Ovación
Domingo 05 de Febrero de 2017

Correr sin permiso

En 1967, Kathrine Switzer se atrevió a correr un maratón de 42 km, una prueba hasta entonces sólo para varones.

Ojalá pronto, muy pronto, nos podamos reír de las denuncias coléricas de quienes se escandalizan, aún hoy, al ver un torso femenino al desnudo. Ojalá las mujeres podamos definitivamente ir por la vida sin pedir tanto permiso. No será fácil, claro está. Dependerá apenas de que una se anime y luego, como siempre, se necesitará del apoyo de muchas y muchos más. Habrá que insistir y resistir. De esto sabe muy bien Kathrine Virginia "Kathy" Switzer, la primera mujer que se "atrevió" a correr un maratón de 42 kilómetros, oficialmente registrada, cuando era algo prohibido para el mundo femenino.

Su "impertinencia", en el maratón de Boston en 1967, habilitó de allí en más a todas las mujeres a correr los kilómetros que se les antojara si las piernas les resistían. Un derecho del que por 70 años habían gozado sólo los varones.

Hoy, cualquiera puede ver a ese impedimento como algo ridículo. Y puede hasta reírse del episodio que vivió Switzer hace sólo 50 años. Pero hay que analizarlo dentro de ese contexto histórico como una verdadera audacia y una conquista.

Es que en los 60, se consideraba a la resistencia física de las mujeres como inferior a la masculina. Y por lo tanto, ellas sólo podían correr un kilómetro y medio. Peor aún, el prejuicio se reforzaba con el argumento de que el esfuerzo físico provocaba la caída del útero, agrandaba demasiado las piernas y hacía crecer el bigote.

Por eso, lo de Switzer no es sólo un logro deportivo: no sólo corrió esa vez sobre el asfalto por más de cuatro horas y 20 minutos junto a un pelotón de varones. Fue a contracorriente de decenas de mandatos pseudocientíficos y patriarcales. Y despejó el camino para que cinco años después, a las mujeres se les permitiera el maratón. Y siguió, como hacen los corredores cuando ya no dan más pero agotan sus últimas reservas. Switzer se convirtió en una activista en favor de las mujeres corredoras y participó de una campaña para incluir a las mujeres en los maratones de los Juegos Olímpicos.

Switzer nació hace 70 años en Amberg, una ciudad alemana y nunca paró de correr (ganó el maratón de Nueva York, de 1974, y quedó segunda en el de Boston, de 1975, donde logró su mejor marca con un tiempo de 2 horas, 51 minutos y 37 segundos).

De hecho, hoy día, sigue. Y alienta a participar del tradicional maratón femenino "261MW" (261Wome´s Marathon), en Palma de Mallorca. Una carrera bautizada con el número que llevaba ella en el pecho esa polémica mañana en Boston. Aunque se supo hace pocos días a través del facebook de la carrera, que lamentablemente, la edición número 4, programada para el próximo 2 de abril, se suspendió por falta de recursos económicos. Como siempre, habrá que seguir peleando. Esta vez para que el maratón 2017 se corra alguna vez.

¿Pero qué pasó aquel día en que el mundo del atletismo comenzó a hablar de esta mujer? La propia Switzer, actualmente escritora y comentarista de televisión, además de maratonista, lo contó más de una vez a lo largo de estos años en múltiples notas y videos.

Alentada por su padre, Switzer corrió desde pequeñita y se sumó al equipo de atletismo de su universidad, la de Siracusa (Nueva York). Llevaba tiempo entrenando distancias que hoy se consideran de medio fondo y se había preparado poco más de tres meses para el maratón de Boston. Estaba en estado, al punto que a tres semanas de la carrera ya completaba los 42 kilómetros. Pero el esfuerzo ya no era el problema, sino cómo se iba a inscribir en una carrera en la que no se prohibía la presencia femenina: directamente no se la consideraba. Resolvió anotarse con las iniciales "KV Switzer". Así se presentó esa fría y húmeda mañana del 21 de abril.

"Fui a correr con mi entrenador Arnie Briggs y mi novio, jugador de fúbol americano Tom Miller", cuenta en un video de la BBC News, en el que también se la ve con el número 261, conjunto de jogging, zapatillas Adidas y melena suelta al hombro.

"Los otros corredores se asombraban al verme y decían: "Una chica" y Arnie, orgulloso les respondía. "Sí, yo la entreno". Los fotógrafos desde una camioneta me vieron y me pedían que vaya más despacio porque no querían quedarse sin fotos. Pero allí estaban también los directores de la carrera. Uno de ellos Jock Semple, el más combativo, hizo detener la camioneta y corrió detrás de mí, a los tres kilómetros de la carrera, al grito de "lárgate de mi carrera y sácate el número". Tenía el rostro más feroz que vi en mi vida. Estaba fuera de control. Yo estaba aterrorizada y de repente, Tom mi novio, le dio un empujón que lo hizo volar. Todo ocurrió frente al camión de prensa. De pronto todo se calmó. Miré a Arnie y le dije: "Creo que te puse un gran problema", pero él me dijo que "no". Yo ahí pensé que iba a terminar la carrera sobre mis manos y mis piernas si era necesario o pensarían que las mujeres no podíamos. Que no éramos capaces. La terminé en mucho tiempo, pero esa carrera cambió mi vida", contó.

Pero obviamente la cuestión no terminó allí. Switzer contó que se sorprendió al ver las fotos de ella tironeada por Semple en la prensa y que no fueron pocos los periodistas que al escribir la crónica le preguntaban qué estaba tratando de probar.


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"¿Eres sufraguista?", "¿estás en una cruzada?", la interpelaron. Y ella respondía: "Sólo estoy tratando de correr".

El codirector de la carrera se justificó diciendo que la presencia de Switer podía provocar la pérdida de los permisos para celebrar la maratón. Lo que el directivo de la carrera, y muchos no sabían, es que la bostoniana Roberta Bobbi Gibb, también había corrido el maratón aquel año y el anterior, pero sin inscribirse, sin número y prácticamente a escondidas bajo un buzo con capucha. Y encima acabó una hora por delante de Switzer. Recién en 1996 se le reconocieron sus triunfos y se incluyó su nombre en el palmarés de la prueba. Tarde, como la lucha de miles de mujeres, pero llegó, y sin pedir permiso.

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