Central
Lunes 25 de Septiembre de 2017

Central rindió mal y sacó un aplazo justo antes de Boca

El equipo de Paolo Montero no mejoró su producción y Banfield, con mucho orden y una gran contundencia, no lo perdonó. Un 4 a 0 lapidario en el Gigante que dejó huellas.

Una lección de pragmatismo, de contundencia, de espíritu de juego (sobre todo colectivo), de optimización de recursos. Una clase magistral de parte de un compacto Banfield a un endeble, cansino y previsible Central. Es cierto que el 2 a 0 con el que finalizó la primera etapa parecía exagerado, pero fue el prólogo de una historia en la que del lado canalla faltó rebeldía, enjundia e inteligencia para torcer el rumbo. Ni hablar del juego. Porque en ese punto, quizá el más importante, la deuda fue tan grande como el mismísimo Gigante.
   Las ambiciones estaban fuera de discusión. Nadie podía dudar del rol protagónico que intentaría asumir Central. Lo había expresado Montero a través de su decisión de repetir nombres pero básicamente esquema. Sólo que este Banfield no es Temperley. Y eso se sabía. Por eso el cachetazo fue duro, consistente.
   En ese cúmulo de buenas intenciones hubo muy pocas cosas importantes de Central en ofensiva. Una de ellas fue el tremendo zapatazo de Martínez (17') desde afuera del área que el arquero Altamirano alcanzó a tocar antes de que el balón rozara el travesano. Y un par minutitos después una arremetida de Ferrari por derecha que terminó con un centro poco eficaz. No más que eso.
   Banfield no era incisivo, pero parecía mucho más práctico que Central. Una practicidad de la que podía hacer gala por la apatía que mostraba el canalla en el retroceso, porque ni Colman por un lado ni Gil por el otro oficiaban de rueda de auxilio, siempre indispensable, para una defensa que, indefectiblemente, quedaba a expensas de la puntería y buena voluntad del Taladro. Fue por eso que Bettini tuvo toda la libertad del mundo para llegar a tres cuartos y buscar a Cvitanich, quien con una sutileza desairó a Leguizamón y sentenció al Ruso Rodríguez (20'). Pudo sonar injusto, pero el mazazo existió.
   El toqueteo canalla no cambió. Fue tan intrascendente como antes. Y el equipo no arrancaba. Ni futbolísticamente en cancha ni una mueca de esperanza en la tribuna. Todo era liviandad del medio hacia arriba y un tembladeral del medio hacia atrás. Partido liquidado luego de que Cvitanich nuevamente se luciera, esta vez en el penal, en lo que fue un error de Vigliano (ver aparte). Igual, fue otra foto en la que apareció Leguizamón.
   Hasta allí, las intenciones ya se habían hecho añicos en medio de una raquítica puesta en escena, que se mantuvo porque Montero consideró que no era necesario cambiar absolutamente nada. Y así le fue al equipo en el complemento.
   Banfield recostó todo su juego sobre la derecha de la defensa canalla, donde Leguizamón la pasó mal de verdad (los hinchas se lo hicieron saber) y por allí insistió y lastimó. Pero lo hizo sin que Central pudiera ni siquiera levantar la guardia. Mucho menos sacar una mano. A los 12' del complemento Cvitanich se sacó de encima con demasiada facilidad a un ya confundido y bloqueado Leguizamón y asistió a Mouche para que definiera. Y a los 33' Sperduti fue quien recibió por derecha en otra jugada que se había iniciado en el sector más débil de Central.
   ¿Del lado canalla qué? Absolutamente nada. Apenas la decisión de Montero de mandar a la cancha a los pibes (muchas más alternativas no había) para empezar a guardar fuerzas para el miércoles. Y fueron los más jóvenes los que intentaron, pero también de manera infructuosa, aunque para todos ellos hubo algún reconocimiento por parte de los hinchas.
   De mil maneras se pueden contar las penurias canallas. Alcanza con mencionar que a Banfield le sobraron casi 45 minutos para estrujar las buenas intenciones de un Central por momentos desmotivado, pero siempre incapacitado para marcar presencia, que es lo que la situación le requería.

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