Ovación
Miércoles 05 de Abril de 2017

El miedo, el peor de los rivales

Es la marca que dejó la balacera que hirió a dos nenes en el club Defensores de América de Parque Casas hace poco más de un año

Es la marca que dejó la balacera que hirió a dos nenes en el club Defensores de América de Parque Casas hace poco más de un año

¿Pasó un año y todos otra vez a la cancha como si nada? No. "Los chicos volvieron a jugar pero el miedo no se va, temblamos cada vez que escuchamos tiros". Esto reconoció ayer en diálogo con Ovación la presidenta del club Defensores de América, Miriam Monjes Vargas. La mujer está al frente de la entidad deportiva de Washington y Casiano Casas, donde el 24 de marzo del año pasado una balacera se disparó desde las afueras del club en dirección a las canchitas de fútbol donde jugaban a la pelota nenes de unos 7 años.

Dos de esos pibitos, Gino y Benjamín, terminaron con balas en las piernas, aunque salvaron sus vidas. Y en ese instante, en ese mismo instante y hasta hoy, la palabra "miedo" se incrustó en cada uno de los actores que cuentan el episodio ocurrido hace poco más de un año en el barrio Parque Casas, al noroeste de Rosario.

Los adultos del barrio se reunieron. Intentan seguir. Si hasta entre el municipio y el club tienen casi listo un paredón con vistas a separar a las canchitas del playón donde se reúnen las "juntas", según dicen en el vecindario.

"Sólo faltan una columnas y también pondremos un alambrado", dijo la presidenta, con un nieto de 4 años entre las huestes del club .

Pero a pesar de eso, jugar como si nada, lo que debería intentar cada uno de los cien pibes de entre 4 y 13 años que todavía va al club, se hace difícil. Más que sacar una mancha.

A partir de ese fatídico día desaparecieron casi por completo los padres y los chicos de las clases 2010 y 2011. Gino y Benjamín (ambos canallas y admiradores de Marco Ruben) no sólo dejaron de patear la pelota por varios meses. Sufrieron internaciones, rehabilitaciones y perdieron clases. Recién ahora están intentando de nuevo con la redonda, pero en otros clubes.

"Gino quedó nervioso, no quiere que le hablen del tema. Ahora hace unas semanas lo anotamos en Cosecha (la sede de Nuevo Alberdi de Rosario Central). Camina normalmente, pero por ahí dice que le duele Y se tuvo que mudar del barrio con la familia", dijo su abuela, María Luisa Esteban.

Benjamín también se recuperó luego de tres meses de kinesiología y se animó a calzarse nuevamente los botines, pero para Adiur. Su mamá Verónica Palacios aún está asustada y enojada: con el club, con la escuela que no le guardó el banco a su hijo, con el Ministerio de Educación que no le mandó una maestra domiciliaria, con lo que le costó el tratamiento. Y también con las balas.

Miedo, el peor de los rivales

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