Central
Lunes 22 de Mayo de 2017

Central goleó a Racing y armó un carnaval gigante con su hinchada

Central le obsequió un gran triunfo a sus hinchas, quienes prolongaron el festejo de la victoria en el clásico.

"Carnaval... carnaval". Cantó el hincha canalla reviviendo la alegría de una semana atrás, esa gran alegría. El motivo principal de llenar el Gigante. Esa celebración en comunidad, en casa, la que disfrutó durante siete días en todas las redes sociales tan de moda, en el barrio, en todos lados, con ese dulce sabor que aporta ganar el clásico. Sin dudas, más trascendente que el partido en sí, que el nuevo triunfo, que el 4-1 espectacular, que la confirmación de sentirse con el pasaje reservado, como mínimo, para la Copa Sudamericana. Ojo, nadie dice que esto último no sea importante. Pero el día después todavía tiene el gusto al anterior, sobre todo cuando el día de este Central de hoy fue de 170 horas de locura posclásica. "En el barrio de Arroyito hay una banda loca y descontrolada...", cantó la Academia rosarina antes de los noventa y pico que se jugaron frente a la Academia racinguista. Ese entusiasmo con el que contagió al equipo para que en el juego tome vuelo pronto hacia el arco rival para que fuera una fiesta con triunfo que permitiera seguir con la sonrisa ancha por toda la ciudad.

"Uhhhh", exclamaron todos cuando el zurdazo de Pinola le sacó chispas al travesaño del arco donde estaba organizada la parte explosiva de la fiesta, esa por la que se postergó unos minutos el inicio. La que cubrió de brillo, estruendo y pasión la popular y la platea baja del río. Una coordinada y atrapante escenografía preparada por la dirigencia auriazul, tal vez a instancia de los hinchas, pero con el visto bueno para diagramarla y disfrutarla. Color, sólo color, mientras sea del bueno. Es que al hincha le gusta el espectáculo que rodea al juego. Y al de Central ni hablar. Sabe cómo hacerlo y lo disfruta. Se prepara. Lo inventa.

Imposible que fuera casualidad que tras el grito de gol de Teo Gutiérrez, de ese 1-0 que él festejó poco respetando su paso por Racing, que a Central le daba la ventaja para jugar más tranquilo en busca de los importantes tres puntos, una nueva demostración de inventiva (en parte agraviante, tal vez criticable, seguro armada en complicidad) partió de la platea baja del río. Cayeron como 50 bebés de juguete con camisetas rojinegras para hacer referencia a que Central lo tiene de hijo a Newell's.

Y hasta la voz del estadio habló del tema al pedir con todas las letras que no se mostrara una bandera en referencia a esa paternidad en resultados clásicos. No fue todo bueno, porque Musto salió lesionado a los 40' y es muy probable que se pierda el partido con River, el próximo. Pero igual el cierre de la etapa también fue canalla. Si Camacho le dio de afuera y esta vez el palo izquierdo dijo no.

Otra mala, pronto resuelta, y por el mismo protagonista hizo que el partido en sí tuviera emociones. Burgos se mandó una de esas que lo hicieron perder en su momento el puesto, en el penalazo a Lisandro López que el racinguista transformó en el 1-1 parcial. Pero el mismo defensor auriazul al que nadie parecía tenerle fe, la peleó arriba y le dio de abajo con un derechazo de volea para el 2-1 que desató otro grito festivo. Y desde ahí fue todo auriazul, como para que la fiesta fuera completa. Tanto que terminó con ese 4 a 1 casi impensado.

En el medio hubo un poco de todo, una bicicleta de Teo a los 57' terminada a la tribuna. Un rebote que Ruben no pudo traducir en gol pero a que nadie le importó porque ya la había mandado a guardar en el clásico y porque al toque llegó el cabezazo limpito de Camacho (el máximo artillero canalla en el torneo, con 8) que se coló en el ángulo derecho de Orion para el 3-1 que recordó al resultado del clásico y por eso la tribuna explotó con otro cantito al ritmo de "vamo' la Academia, vamo' a ganar". Que se repitió tras el 4-1 final con gran toquecito de un Teo que jugó a gusto, divertido y efectivo, para que Colman corriera y asistiera al pibe Lovera, autor del grito final.

El de una victoria posclásica que se repitió por tercera vez en los últimos 35 años. La que decoró una gran noche canalla. La de una fiesta que sus hinchas fueron a vivir con una sonrisa gigante, esa que no se le borrará de la cara y que mostrara esa alegría tan genial que brinda este fútbol.

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