Central
Lunes 11 de Septiembre de 2017

Central desaprovechó el banquete que tenía servido

En el estreno ante su gente, no pudo con un San Lorenzo alternativo y jugando más de un tiempo con un hombre más.

No siempre a un equipo se le va a presentar la oportunidad que lo inviten a un banquete, que le armen la mejor mesa y que le preparen un menú apetitoso. Eso le hicieron ayer a Central. Pero el equipo de Paolo Montero faltó a la cita. Todo lo que tenía a mano para degustar lo hizo a un costado. Despreció la gala o, en el mejor de los casos, no supo qué utensilios tomar para comer lo que había a mano. Eso hizo que la presentación en el torneo ante su gente, cuando debía pegar un grito y marcar presencia fuera un fiasco. No hay forma de racionalizar la bulímica puesta en escena por parte de un equipo canalla al que las expectativas le pegaron un pechazo y lo sacaron del camino.

A cada paso suelen aparecer indicadores de todo tipo. Cuando las cosas salen de acuerdo a lo previsto y también cuando se presentan situaciones que marchan a contramano de las expectativas. Para Central lo de ayer en el Gigante fue un retroceso pese a que el entrenador no lo haya racionalizado de esa manera. Con los nervios más a flor de piel que el fútbol que se esperaba podía dar, el salto de calidad jamás llegó. La reprobación, pequeña pero reprobación al fin, tras el pitazo final expuso la cruda realidad.

Difícilmente pueda tomarse como un exceso de confianza el hecho de que San Lorenzo llegara al Gigante con un equipo más alternativo que titular y con la cabeza puesta más en el partido de Copa Libertadores del próximo miércoles que en el de ayer. Este equipo no es de confiarse, mucho menos de subestimar. Pero su escaso fútbol lo puso en esos parámetros de análisis. Y lo expuso futbolísticamente, con ataduras llamativas.

La figura de ese banquete al que invitaron a Central no es una idea traída de los pelos. A cualquier entrenador y grupo de jugadores si les dicen de enfrentar a un equipo titular o a uno alternativo la respuesta es lógica (más allá de las declaraciones de ocasión, que nunca están de más resaltarlas, sobre que no hay motivos para confiarse), siempre se preferirá medirse con un rival disminuido. Y ante una nueva consulta (imaginaria por cierto) sobre la preferencia de terminar once contra once o que al contrario le expulsen un jugador en el primer tiempo (Salazar vio la roja a los 42' de la primera etapa) la obviedad nuevamente dirá presente. Ese es el contexto que potencia la idea que Central tuvo todo para guapearla, ser amo y señor del partido y lograr el cometido.

Hay una pequeña parte de ese libreto que se cumplió: el de manejar el juego durante la mayor cantidad de tiempo. Pero otros aspectos, como la falta de juego (ver página 5), que a esta altura ya se repite, cargan la balanza para el lado de las pálidas.

Si una historia como la que se dio ayer se hubiera escrito fuera de Arroyito, el espíritu crítico debiera ser el mismo, pero en ese juicio de valores futbolísticos el agravante que la liviandad haya tenido como escenario el Gigante no es material de descarte. Porque después de algunos buenos indicios en el inicio del semestre, que incluyó Superliga y Copa Argentina, la presentación de local era algo que tenía peso propio. Trazo en rojo también en ese punto de evaluación.

Es demasiado corto el camino recorrido como para que las sentencias amaguen con algún atisbo de contundencia. Pero con cada inversión millonaria que haya en el medio las exigencias siempre harán de las suyas. Desde ese costado la cosecha de dos puntos sobre seis posible suena a poco.

Pero hoy los números son lo menos preocupantes, más allá de que se trate de una consecuencia de esa falta de fútbol que sí es claramente palpable. O consecuencia también de esa rebeldía que al equipo le faltó para plantarse con la firmeza que el caso ameritaba.

Pese a ser el anfitrión, San Lorenzo invitó a Central a una velada de la que era imposible retirarse con una mueca de fastidio o desilusión. Estaba todo armado para el disfrute. Pero ni la mejor vajilla ni el sabroso menú elegido para la ocasión lo convencieron para degustar el banquete que le presentaron. Lo desechó por completo.

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