Central
Miércoles 15 de Marzo de 2017

De la idea de Paolo Montero se vio muy poco el domingo en el Gigante

Los principales postulados a los que el DT hizo referencia en la previa del reinicio no se cumplieron a rajatabla.

Los principales postulados a los que Paolo Montero hizo referencia en la previa del reinicio no se cumplieron a rajatabla. Quizá allí deban encontrarse las explicaciones de la derrota en el debut

La derrota en el reinicio ya es parte de la historia. No por ello se debe olvidar todo lo hecho, tanto lo que decidieron encuadrar en la columna del haber como el resto, que indefectiblemente reposó de manera mansa en la columna del debe. Más de 80 días de trabajo fueron los que tuvo Paolo Montero para formatear el equipo a su antojo, atendiendo, claro, a que nada iba a resultar del todo sencillo porque en el medio había justamente una nueva idea futbolística a la que se le pretendía dar vida. El flamante entrenador auriazul llegó con algunos postulados tácticos, sobre los que machacó desde el primer día, y a los que intentó que sus dirigidos cumplan al pie de la letra. Mejor dicho, que el equipo pueda llevarlos a cabo. Hubo cosas que se pudieron haber cumplido, a cuentagotas por cierto, y otras que directamente se pegaron el gran faltazo en la primera presentación del canalla en 2017. Montero fue en busca de algunos ítems en particular. ¿Se cumplieron?

Intensidad. A nadie escapa que la versión anterior de Central, del Chacho, tenía un sello particular: arrancar a un ritmo intenso y terminar, en la medida de lo posible, en los mismos decibeles, sabiendo de lo difícil que ello resulta. Esto simplemente a modo de introducción. No es intención entrar en comparaciones que a esta altura tendrían poco sentido. Pero sirven de disparador algunas consideraciones que el propio Montero hizo en la previa del reinicio de la competencia. "Este equipo venía jugando de una manera muy intensa y pretendemos que siga haciendo lo mismo". Palabras más, palabras menos, fue lo que dijo el DT uruguayo después del amistoso contra Vélez, en el Gigante. ¿Qué ocurrió el domingo ante Godoy Cruz? El equipo arrancó con un ritmo frenético, haciendo gala de su intención de llevar constantemente las riendas del partido. La presión ejercida en los primeros 20 minutos marcó una clara tendencia, aunque no entregó los frutos pretendidos. En ese lapso hubo ritmo, intento de asfixia sobre la salida del rival y mucha presión, hasta que el Tomba comenzó a amoldarse al partido. Quizá no hubo una baja en la intensidad del juego por parte de Central, pero sí otra forma de actuar por parte del equipo mendocino. Tampoco puede afirmarse que Central haya sufrido una merma en cuanto a lo físico. Es que cuando esa presión dejó de surtir cierto efecto, la cosa se emparejó.


   El juego. Lo busca Montero en Central. Lo buscaron todos los técnicos anteriores a él y hacen lo propio todos los equipos del fútbol argentino. Quizá sea el punto más flaco que haya mostrado el canalla a lo largo de los 90 minutos. Se insiste en la dificultad de poder jugar de una manera determinada cuando hay intérpretes que ya no están, pero hay alternativas. Y en la búsqueda de las mismas, Central quedó rengo, a remolque de su impericia o de algún que otro arresto individual de alguna de sus principales figuras. Montero le entregó la responsabilidad de generar a Mauricio Martínez, lo que fue toda una apuesta. El resultado no fue el esperado. Porque la participación activa que tuvo el ex Unión en el juego no contó con los destellos necesarios que deben formar parte de un equipo agresivo con la pelota en los pies. Ni siquiera se analiza esa posesión que hoy está tan de moda en el fútbol argentino, que de hecho tampoco existió. O al menos no tuvo una injerencia llamativa. Lo dicho, Martínez intentó ser el conductor cuando un par de semanas antes, cuando no todos confiaban en la recuperación que finalmente tuvo Pinola, figuraba como el principal candidato para arrancar como zaguero central. De estar a un tris de tener que despejar todo lo que se podía venir pasó a calzarse el traje de armador. Pero que el equipo no haya funcionado con sus mejores luces no es sólo responsabilidad del volante. Al lado y adelante tuvo intérpretes que tampoco estuvieron a la altura. Claramente, lo colectivo debe imponerse en la pulseada por sobre las individualidades.

   Poner los centrales en mitad de cancha. Quizá sea el punto que más cerca estuvo del ideal, con algunas particularidades por cierto. Durante los minutos que Central le metió vértigo al partido, tanto Leguizamón como Pinola pudieron darle vida a esa idea. Cuando Godoy Cruz se sintió capacitado para jugar de igual a igual, la cosa cambió un poco. De a ratos mucho colaboró el gran nivel que mostró Pinola, quien jamás le temió a ese postulado de quedar mano a mano con el delantero rival. Es más, no falló prácticamente nunca (fue el jugador que más recuperaciones tuvo y no cometió ninguna infracción). La jugada del gol de Godoy Cruz tal vez sirva como ejemplo en esto de que no siempre se jugó como se anhelaba. Es que cuando Pol Fernández tomó la pelota lo hizo en tres cuartos de cancha, sin marcas por parte del mediocampo y con una defensa demasiado cerca del Ruso Rodríguez y retrocediendo con enormes dificultades. A partir de ese momento sí los centrales se pararon más adelante, pero en parte se dio porque Godoy Cruz prefirió replegarse un poco y le dejó más terreno todavía a un Central que sí puso a los zagueros más cerca del meridiano.

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