Ovación
Sábado 24 de Junio de 2017

El Kily sí supo decir que no

Sólo alguien que no se paseó por los recovecos en los que descansan los negocios del fútbol puede creer que los futbolistas profesionales juegan por amor a la camiseta.

Sólo alguien que no se paseó por los recovecos en los que descansan los negocios del fútbol puede creer que los futbolistas profesionales juegan por amor a la camiseta. No existe ni existirá jugador que sólo se desviva por adoración a su club. O, mejor dicho, sí hubo en los últimos tiempos un jugador surgido y amado por el hincha de Central al que no se le nubló la vista por tener adelante de sus ojos un contrato millonario de Boca o River, como le pasó a Javier Pinola. Estas líneas no persiguen ubicar a Pinola en el paredón de fusilamiento como están haciendo en este momento los hinchas de Central. Lo que sí busca es reforzar la creencia que no todos los jugadores actúan igual en situaciones parecidas. Porque en 2006 a Cristian González también lo corrieron con un camión de plata, en aquel momento fue Boca, y el Kily prefirió mirar para otro lado. Arregló su vuelta a Central por un contrato holgadamente inferior al que ofrecían Boca y los clubes que lo querían para que siguiera en Europa. Alguno dirá con razón que cuando Mauricio Macri, por entonces presidente xeneize, le ofreció esa montaña de dólares la rechazó montado en la comodidad que le daba la fortuna que había amasado en Europa. Es probable que haya sido por eso. También es cierto que el Kily tuvo la misma oportunidad que otros jugadores tallados en Central, quienes también tenían una cuenta bancaria abultada, pero se obnubilaron con los billetes y no regresaron. El Kily le dijo que no a Boca para darse el gusto de volver a Central. No sólo lo hizo con un contrato con varios ceros menos que el que tenía el de Boca, sino que cobró un sueldo standard, como el de cualquier hijo de vecino.

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