Ovación
Jueves 09 de Febrero de 2017

Como en un cuento de Fontanarrosa

Atlético Tucumán llegó tarde a su primer partido internacional de visitante, casi pierde los puntos, jugó con camisetas y botines prestados y venció a El Nacional y la altura de Quito.

En julio se cumplirán 10 años de la muerte de Roberto Fontanarrosa. El 19 de julio. Sus cuentos no perdieron actualidad ni lectores, más bien todo lo contrario. La pena máxima es que no hay nuevos. El disfrute de sus relatos inigualables transforma a sus adoradores, o sea a casi todos, en personas insensibles y egoístas que lo que más sienten es la ausencia de su narrativa. No obstante, el martes a la noche, involuntariamente, el plantel de Atlético Tucumán le hizo un homenaje al inolvidable Negro.

   Roberto se hubiera hecho un festín con las peripecias del Decano tucumano que llegó tarde, muy tarde, al primer partido internacional de la historia del club que debió jugar como visitante, tuvo que salir a la cancha con camisetas prestadas, desafiar a la altura de la capital ecuatoriana y finalmente ganar para instalarse en una nueva instancia de la Copa Libertadores.

   Como todo equipo del llano, Atlético esperó hasta último momento en Guayaquil para viajar sobre la hora a Quito y mitigar de esa manera los efectos de los 2.850 metros sobre el nivel del mar.

   Había que pulir hasta el último detalle para intentar el batacazo ante El Nacional, que se había llevado un muy valioso 2 a 2 del Jardín de la República.

   Cuando el vuelo chárter estaba por despegar, las autoridades del aeropuerto internacional José Joaquín de Olmedo se lo impidieron porque no estaba habilitado para viajar de Guayaquil a Quito, un trayecto que no supera en ningún caso los 30 minutos.

   Todos los otros vuelos estaban cerrados y casi no quedaban alternativas por tomar.

   Mientras, en Quito, los dirigentes de El Nacional aseguraban que se aferrarían al reglamento y pasados los 45 minutos de espera se darían por clasificados a la siguiente fase, la tercera, de la Copa Libertadores. Pero intervino la Conmebol.

   Atlético pudo finalmente tomar un avión de Latam, cuyo vuelo logró reabrir gracias a una gestión oficial. En ese avión había apenas 22 lugares disponibles. El Deca, como les gusta decir a sus hinchas, llegó a la cancha tres horas después de lo que había previsto y el partido se jugó igual. Arrancó a las 22.42, 1 hora y 27 minutos después de lo reglamentario.

   La aeronave que trasladó al plantel no tenía capacidad para transportar la utilería, aunque tampoco habría habido tiempo de traspasar todos los bolsos desde el avión prohibido al de ocasión.

   Mientras Atlético volaba, los utileros de El Nacional llevaron al vestuario visitante un juego de camisetas suplentes de su equipo para que los tucumanos salieran a la cancha vestidos de futbolistas.

   Casi al mismo momento, a alguien se le ocurrió pensar que la selección argentina Sub 20 estaba en Quito jugando el Sudamericano (de hecho anoche enfrentó a Brasil en ese mismo escenario) y que sería mejor vestir al equipo de Lavallén de celeste y blanco, con una camiseta muy parecida a la original, pero con el escudo de la AFA, una marca deportiva diferente y otros apellidos en las espaldas. Insólitamente, las imágenes de TV mostraban en el vestuario el buzo original del Laucha Lucchetti. Nadie supo explicar cómo fue que llegó hasta allí.

   El problema, además de los talles reducidos de las camisetas que pertenecen a juveniles, serían los botines. ¿Cómo saber el número de cada uno de los futbolistas para tenerles todo preparado? Finalmente se pudo. No se sabe muy bien cómo, pero se pudo.

   Atlético llegó al aeropuerto internacional Mariscal Sucre de Quito a las 21.30, 15 minutos después del horario original de comienzo del partido.

   En la pista lo esperaban 2 motos de la policía militar ecuatoriana, dos móviles con sus luces a pleno, un ómnibus para trasladarlos y el embajador Luis Juez, quien había gestionado el operativo de tránsito para que el viaje hasta el estadio Atahualpa fuera lo más rápido posible.

   Toda esa movida también tiene que ver con El Nacional. Porque es el equipo del ejército ecuatoriano y fue personal de esa fuerza militar el que se puso a disposición de la delegación argentina para acelerar el traslado.

   En el estadio, casi 3.000 tucumanos esperaban ansiosos, mientras los dirigentes del equipo ecuatoriano aseguraban que jugarían bajo protesta aunque al final del encuentro desestimarían la opción.

   Como si fuera un capricho del destino, después de las mil y una desprolijidades, a las 22.42, Atlético Tucumán fue Argentina.

   Barco se transformó en Leandro González, Zaracho en Barbona y el Rusito Ascacíbar en Leyes.

   La utilería llegó a tiempo para que los jugadores se vistieran de ellos mismos para el complemento, pero la Conmebol no los dejó. No quería más líos en la planilla que ya estaba llena de enmiendas.

   Después de un despliegue físico impresionante y un dominio sostenido, un cabezazo llovido de Zampedri, aunque en su espalda se leyera Martínez, a los 18 minutos del segundo tiempo, le dio la victoria al equipo de Lavallén, que defendió esa diferencia con uñas y dientes hasta el final.

   No fue un cuento, sino la crónica de una historia real que más allá de las desprolijidades por momentos hilarantes le permitió al fútbol nutrirse por un rato de una porción de aquel amateurismo que en su justa proporción lo hace el deporte más lindo del mundo.


Barranquilla, la próxima travesía
Atlético Tucumán dirimirá su acceso a la fase de grupos de la Copa Libertadores frente a Junior de Barranquilla. El primer partido se disputará en Colombia el jueves próximo a las 19.15 y la revancha el jueves 23 en Tucumán a la misma hora. Si el equipo de Lavallén logra sortear la eliminatoria, se instalará en el grupo 5 junto con Peñarol de Montevideo, Palmeiras de San Pablo y Wilstermann de Cochabamba. Para ello será imprescindible mejorar la logística.

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