Ovación
Jueves 25 de Mayo de 2017

En un mismo lodo todos manoseaos

"El resto del volumen de la pirotecnia y los muñecos seguramente estaban muy bien escondidos en el interior del estadio".

"El resto del volumen de la pirotecnia y los muñecos seguramente estaban muy bien escondidos en el interior del estadio". La frase de Diego Maio, coordinador de Seguridad en Competencias Deportivas y Espectáculos Masivos de Santa Fe suena insulsa. No hace falta hacer referencia a si hubo alguna aseveración del mismo tenor después del banderazo. Aquel jueves en el Coloso, los ataúdes y las banderas con inscripciones agresivas estaban ahí, a la vista de todos. Igual debe consignarse que se trataba de un festejo interno, por lo que el operativo es de las puertas hacia afuera. Pero, en el clásico nadie pudo evitar, entre otras cosas, que la manga para los jugadores de Central se abriera como corresponda. En el Gigante, la enorme cantidad de pirotecnia lanzada desde la popular y desde la platea del río también estaba ahí, instalada con antelación. No es que una banda de descolgados llegó sobre la hora con los morteros y los colocaron ordenadamente el borde del foso y de manera simétrica. Hay un armado previo, que requiere tiempo (y anuencia de la dirigencia, claro). Detectarlo implicaría una recorrida (ni siquiera tan minuciosa) por las plateas algunos minutos antes del inicio del partido. Los muñecos y las banderas tampoco aparecieron por arte de magia. Inspección de cancha, a marzo.

Cuánto aportaría que cada uno se haga responsable de la parte que le toca. Porque para los responsables de la seguridad de la provincia todo se hace cuesta arriba si desde las dirigencias juegan a las escondidas y para citas de este tipo sacan del ropero los trajes de hinchas en lugar del de dirigentes. Que el secretario leproso José Menchón haya dicho ayer que "no hubo agresiones" (¿sabrá que el partido se suspendió porque un proyectil le provocó una herida en la cabeza al primer juez asistente?) no colabora. Que el presidente canalla Raúl Broglia declare "en el minuto 93 lo perdimos en nuestra cancha, pero en ese minuto ellos abandonaron" también es orinar fuera del tarro. Querer demostrar mayor protagonismo en el antes, durante o después del clásico "más vibrante", "más caliente", "más apasionante" del mundo es darles pastos a las fieras. Y complicarles la vida a los responsables de la seguridad provincial, que, vale decirlo, antes de explicar cómo un cartón o madera con forma de ataúd (también estuvieron en Arroyito) o un mortero de fuegos artificiales o 50 bebotes ingresan a una cancha debieran entregar las causas de la muerte de María de los Angeles París, la bibliotecaria del Complejo Educativo Gurruchaga, de 45 años, que fue a hacer una denuncia y terminó esposada y encerrada en un calabozo antes de morir.

Está bien que Maio además haya reconocido que "claramente hubo un error en el operativo". Resta que los dirigentes logren separar lo que es folclore de incitación a la violencia y también entiendan el peligro que corren los hinchas en medio de un festejo desmedido. Pero eso sería en una ciudad donde la armonía debiera arrasar con todo y limpiar el lodo en el que hoy están todos manoseaos.

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