Central
Domingo 18 de Junio de 2017

Central debe recuperar la imagen para llegar al objetivo de la Copa Sudamericana

Central está obligado a ordenarse emocional y futbolísticamente para de esa forma entregar la muestra de carácter necesaria para encarar los dos partidos que restan

A dos fechas del final hay un claro camino al objetivo. Tal vez a lo que Central debiera hacerle algunos retoques es a la hoja de ruta que debe utilizar para llegar a ese destino llamado Copa Sudamericana. Si hasta aquí se mantuvo con enormes chances fue por mérito propio, pero también debido a la buena manito que fueron dando sus rivales directos (hoy deberá esperar que Defensa y Justicia no gane). Pero más allá de los números, que importan y mucho, hay una forma que pulir, que mejorar o, en todo caso, que recuperar. Las dos fechas que faltan expondrán un tono claro u oscuro. Será clasificación o no, satisfacción por haber logrado el objetivo propuesto a principio de año o simplemente conformismo por una remontada que no para muchos pintaba segura.

Parece hasta una situación injusta que el escenario esté planteado de esa forma. Pero es la única forma de analizarlo. Hay un lugar de cierto privilegio y no hay otra forma de abordarlo que no sea desde la propia defensa del mismo.

En la semana previa al partido con Banfield, Montero habló acerca del grado de importancia que se le suele entregar a los puntos que se debían sacar y su relación en cuanto a las formas que mejor podían conducir a eso. Y hoy está claro que el equipo necesita dar un paso en firme en ese sentido. Ese paso no sólo contempla lo que es el caudal futbolístico. También involucra la sabiduría, individual y colectiva, para saber manejar situaciones en las que las adversidades suelen ganar terreno. No fue algo de lo que pudo hacer gala en viernes por la noche en el Florencio Sola.

Es un hecho que hubo un error del árbitro Darío Herrera a la hora de expulsar a Pinola (a instancias de su primer asistente Ezequiel Brailovsky), pero el defensor canalla aportó algún motivo (por lo ampuloso del gesto). Y de ese error del árbitro se hizo eco todo un equipo que entró en estado de ebullición, con un comportamiento que para nada tenía que ver con la calma que se debía tener en un momento complicado.

El resultado prácticamente se deja de lado porque lo que ocurrió después de eso fue un intento de la heroica, que finalmente no resultó. Ahora, para un equipo que se había acostumbrado a ganar, pasar un tiempo sin lograrlo también puede desenfocar. Y ahí se encuentra otro de los argumentos por los cuales el mérito propio encuentra las palmadas cómplices de los rivales directos.

Quizá sirva como dato meramente estadístico, pero Central sacó dos puntos de los últimos nueve que disputó. Es cierto que cada partido tuvo sus condimentos, que las historias fueron diferentes y que resulta difícil encontrar un hilo conductor que roce esos tres partidos. Pero la realidad es inmodificable.

Y si hasta aquí Montero se topó con algunos contratiempos que le marcaron el terreno (la ausencia de Ruben en las últimas tres fechas es claramente uno de ellos), en el sprint final tampoco podrá despojarse de ello. Para Talleres pierde a Javier Pinola (si le dan más de una fecha tampoco jugará en San Juan) y a Washington Camacho.

¿Qué hará esto, más el hecho de llegar con el desánimo lógico por haber sufrido una derrota? Obligar a una levantada emocional, pero sobre todo futbolística. La primera de ellas suele ser siempre un poco más sencilla de resolver. La otra no tanto. Tampoco es que el equipo de Montero se haya olvidado de jugar ni mucho menos. De hecho lo hizo bien en el Monumental, mereció ganarle a Colón y contra Banfield aguantó con mucha dignidad, pero los tiempos son cada vez más cortos y el margen de error muy pequeño.

"Estos tres últimos partidos pueden hacer desaparecer todo lo bueno que hicimos durante cinco meses", dijo Montero en la previa de Banfield. En esas palabras queda amarrada la muestra de carácter que se impone en esos últimos dos partidos, que son los que dictarán sentencia respecto de la fortaleza emocional pero sobre todo futbolística para ponerle freno al despiste y poner la nave nuevamente en el camino correcto.

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