy, pero hambre para mañana

Siempre es aconsejable decir las cosas tras una victoria. De frente y para que no haya malentendidos.

Siempre es aconsejable decir las cosas tras una victoria. De frente y para que no haya malentendidos. La selección argentina ganó el jueves contra Chile la final del mundo, como bien se escribió hace unos días en esta misma página de opinión. En ese sentido, nobleza obliga a no borrar lo que se dijo. Pero vale la pena ir a Rusia 2018 a dar realmente pena. Esta reflexión no busca caerle con todo el peso de la ley de la crítica a Edgardo Bauza. A esta altura ya no dan ni ganas de usar al Patón de punching ball. No lo merece porque viendo el rendimiento del equipo no queda otra que pensar que hace lo que puede. O que difícilmente Argentina juegue más o menos a algo con él como entrenador.

Cómo estarán quemados todos los papeles que ayer se habló más del extraviado rendimiento del equipo que de la victoria. Y eso que con estos tres puntos se patearon varias piedras que obstaculizaban el camino al Mundial. Pero ya ni con Messi alcanza. Leo pateó un penal regalado, pero que era una bola de fuego. Porque fue justo frente al mismo arquero (ex compañero en Barcelona) y nada menos que contra Chile, el mismo seleccionado que lo empujó a decir en la final de la Copa América Centenario que la selección se había terminado para él. Por suerte procesó con más sosiego lo que había dicho y está de nuevo izando la bandera de la sublevación para intentar levantar esa copa del mundo que se le negó en Brasil 2014. Gracias a Dios, Messi sigue y con él las esperanzas nunca se pierden. No estaría nada mal ensayar una mirada introspectiva para darse cuenta de que con Bauza el equipo nunca tendrá vena competitiva ni rebeldía. Es cierto que se impone una profunda renovación de nombres. Aunque tampoco sobran jugadores mejores de los que hay. Por eso no tiene sentido acorralarlo al Patón en ese punto. La selección muestra el mismo manual de estilo con el que siempre se manejó el ex técnico de Central en su carrera. Un equipo químicamente puro de Bauza es el que se desnudó de pie a cabeza ante el funcionamiento de Chile. Un Patón genuino es el que declaró que la selección jugó un "partido brillante". También es una realidad incontrastable que con estos mismos apellidos, Gallardo o Sampaoli ya le hubieran encontrado una mecánica de juego reconocible a la selección.

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