Selección argentina
Domingo 22 de Enero de 2017

El Camello del Patón

José Daniel Di Leo acompaña a Bauza hace 22 años y está convencido de que sería imposible trabajar sin él a su lado.

"Lo que siempre traté de hacer y creo que lo logré, más allá de la amistad, es respetar el lugar de cada uno, el de él y el mío. Nunca me abusé de nuestra relación fuera del trabajo. El es un tipo muy exigente y exige de la misma manera a todos los que están a su alrededor".

   José Daniel Di Leo y Edgardo Bauza empezaron a hacerse amigos allá por 1986, cuando el Patón volvió de Independiente para salir campeón con el equipo de Zof en mayo de 1987. Desde entonces, la relación se hizo indestructible.

   "Me acuerdo que cuando volvimos de la pretemporada empezamos a ir a tomar café todos los días al bar que está al lado de la sede (Junior). Fue una amistad que fue creciendo rápido".

Quizás haya sido porque vos jugabas de cuatro y el de seis y le tocaba cerrar para el otro lado o porque jugaba Hernán Díaz. No creo que Balbis piense lo mismo.

   Jajaja, no, no, no, somos grandes amigos con Jorge también. Además siempre fui un gran marcador de punta (más risas).

   El Camello va y viene fiel a su personalidad. De a ratos serio, por momentos muy gracioso, una veta que bien pudo ser su medio de vida si no trabajara en el fútbol. Vuelve a ponerse serio.

   "Generalmente cuando surgen problemas muy importantes, graves te diría, los soluciona Patón (nunca dice el Patón, no usa el artículo, jamás lo usó). Pero todo lo demás que hace a la vida de un plantel trato de licuárselo, solo o con el profe, lo máximo posible para que tenga que hacerse cargo de lo que yo no puedo resolver y no se distraiga con cosas menores. La cuestión es sacarle la presión de los problemas mínimos, que él se preocupe sólo por dirigir el equipo y analizar a los rivales. En definitiva, abstraerlo del día a día. Me beneficia que generalmente tengo buena relación con los jugadores. Quizás sea porque nosotros somos de trabajar mucho con los que no juegan, a Patón le gusta mucho eso. Entonces, el que juega está contento y el que no, está conforme.

Me imagino que en la selección ese escudo protector es mucho más grande.

   Excede todos los límites. Se magnifica todo de una manera increíble. Por ahí estás tranquilo en Ezeiza porque no pasa nada, prendés el tele y parece que se está incendiando el predio. Ahí hay que abstraerse sí o sí porque si no te la pasás escuchando cosas que nunca pasan. Eso también es parte importante de nuestro trabajo porque es muy difícil desentenderse de todo lo que genera la selección argentina.

¿La estrategia es protegerse tratando de enterarse lo menos posible lo que se dice afuera?

   Te contesto sólo por mí: ciento por ciento. Respeto mucho el trabajo de cada uno y fuera de micrófono generalmente se los digo a ustedes, a los periodistas. Pero prefiero ver fútbol y los informativos sólo para estar al tanto de las lesiones y esas cuestiones. Si no hiciera eso me terminaría peleando con ustedes y jamás me peleé con ningún periodista. Como entiendo el trabajo, me tendría que poner a discutir todo el día y al fin y al cabo ustedes tienen sus razones y yo tengo las mías.

De todas maneras no tenés que renegar mucho con las reacciones de Bauza porque es más tranquilo que agua de tanque.

   Ni hablar, a veces me hace poner nervioso lo tranquilo que es. La verdad es que no lo puedo creer y eso me obliga también a mí a estar tranquilo.

¿No es una pose que asume porque es la postura más aconsejable para su profesión?

   No, no, no. No sólo es tranquilo sino que genera tranquilidad y eso es muy importante en un fútbol de tanta ebullición.

¿Es el tipo ideal para ser el técnico de la selección en este momento?

   Sin dudas, para la situación que se vive es el tipo ideal. Para parar la pelota y ver cómo viene todo y no meterse en la vorágine que te lleva para cualquier lado. Creo que agarrar la selección cuando lo hicimos era bravo porque había mucha incertidumbre. Después vimos que no era así, que estaba todo acomodado.

   Mientras Bauza jugaba sus últimos partidos en Central, Di Leo ya lo miraba desde la tribuna, pero con el chip del entrenador puesto.

   "Yo ya tenía menos rodilla que una araña. Cómo será que miraba un partido de la reserva y se me hinchaba la rodilla", exagera el inefable Camello que por entonces armaba carpetas de trabajo, viajaba en ómnibus a ver entrenamientos de otros equipos en Buenos Aires y transitaba firmemente el camino hacia el director técnico.

   "En el 94 cuando Patón agarró como coordinador de las inferiores de Central me llamó para que lo acompañara y fue el mayor acierto de toda su carrera (carcajadas del periodista)... Lo más lindo es que vos te creés que lo digo en joda, pero estoy convencido de que es así. No sé por qué, pero cada vez que digo esto se me cagan de risa.

¿No se te ocurrió cortarte solo?

   No, imposible.

¿Imposible?

   Sí, es lo que pienso. A menos que mi empleado (así lo menciona a Bauza) me raje. A veces me pongo a pensar y realmente estoy convencido de que sería imposible trabajar sin Patón. Tengo mucha libertad para trabajar. Pasamos juntos muchos momentos difíciles en los que nos atacaron de todos lados. A mí no me hace falta demostrarme que soy técnico trabajando solo porque Patón me hace sentir que soy un entrenador todos los días. No le tengo que demostrar nada a nadie, estamos muy bien juntos. Somos amigos, creo que conformamos un buen cuerpo técnico y la gente que me quiere sabe cómo y quién soy. Y eso es suficiente. No me hace falta cortarme solo para demostrarle nada a nadie, pero fundamentalmente no me tengo que demostrar nada a mí mismo. Llegué muy alto, arranqué dirigiendo la décima de la Rosarina y lo hice todo con laburo.

¿Y el día que Bauza decida ser presidente de Central, vos que vas a hacer?

   Vicepresidente boludo, qué voy a ser (risas)... Pará, pará, pará, ¿de dónde sacaste que Patón quiere ser presidente de Central? A mí nunca me dijo nada...

Comentarios