Ovación
Martes 21 de Marzo de 2017

Carla Rebecchi: "Si pude dar el ejemplo y transmitir valores, estoy contenta"

A un mes y medio de haber comunicado el retiro, la última capitana de Las Leonas le concedió un mano a mano a Ovación en su club, Ciudad de Buenos Aires.

Son cerca de las ocho de la noche de un viernes agitado en Buenos Aires. En unos minutos Carla Rebecchi, ex capitana y goleadora de Las Leonas, llegará al Club Ciudad de Buenos Aires para la entrevista con Ovación. Pero antes llama por teléfono y propone que el encuentro será mejor por avenida Del Libertador, porque no avisó en la portería que llevará "visitas" y entrando en el mismo auto se evitarán "demoras". Como Ciudad, en Núñez, es algo así como su segunda casa, la idea es buena para agilizar el ingreso. Cumple a rajatabla el tiempo calculado y el ingreso al club es en el auto de Carla. En la portería le piden el carné de socia. No lo lleva encima. Entonces recita de memoria el número.

–Lo siento, señorita, sin el carné no puede entrar–, le dice el encargado.

–Pero vengo todos los días y nunca me lo piden–, replica la jugadora.

–Lo lamento, es la nueva disposición. Si no, no sabemos quién entra y quién sale.

–Entiendo, pero no tengo el carné encima, mi número es tal–, insiste Carla y el tipo la mira con cara rara. Hasta que la señora que está pegada a la computadora le hace señas para que la deje pasar después de que el diálogo se repita tres veces. Pasa. Porque la señora pidió que hoy la dejen ingresar sin carné.

–La próxima vez tráelo–, le avisa.

–Bueno, gracias–, asiente Rebecchi y sube la ventanilla mientras se dirige a estacionar el auto cerca del bar en el que se hará la nota. Nunca, mientras duró el inconveniente, dijo su nombre. Hoy probablemente ella sea el mayor emblema y orgullo en Muni. No la reconocieron en la puerta pero la ex capitana de Las Leonas no chapeó ni loca.

–Perdón, te juro que en mi vida me pidieron el carné–, se disculpa. Eso siempre fue Carla Rebecchi. Una persona respetuosa por sobre todas las cosas, que además durante 14 años vistió la camiseta del seleccionado de manera ejemplar. Corrida todo el tiempo del lugar de protagonista. Aunque su andar en la cancha la haya obligado a tener que pararse debajo de las luces en más de una oportunidad.

Hace ya un mes y medio decidiste dejar a Las Leonas. Contaste que un día te levantaste y sentiste que eso era lo que tenías que hacer. ¿Cómo fue entonces el día después al que enviaste ese comunicado que sorprendió a tanta gente? ¿Fue fácil apretar el "enter" y saber que se disparaba por las redes?

Fue real, me desperté y dije: "Creo que ya está". Quizás internamente venía haciendo un proceso sin darme cuenta. El momento más difícil fue el de la comunicación, no la decisión. Ir al Cenard, hablar con las chicas, decirles que no seguía... Más allá de que me había juntado con Gaby (Minadeo, el entrenador) unos días antes y con algunas de las jugadoras más grandes. El momento de tocar "enter", de mandar el comunicado, era el momento en el que sabía que no había vuelta atrás. El día después fue raro, de emociones encontradas, por un lado estaba contenta porque estaba tranquila con la decisión, pero también era dejar toda una forma de vida, hacer un cambio importante. Hoy estoy feliz, segura.

¿Vos escribiste el comunicado? ¿Querías hacerlo sola o consultaste a alguien cercano?

Lo escribí desde lo que sentía, desde el corazón. Y creo que cuando uno pone lo que siente y lo que es, que no sé si está bien o mal, se trata simplemente de eso. Se lo mostré a Jorge (Lombi, su marido), le pareció bien. Lo había preparado unos días antes.

¿Cómo es ese clic por el que dijiste "hasta acá llegué"?

No es que no tenía ganas de entrenar. Pasó más por cuestiones personales, por querer hacer otras cosas en mi vida, como formar familia, que es algo que venía postergando. Vino muy por ese lado, no tanto por las cargas. Obviamente una con los años está más desgastada y quizás en el verano no me sentía como en otros, estaba distinta, no sentía la misma motivación, las mismas ganas, porque obviamente algo me estaba pasando. Pero no me ocurrió eso de no tener ganas de entrenar, a mí me gusta, soy muy hiperkinética (ríe) y me va a gustar siempre.

Seguís jugando en tu club, en Ciudad, que está en la esquina del Cenard, prácticamente es la casa de Las Leonas. ¿Algunos de estos días en los que pasaste pensaste algo?

Por ahora no, es muy reciente. Incluso ahora cuando fueron los partidos con Nueva Zelanda (febrero) en el Cenard fui a ver a las chicas y la gente afuera me preguntaba si no tenía ganas de estar, si extrañaba. Y la verdad es que por ahora no. Sé que voy a extrañar y que obviamente voy a tener ganas de estar cuando lleguen las giras, los viajes, los torneos. Es parte del proceso y es normal.

¿En algún momento se te complicó tomar la decisión teniendo en cuenta todo lo que perdían Las Leonas con tu retiro?

No lo pensé por ese lado, más que nada fue muy de pensar en lo que sentía y en lo que necesitaba como persona. Obviamente, era la capitana y también después, cuando pasaron unos días del anuncio, pensaba en el lugar que estaba dejando, era de las jugadoras más grandes, de la que quizás más años había vivido con Las Leonas históricas. Me enseñaron y me transmitieron un montón de valores y de cosas. Así que también por eso, en los años en los que me tocó estar traté de transmitirles eso a las chicas, lo que a mí me enseñaron las más grandes.

¿Cómo fue el año y medio en el que fuiste capitana? ¿Era lo que esperabas? ¿Lo disfrutaste o te desgastó?

Cuando me llegó tenía cierta experiencia, muchos años en la selección, traté de estar tranquila, de que no fuera ninguna presión ni carga, porque si no te termina jugando en contra adentro de la cancha y lo que a mí me gusta hacer está justamente adentro de la cancha. No quería que me afectara en esa parte. Pero en mi cabeza siempre hubo tranquilidad, traté de hacer lo que siempre creía mejor y la verdad es que lo disfruté un montón.

¿Qué simbolizó llevar la cinta en esa pierna derecha?

Fue algo increíble, que nunca me imaginé. Cuando empecé mi carrera pensé en principio en jugar en la selección, después en mantenerme, después en ser titular... Lo que van pensando todas. Nunca había imaginado llegar a ser capitana. Sucedió y fue quizás un premio a tantos años de esfuerzo. Un orgullo.

Y la llevaste nada menos que en los Juegos Olímpicos...

Haber llevado la cinta de capitana en unos Juegos Olímpicos fue único. Fue un orgullo, como para mí siempre fue ponerme la celeste y blanca y salir campeona con este equipo.

Después de anunciar tu retiro de Las Leonas, compañeras de todas las épocas subieron mensajes, fotos a las redes, dedicatorias muy sentidas. Incluso muchas de las históricas fueron al partido de despedida en el Cenard (uno de esos amistosos con Nueva Zelanda). ¿Qué te generó todo eso cuando lo pudiste ver con un poco más de tranquilidad?

Mucha felicidad, recibir todo ese cariño y todos esos mensajes fue más de lo que uno espera. Siempre traté de dar lo mejor de mí y siempre fui muy pasional, algo que la mayoría destacó, y sinceramente estoy muy contenta por todo lo que recibí. De las chicas y del resto de la gente. Sinceramente fue muchísimo.

Los demás ya dijeron lo que les dejaste, ¿pero cuál creés que fue tu legado?

(Se emociona, de toma unos instantes para pensar) Intenté dejar esto que tantos dicen y que me gustaría que sea por lo que me reconozcan. El hecho de que era todo por la camiseta. Todo en cada entrenamiento. No existe de otra forma y no lo concibo de otra manera que no sea dar el 100% siempre y creo que como uno entrena es cómo juega después. Siempre me exigí al máximo y di todo en cada entrenamiento. Si pude marcar ese ejemplo de lo que es realmente el esfuerzo, el sacrificio, estoy contenta. Y también si pude transmitir esos valores que son importantes en un equipo, los que me transmitieron a mí.

Siempre se habló de vos por tu juego, por tus goles, pero también fuiste protagonista de una situación poco grata, más extradeportiva. Después del Mundial de Holanda fuiste una de las cinco que renunciaron para marcar diferencias con la dirigencia encabezada por Aníbal Fernández. Aunque volviste enseguida. ¿Te arrepentiste de eso?

Arrepentirme no, porque creo que en ese momento hice lo que creí que era correcto de acuerdo a mis convicciones. Hoy no me arrepiendo, sí tal vez pienso que se pudieron hacer las cosas distinto. Se dio de esa manera y es parte de lo que soy yo, fiel a mis principios y mis valores.

¿Ser Leona supone una responsabilidad especial?

Sí. Es una gran responsabilidad porque cuando te ponés la camiseta estás representando a tu país, a un montón de gente, y ya con eso implica una responsabilidad. Y no lo digo sólo por la parte deportiva. Cuando vas afuera el buen comportamiento habla de nuestro país, de nuestra gente, de cómo somos los argentinos.

En el partido despedida que te hicieron en el Cenard, Minadeo te sacó para la ovación y el saludo con el público. Pero te fuiste rápido, agachaste la cabeza, te metiste en el banco, ¿no querías ver nada? ¿Qué pasó?

(Se empieza a reír antes de que termine la pregunta) Noooo. ¡No sé, salí corriendo!¡Soy tímida! Me dio verguenza y me metí ahí abajo.

Siempre buscarte salirte del lugar de protagonismo, pero ese era tu partido...

Igual. Me cuesta, siempre me costó. Hoy quizás después de tantos años uno se va acostumbrando a ciertas cosas, pero me acuerdo que al principio no podía ni hablar en una nota porque me era muy vergonzosa. Vino por ahí, siempre fui un poco introvertida.

Te vas por prioridades personales, como ser mamá. ¿Qué vas a contarles a tus hijos de lo que fuiste como jugadora?

Tengo un montón de cosas guardadas que van a poder ver en cualquier momento, muchas anécdotas y cosas lindas que viví. Poder contarles eso, lo que disfruté, algún partido en especial, esas cosas van a ser las que si les interesa el deporte, les van a gustar. Si no habrá que ir por otra cosa.

¿Del legado que dejaste no vas a contarles nada?

   Nada. Se lo contará Jorge o se lo contará alguien por ahí (risas).

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