Ovación
Jueves 23 de Marzo de 2017

Edgardo Bauza y Juan Antonio Pizzi, un par de canallas y viejos conocidos por un lugar en Rusia

Bauza y Pizzi, dos emblemas de Central, estarán frente a frente en el choque Argentina-Chile por Eliminatorias sudamericanas. Un duelo de selección después de una relación de años.

Son tantas las vueltas que tiene el fútbol que de vez en cuando se presenta un escenario atractivo. De esos platos fuertes que ameritan atención e invocan casi de manera obligada a poner la memoria en ejercicio. Cuestiones que tienen que ver con lo emocional o que pueden enmarcarse en ese terreno de coquetas historias. El Monumental será el lugar indicado. Las eliminatorias sudamericanas, el contexto. Las urgencias de ambos lados serán algo así como la pizca de pimienta en un partido con dos entrenadores archiconocidos por el fútbol rosarino, más específicamente del lado de Rosario Central. Edgardo Bauza de un lado. Juan Antonio Pizzi del otro. Ambos referentes en el mundo canalla. Los dos ex jugadores, que incluso llegaron a compartir equipo. Los dos entrenadores. Los dos estuvieron a un peldaño de meterle un sello indeleble a sus nombres con un título portando el buzo de DT en Arroyito. Ni hablar de la relación que los unió y que fortaleció lo que ambos son cuando uno era técnico y el otro respondía dentro del campo de juego, aunque todos decían en ese entonces que quien jugaba era el técnico dentro de la cancha. Era verdaderamente así.

   Es imposible no relacionar los apellidos de Bauza y Pizzi con Central. Mucho más difícil resulta no emparentarlos con una relación fluida y cordial. El abrazo que seguramente protagonizarán en la previa del partido será una muestra cabal de ese respeto que hoy seguramente siente uno por el otro. Serán maestro y alumno. Frente a frente. Aunque en esta oportunidad, que no será la primera, como cabezas de grupo, uno en cada banco. El fútbol ya hizo de este tipo de encontronazos una sana costumbre. A veces haciendo chocar a jugadores o técnicos de equipos rivales de toda la vida. A Pizzi le tocó, por ejemplo, también a nivel de selección, enfrentar a Gerardo Martino (en eliminatorias sudamericanas y también en la Copa América Centenario, en Estados Unidos), por citar sólo un ejemplo. Lo de ahora tendrá un torrente sanguíneo únicamente con tinte auriazul.

   "Si me traen a Pizzi peleamos el campeonato", dijo el Patón a mediados de 1999, cuando el aún centrodelantero jugaba en River tras su paso por Barcelona. Cuánta razón tenía el por entonces DT canalla. Fue el recordado torneo Apertura 1999, en el que después de una notable remontada a mitad de campeonato Central llegó hasta la última fecha con chances de ser campeón. Los 43 puntos, una cifra extraordinaria para lo que eran los torneos cortos, no le alcanzaron al equipo de Bauza, que quedó a uno del campeón River.

   Ya por ese entonces se decía que el Patón era el técnico afuera de la cancha y que Juan hacía de las suyas dentro del rectángulo de juego. Quienes tuvieron la chance de ver jugar a ese Central recordarán lo que era Pizzi en el verde césped. No sólo hacía goles, lo que era su fuerte, también ordenaba jugando y haciendo jugar. Hoy parece ser el indicado para darles las instrucciones del caso a la referencia de área de la selección chilena. Lo propio puede hacer Bauza con los zagueros centrales, atendiendo que el ritmo con el que se juega hoy no es el mismo que el de la época en la que el Patón hacía las veces de jugador.

   Pizzi convirtió de cabeza el segundo tanto canalla en la noche de Cali, cuando se jugaba una patriada importante por los cuartos de final de la Copa Libertadores 2000. Era el gol que le permitía al equipo ir a los penales (se había impuesto 1 a 0 en el Gigante frente a América), instancia en la que se impuso para lograr el pasaje a semifinales. Después de ese gol corrió hasta el banco de suplentes para fundirse en un abrazo con una persona en particular. Había ido en busca nada menos que del Patón. Quizá haya sido la imagen por excelencia que expone de manera más elocuente la relación que supieron forjar. Una relación en la que una figura se retroalimentaba con la otra. Una relación que había tenido sus primeros capítulos con los dos como jugador, compartiendo plantel en los fines de la década del 80.

   El tiempo de a poco los fue poniendo en sus respectivos lugares, ya como entrenadores y forjando sus propios destinos. Con carreras ilustres. El Patón con títulos sobre el lomo, entre los que se destacan las Libertadores que obtuvo con Liga Deportiva Universitaria de Quito, Ecuador, y después con San Lorenzo. A esa disputa internacional pudo afrontarla porque el conjunto azulgrana había logrado el pasaporte por haberse coronado campeón del fútbol argentino algunos meses antes. ¿De la mano de quién? De Juan Antonio Pizzi. Ni más ni menos. Se pasaron la posta.

   La pelota siguió rodando en el mundo y en el plano sudamericano fue preparando un terreno fértil para ambos. Martino dejó el seleccionado argentino y el nombre apuntado para asumir el convite de dirigir el seleccionado argentino fue el de Bauza. Del otro lado de la cordillera sucedía algo similar con Jorge Sampaoli, después de que Chile lograra la Copa América de 2015 en tierras trasandinas. Allí aterrizó Pizzi, un técnico que intenta hacer jugar a sus equipos bajo parámetros similares a los del Zurdo.

   Y si de selección se trata, hay un mayor rodaje por el lado del ex 9. Es que Pizzi lleva no sólo algunos partidos más al frente de la Roja en eliminatorias sudamericanas (8 por sobre los 6 del Patón), sino que además el ex delantero ya hasta sabe lo que es disputar una Copa América. Y encima ganarla, como ocurrió en Estados Unidos el año pasado.

   Igual las urgencias les caben a los dos. Este partido que se viene en el Monumental de Núñez los encuentra en una posición no del todo deseada, pero básicamente a expensas de la implicancia que pueda tener una derrota. Más por el lado de Bauza, a quien le urge más ganar justamente porque Argentina está un escalón por debajo del equipo de su viejo y gran amigo.

   De pensamientos futbolísticos con intenciones similares pero disímiles en cuanto a la concepción. Tal vez porque uno haya sido defensor y el otro delantero. Uno con una única premisa: asegurar el cero en su arco. Y el otro con otra: empujar una y otra vez hasta romper. Al menos en el imaginario colectivo está instalado que Bauza es de privilegiar más el orden y Pizzi de ir con mayor convicción para adelante. En sus pasos por Central como entrenadores dejaron algo de esos sellos que aún parecen conservar.

   Paridos y criados futbolísticamente en Central. Dos emblemas de Arroyito que el destino pone frente a frente. Una vez más. Pero en medio de un escenario particular: comandando equipos de selección. Bauza y Pizzi. El Patón y Pizzigol. El otrora defensor y el ex delantero. En el tablero de ajedrez que puede surgir de este enfrentamiento entre Argentina y Chile cada uno atenderá su juego, después del seguro abrazo que protagonizarán sobre la pista atlética del Antonio Vespucio Liberti o en cualquiera de los dos bancos. Una canallada en el marco de las eliminatorias.


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