Ovación
Miércoles 06 de Septiembre de 2017

Del apoyo que pedía el Zurdo Sampaoli a la incredulidad por el resultado

El Monumental lució colmado y confiado pero en el final el público reprochó el empate.

Toda la pasión se instaló en el Monumental. Como en las viejas épocas. Esta vez la gente hizo explotar el estadio con el fin de empujar a la selección nacional hacia los puestos de vanguardia. Pero ni eso alcanzó para conmover a un equipo que se fue silbado, excepto Lionel Messi. El rival invitaba para que se armara una fiesta y se pudiera gozar de los goles que hasta ayer le habían sido esquivos. Y el recibimiento, con fuegos artificiales y música de fondo, hizo latir con intensidad todos los corazones argentinos. Pero todo terminó en profunda desazón.
En distintos lugares de la ciudad los carteles indicadores informaban que a las 15 una amplia zona cercana a la cancha iba a estar cerrada. Las expectativas pronosticaban una multitud de almas que iban a dar el presente. Y esas presunciones se cumplieron porque tres horas antes de que arrancara el juego las calles en Núñez se plagaron de camisetas celestes y blancas. Y la bondiola asada fue la gran vedette de la jornada y le hizo sombra al clásico choripán. Sampaoli quería el respaldo total de la gente y su equipo lo tuvo.
Todo era entusiasmo y confianza porque enfrente iba a estar Venezuela, la selección colista de las eliminatorias y que sólo competía por el honor como lo viene haciendo desde hace varias fechas. El mismo se acrecentó en la bolsa de los valores anímicos cuando Bolivia hizo valer su poderío en casa y venció a Chile por la mínima diferencia para estancarlo en la tabla y cederle la chance al equipo de Jorge Sampaoli de superarlo en puntos. Y, a la vez, Colombia rescató una igualdad con el clasificado Brasil.
Todo a pedir de boca. Todo era expectativa. Cuando cada uno de los jugadores fueron anunciados, sin dudas que Messi se llevó la mayor ovación, pero detrás de él aparecieron Mascherano y Di María. El detalle: cuando llegó el turno de Mauro Icardi también hubo una ovación que sonó en los cuatro costados de la cancha. Lo único que igualó el final fue el aplauso a Leo (ver aparet). Lo demás fue reproche pero hasta en ese gesto hubo resignación e incredulidad.


Entre la desazón, la devoción por Messi

El amor por Lionel Messi es el que no se evapora a pesar de los resultados. Permanece inalterable. Como anoche antes del juego y que se mantuvo igual al final. A pesar del empate que no alcanzó para mucho. "Messi, Messi", fue el cántico de aguante que se escuchó cuando el árbitro pitó por última vez y desató una silbatina intensa.
La selección sigue siendo Messidependiente. Es el genio que debe frotar la lámpara para hacer funcionar el andamiaje argentino. Y cuando él no puede mover la red al resto le cuesta una enormidad, a pesar de que son jugadores cotizados y que en sus equipos son tremendos goleadores. La camiseta albiceleste pesa mucho más.
Si todo debe depender de Messi ahí está el gran problema. Para colmo, ayer Angel Di María tenía un funcionamiento muy diferente a lo mostrado ante los uruguayos. Estaba picante pero una nueva lesión lo sacó rápido.
Messi carga con todo el peso de la responsabilidad y el resto parece intentar acompañar. La Pulga necesita de un socio, ser asistido para romper en los últimos metros a cualquier defensa, pero cuando debe recorrer una larga distancia se le complica. Más aún como anoche ante las dos murallas de Venezuela para defender la igualdad. Eso sí, la gente lo banca igual.

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