Ovación
Viernes 20 de Mayo de 2016

El Chacho Coudet se pasó de rosca sobre el final del partido

En un cierre tan apretado, con situaciones tan definitivas en los minutos finales, se puede comprender que haya mucho nerviosismo.

En un cierre tan apretado, con situaciones tan definitivas en los minutos finales, se puede comprender que haya mucho nerviosismo. Pero nada justifica la pérdida de equilibrio. Más la de un cuerpo técnico. Ni una palabra de más ni un gesto injustificado puede desatar la reacción que tuvo Eduardo Coudet cuando el partido concluyó, que salió disparado detrás del colombiano Alexander Mejía, incluso hasta llegar a cruzarse con hinchas, forzando una turba que exigió a una endeble disposición de personal de seguridad.

Fue una imagen fuerte. Una de las últimas de una noche picante, que se calentó recién sobre el final del partido, tras el gol de Berrío. Así, cuando el partido había concluido, el Chacho se trasladó de una punta a la otra, directo adonde se encontraba Mejía, que no lo vio venir porque, parecía, estaba agradeciendo por la clasificación, con la cabeza gacha. Tal vez por eso el DT canalla se haya contenido a la hora de golpearlo, porque pareció que había llegado con esa intención. Lo hizo con el puño derecho cerrado, en posición como para sacar el golpe. Tras el partido el técnico adujo que el mediocampista lo cargó tras el gol y después del partido. Es más, la imagen del Chacho en medio de la locura fue haciéndole señas al jugador que había hablado de más.

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Coudet se mostró irascible e incontrolable en ese momento, a tal punto que obligó a que propios y extraños intentaran calmarlo y sostenerlo, configurando un bochorno de magnitud, que lo tuvo como protagonista.

Después otra vez corrió varios metros, rodeado de policías, pa- ra intentar mantener una charla con el árbitro, que a esa altu- ra estaba detrás de una fila de efectivos. Ya no había dema- siado que hablar, sólo se trataba de asumir la derrota, que tuvo más argumentos en lo que no hizo Central que en una provocación de algún jugador colombiano.

Los manotazos, empujones y discusiones en un tumulto del que participaron jugadores, los bancos de ambos equipos, los efectivos policiales y de seguridad, fue el peor cierre para un partido copero, remitiendo esa imagen a viejas épocas de las Libertadores que ya se suponían superadas.

¿El origen? En el tercer gol de Nacional, que decretaba la eliminación del Canalla de la Copa. Allí Berrío puso demasiado énfasis en el festejo, que tuvo un único destinatario: Sebastián Sosa, sentado en el piso, con la mirada fija y sin moverse. Esa actitud del delantero hizo que Damián Musto reaccionara también de la peor manera. El volante central entró en escena con una patada directamente al cuerpo del jugador colombiano. Ahí sí el tumulto, al que se sumó Sebastián Pérez, que había sido reemplazado en el primer tiempo. En ese momento Marlos Moreno seguía hostigando al arquero auriazul.

Los ánimos se calmaron después de un par de minutos. Pero tras el pitazo final del uruguayo Daniel Fedorczuk los cruces verbales y amenazas de golpes volvieron a ganar la escena. En un final que fue bochornoso. Típico de Copa Libertadores. Una verdadera pena. Porque lo que hizo fue reflotar la consideración extranjera de que los argentinos no saben perder.


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