Clásico rosarino
Viernes 12 de Mayo de 2017

El clásico de los gestos: muestras de convivencia para imponer un cambio cultural

Los principales protagonistas, y también los anónimos, volvieron a dar el ejemplo esta semana para imponer un cambio cultural en Rosario sobre aquellos que aún piensan que el fútbol es de vida o muerte.

Ojalá sea más que una sensación, pero de ellas se alimentan y se consolidan los relatos. Desde hace un tiempo que los gestos fueron nutriendo las previas y ayudaron a esta percepción que contribuyeron, y enormemente, a la paz en los clásicos. A que sólo se hable de fútbol. Fue de arriba hacia abajo, pero también de abajo hacia arriba. Lo hicieron los profesionales, los verdaderos protagonistas, pero también los anónimos. Todos ellos fueron demostrando que es posible la convivencia, que un partido enfrenta a rivales y no a enemigos. Y, por supuesto, todavía hay mucho por andar en ese camino para que culturalmente la normalidad sea ese clima permanente y el de los violentos la excepción.

En la previa al partido ante San Lorenzo, falleció el abuelo de Marco Ruben, que justo no le tocaba jugar por estar suspendido. Luego de la cita en el Nuevo Gasómetro jugó Newell's en el parque ante Independiente y, pese al dolor de la derrota y de haber perdido una gran oportunidad de quedar a un punto de la cima en vísperas del clásico, el capitán Maximiliano Rodríguez tuvo un gesto que lo enaltece. En nombre del plantel leproso, le mandó a su par canalla un "abrazo grande por el duro momento que está viviendo". Lo humano ante todo, un gesto tremendamente emotivo.

Después se fueron sucediendo ese tipo de encuentros. Como el año pasado, cuando Javier Pinola y Sebastián Domínguez debatieron con los chicos y docentes del Normal 2, ahora Néstor Moiraghi y Renzo Alfani tomaron la posta para otra cita bárbara, enriquecedora, donde se debatió el tema de la violencia y hasta de los cánticos racistas que sufrió en La Plata el defensor colombiano Frank Fabra. Con altura, sin misterios, con ganas de contribuir a ese escenario donde sea posible el diálogo.

La escena se repitió con matices ayer en pleno Ludueña, en el club Suderland, donde tres de los principales jugadores leprosos junto a dirigentes y los tres principales directivos canallas (ver páginas 8 y 9) compartieron un espacio donde los chicos canallas y leprosos de distintos clubes de la zona además jugaron al fútbol, posaron juntos para la foto y también dieron un ejemplo bárbaro. Las caras más reconocidas dieron el ejemplo, como cuando el Patón Guzmán y el Melli García jugaron a la pelota en Villa Banana, junto a otras figuras de Newell's y Central.

También están los más anónimos, muchos de los cuales van a las tribunas propias ya que aún los visitantes no pueden volver. Hace rato que protagonizan el clásico en distintas barriadas, como en Tiro Suizo en la plaza con el Che Guevara de fondo y como en la zona de Provincias Unidas y José Ingenieros, donde también desde hace mucho tiempo se reúnen, juegan un fútbol 7 y luego auriazules y rojinegros comparten un asado, ritual ambos que se repetirá mañana.

Se recuerda el encontronazo Osella-Montero cuando el uruguayo dirigía Colón, pero ambos seguramente dejarán cualquier resquemor de lado como el resto de los responsables para que de este partido sólo se hable de fútbol. Como viene pasando, como parece que se está instalando, con los cuidados y los mimos que hay que hacerle continuamente para que sea la verdadera fiesta que Rosario se merece, más allá de quien termine descorchando el champán. Para que no terminen en el primer plano aquellos pocos que, como ayer en un sector de la barra durante el banderazo rojinegro exhibiendo cajones auriazules, aún no entienden que no se trata de "matar o morir". Ellos no estuvieron en la sintonía de las mayorías, de los grandes protagonistas y de los ignotos, que en toda la semana siguieron apostando por un el clásico de los gestos, donde Newell's, Central y el fútbol rosarino pueden ganar por goleada.

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