Ovación
Viernes 20 de Enero de 2017

Cuando hacer pis se convierte en un calvario

En la historia del deporte, mundial o local, varios casos relacionados al control antidoping quedaron archivados en la memoria.

En la historia del deporte, mundial o local, varios casos relacionados al control antidoping quedaron archivados en la memoria. Por resultados, por las atletas a los que esos resultados involucraron, por repercusión mediática o por el mero impacto sobre la disciplina. Y si bien este caso no se ubica debajo de ese paraguas de posibilidades, sí se guarda en la memoria. Al menos del selecto grupo que fue testigo en la Liga Mundial de 2013. Fue la primera edición de ese certamen que acababa de implementar la Federación Internacional de Hockey (FIH), pero también el torneo en el que "la china no podía orinar".

Aquel diciembre en San Miguel de Tucumán fue abrasador. Hasta hoy el recuerdo del calor agobiante que oprimía cualquier tipo de idea, de ganas de hacer algo, vuelve a modo de sensación. Para cuando llegó la Liga Mundial a la provincia hacía más de dos meses que no caía una gota de lluvia. Lo que se vivía daba cuenta de eso. No se podía respirar. En ninguna parte. Las altas temperaturas eran el tema recurrente, más de uno no puede creer hasta el día de hoy que se pueda sudar la gota gorda a la medianoche estando sin hacer nada. Pero era la realidad y había que aguantársela. No quejarse podía ser estratégico, mejor reírse: sino, que lo digan las jugadoras holandesas que intentaban hacer huevo frito al costado de la pileta. Sí, las Naranjas desafiaban al calor y rompían huevos en el cemento del hotel y apostaban entre sí si el sol los cocinaría o no.

Lo cierto es que ante el calor incesante, húmedo y atroz sólo había una forma de sobrevivir: tomando mucho líquido. Muchísimo. Las botellitas de agua y gaseosas, por ejemplo, no tenían tiempo de enfriarse en las heladeras que no daban abasto: había que ver. Por eso nadie se explica qué le pasó a la jugadora china que no podía orinar.

Durante la Liga Mundial, que se jugó en el estadio de Natación y Gimnasia, se disputaban cuatro partidos por día. En una de esas jornadas a China le tocó el tercer turno, el de las 18. Terminó el partido, cerca de las 20.30 y desde ahí empezó el "temita de la vejiga". La jugadora china a la que había que hacerle el control antidoping no podía orinar. Por suerte, mientras tanto, jugaban Las Leonas en el último turno y el día se cerraba tarde. En la salita del análisis, la china, las mánager de su equipo, miembros de la Federación Internacional, la Confederación Argentina y las "chaperones" (personas que acompañan al jugador sorteado hasta que orina) seguían en la vigilia. Final del partido de Las Leonas, con todo lo que ello significaba. El furor leonino, las demoras, los autógrafos, las fotos y por último la salida del colectivo del estadio. Corrían ya 30 minutos del día siguiente, tiempo suficiente como para haber terminado con todo... Todo menos el pis de la china.

Para entonces, hasta los bichos se iban yendo. Las luces del estadio iban quedando en off y las instalaciones vacías. Las caras atónitas de los involucrados lo decían todo: ¿cómo podía ser que después de tantas horas la jugadora no pudiese orinar? Ni hablar del rostro de la propia involucrada. Si estaba nerviosa, unos cuantos pares de ojos encima no son el mejor aliciente. En una charla posterior una ex Leona le confirmó a Ovación: "Es cierto, te siguen hasta abajo de la cama hasta que mees". Por si alguien duda de la veracidad del hecho.

Para acelerar el proceso de la jugadora china surgieron algunas propuestas: la primera fue hacer descalzar a la jugadora y hacerla caminar por los pasillos. Quizás el fresco de los mosaicos daba una mano. Pero, ¿qué fresco se podía encontrar en un lugar donde el promedio diario era de 40º? Fallido. Plan B: que la jugadora china camine descalza mejor en el sintético, que tiene agua. Fallo otra vez. Plan C: ¿Y si la hacían caminar sobre cubitos de hielo? Tampoco. Nada.

No era de mala onda, pero la verdad era que todos, absolutamente todos los que esperaban por el "tarrito de pis", estaban agotados, con ganas de irse a bañar, comer y descansar. La actividad en el estadio arrancaba bien temprano al otro día. ¿Y qué hacer? No se podía suspender el control de ninguna manera. Así fue como todo el grupo decidió trasladarse al hotel en el cual se hospedaba la delegación asiática. Horas. Más horas. Traba total en la vejiga y por fin, de madrugada, se dio lo que se tenía que dar. Nadie entiende hasta hoy qué pasó. Algunos hablan de nerviosismo por parte de la jugadora, de presión, de estrés... No se sabe cómo fue posible después de haberse hidratado tanto antes, durante y después del partido, de haber corrido en el calentamiento, en el partido y en el pos partido. Después de haber caminado por baldosas, agua y hielo.

Dicen otros testigos, también de un grupo selecto, que durante los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando Las Leonas cayeron en la semifinal ante Holanda, estaban devastadas, por lo cual Diego Maradona bajó de la tribuna y fue al vestuario a hablarles, a darles ánimo. Ese día, el control antidoping había elegido a Luciana Aymar. Cuando a Lucha le dijeron que el Diez, su ídolo, estaba con sus compañeras salió corriendo. Bordeó buena parte del estadio y atrás le salieron las oficiales que no podían perderla de vista.

Aquella historia, la del control antidoping de Lucha, recorrió canales de televisión y regó páginas de diarios. Tuvo final feliz: el abrazo con Diego, la charla y el control que no pasó a mayores. De la otra, la de la china, no se dijo casi nada. Como mucho cada tanto el tema sale en una mateada entre alguno de aquellos testigos involucrados. No fue ni pomposa ni mediática. Pero adornó aquella primera edición de la Liga Mundial. Vaya para ella este homenaje por el sufrimiento que le provocó. Un homenaje del que también se pueden agarrar los ansiosos, los que se anulan o los que se estresan, aunque sólo se trate de hacer pis.

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