Ovación
Domingo 30 de Abril de 2017

Clásico de hockey para unos pocos por el temor a la violencia

Newell's y Central se midieron en el Mundialista, que lució semivacío por miedo a la violencia

La frase es trillada, pero no por eso menos cierta: hay imágenes que valen más que mil palabras. Y ayer, el plano general del estadio Mundialista, semivacío y casi en silencio mientras 22 jugadoras disputaban la bocha en el sintético de agua, obliga por lo menos a la reflexión. Y a no decir mucho más. El mismo sitio, tantas veces latiendo al ritmo de Las Leonas o en definiciones del torneo local, ayer fue testigo de lo que debería ser otra fiesta, pero de manera insípida. Porque se jugó una de las fechas más esperadas del año por parte de las jugadoras de Newell's y Rosario Central (la otra es la que volverá a enfrentarlas, pero por la segunda ronda) que sólo pudo ser observada en vivo por algunos privilegiados, los miembros de las subcomisiones de cada club, y en el caso de Rosario Central, también por su presidente Raúl Broglia, junto al vice Luciano Cefaratti. Cinco partidos por la 7ª fecha del torneo de Litoral C a puertas cerradas por pedido expreso de los clubes, en cancha neutral.

La jornada en el Mundialista estuvo más que tranquila. Demasiado para lo que es el contexto habitual en los días de partido de hockey. Con un operativo de seguridad al mando de un par de patrulleros y otro móvil de la Guardia Urbana Municipal. Más algunos agentes de seguridad privada. Sin acceso para nadie, salvo los de la "lista de invitados" y algunos acreditados de prensa.

Estos partidos debían jugarse en Bella Vista. Pero Newell's argumentó que no podía garantizar la seguridad correspondiente para el lugar. Central escuchó, también la Asociación de Hockey del Litoral y la Municipalidad y el encuentro pasó al Mundialista. En la tribuna que el año pasado, en la final de Primera A, que fue colmada por hinchas de Atlético del Rosario y Gimnasia y Esgrima, conviviendo sin inconvenientes, esta vez sólo hubo "manchones". Pequeños grupitos de Newell's de un lado. Pequeños grupitos de Central en el otro. Las nenas, de Sub 14 en adelante, tratando de ponerle toda la energía necesaria para alentar a sus compañeras en campo, a su turno.

"Se teme por la agresividad", fue el argumento que se utilizó para jugar estos partidos a puertas cerradas. Apuntándole a los padres como peligros latentes de ese mal comportamiento. Por eso, ayer la única posibilidad que tenían las nenas a medida que terminaban sus partidos, era transmitir lo que les pasaba por celular. El resultado del partido esperado llegaba para la mayoría sólo vía WhatsApp. Las propias chicas, de las cuales también se puso en duda su comportamiento, lo vivieron de una manera muy tranquila, salvo en los finales de partido de cada categoría, cuando surgieron los cantitos del ganador. Lógico. El resto, aliento, con simpatía y hasta con inocencia. Desde el espíritu más amateur. Con algún que otro redoblante sonando tímidamente, tomando mates en la tribuna, comiendo tortas y galletitas, jugando a las cartas debajo de la estructura de cemento. Señales inequívocas de que el hockey no está enfermo como el fútbol, aunque se exagere en las medidas. O al menos parezca que se exagere.

La fecha 7, la del partido más esperado, se fue. Con un clásico visto por pocos. Para replantearse algunas cosas. Con sensatez.

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